Los activos brasileños tras la victoria de Lula se desploman: Santander y BBVA, contra las cuerdas

Brasil es el primer mercado por beneficio de Santander y una pieza relevante en las cuentas de BBVA. Los analistas vigilan ahora la composición del equipo económico del nuevo Gobierno y el ritmo de recortes de la Selic.

Los activos brasileños abren la semana en rojo y el real cede posiciones en el mercado offshore. La victoria de Lula en la segunda vuelta, conocida en la noche del domingo, ha bastado para que los operadores rebajen riesgo antes de que el Ibovespa marque su primer precio. Los primeros en notarlo no serán los fondos locales. Serán Santander y BBVA, los dos bancos españoles con mayor exposición al país.

Futuros en rojo y un real que ya cotiza la prima de riesgo

La reacción no se está midiendo en ideología, sino en diferenciales. Según Bloomberg Línea, los inversores anticipan una jornada de pérdidas en la bolsa brasileña y presión sobre la divisa. El diagnóstico de Reuters apunta en la misma dirección: el mercado había cargado posiciones para otro escenario y ahora toca deshacerlas.

Publicidad

El movimiento tiene una lógica sencilla. Brasil sigue siendo una de las plazas más caras del mundo para financiarse, y la deuda pública, el coste de los intereses y la política comercial son los tres frentes que esperan al próximo Gobierno. Con ese cuadro, cualquier sorpresa en las urnas se traduce en venta de activos locales y en compra de coberturas.

Las cifras exactas se conocerán a lo largo de la sesión; la dirección, en cambio, ya está fijada. El real brasileño, que ha funcionado durante meses como moneda de referencia para las operaciones de carry trade en América Latina, pierde atractivo cuando el mercado exige más prima por el riesgo fiscal. Y el Ibovespa, con una composición muy financiera y muy ligada a las materias primas, amplifica ese movimiento en las dos direcciones.

No es la primera vez. En 2002, la primera victoria de Lula hundió los activos brasileños hasta niveles que hoy cuesta recordar. Meses después, cuando el PT firmó la Carta al Pueblo Brasileño y nombró un equipo económico ortodoxo, la bolsa firmó uno de los mejores tramos de su historia reciente.

El mercado no vota: cotiza lo que cree que el próximo Gobierno será capaz de sostener cuando la fiesta fiscal se acabe.

La pregunta que sobrevuela la sesión no es si habrá corrección, sino de qué tamaño. Un desplome ordenado se digiere en dos semanas. Una salida desordenada de posiciones obliga a los bancos a cubrirse y eso, en un mercado con poca profundidad en las horas previas a la apertura, multiplica el ruido.

Santander, BBVA y el beneficio que llega desde São Paulo

Brasil es, desde hace años, el primer mercado por beneficio del grupo Santander. No el más grande por volumen de negocio ni el más antiguo, pero sí el que más aporta a la cuenta consolidada. Santander Brasil cotiza en la B3 de São Paulo y en Nueva York, y su primera línea responde ante los accionistas de la filial tanto como ante los de la matriz. Cualquier revisión a la baja del crecimiento brasileño se cuela en las estimaciones de beneficio por acción del banco que preside Ana Botín en cuestión de horas.

En BBVA la jerarquía es otra. México es su primer mercado y lo seguirá siendo, pero Brasil —donde opera con una franquicia más pequeña y sesgada hacia empresas y banca de inversión— ofrece algo que escasea en Europa: crédito creciendo por encima del PIB nominal. Cuando ese diferencial se pone en duda, el múltiplo lo nota antes que el balance.

Ninguno de los dos va a salir a dar explicaciones por la sesión de hoy. Pero en las conferencias de resultados de los últimos trimestres, la evolución del crédito brasileño y la calidad de la cartera han sido dos de las preguntas más repetidas por los analistas. Brasil es, para ambos, el mercado donde el coste del riesgo se mueve con más amplitud.

Santander Brasil

El problema no es quién gobierna, sino el déficit que hereda

Conviene ser preciso, porque el relato fácil sobra. El experto en América Latina Rogelio Núñez lo resumía así en La Razón: ‘Gane Lula o Bolsonaro, Brasil tendrá que aplicar un ajuste fiscal muy duro’. La diferencia no está en la necesidad del ajuste, sino en la velocidad y el método con el que se ejecute.

La aritmética es tozuda. Con un gasto público rígido, un tipo de interés real alto, y una carga de intereses que no deja de crecer, el margen del Ejecutivo se reduce a elegir qué recorta y a quién le promete que no tocará. El mercado lo descuenta antes de que lleguen los anuncios. También por eso las primeras caídas suelen exagerar: quien necesita vender rápido acepta el peor precio del día.

Hay una contradicción que merece la pena tener presente. Brasil es hoy una economía con instituciones razonablemente sólidas, un banco central que ha demostrado ortodoxia y un sistema financiero bien capitalizado. Eso debería amortiguar el ruido electoral. Lo que realmente pesa es la trayectoria de la deuda, y esa no la arregla una elección: la alarga o la acorta.

Para Santander y BBVA, la traducción a euros es directa. Si el real se deprecia y el crecimiento se enfría, el beneficio de la filial brasileña vale menos al consolidarse. El impacto no llega de golpe a la cuenta de resultados, pero sí a la valoración, que es donde se cobra la prima de riesgo.

Los hitos a vigilar son concretos. La próxima reunión del Copom, prevista para diciembre, dirá hasta dónde está dispuesto a llegar el banco central con la Selic. Después, la composición del equipo económico del nuevo Gobierno, que toma posesión el 1 de enero de 2027. Y, por encima de todo, el nombre del ministro de Hacienda: en Brasil, ese apellido mueve más que cualquier discurso de investidura.


Publicidad