Portugal desvela esta semana el comprador de TAP: Air France-KLM y Lufthansa se juegan Iberia

Parpública quiere superar los 1.200 millones ofrecidos y el Consejo de Ministros tiene la última palabra. Una TAP en manos de Air France-KLM o Lufthansa reordenaría las alianzas y presionaría el hub de Barajas.

La venta de TAP entra en su semana decisiva. Parpública, la sociedad estatal portuguesa que ha pilotado el proceso, ha elevado al Consejo de Ministros la elección del comprador entre Air France-KLM y Lufthansa, y ambas aerolíneas dan por hecho que habrá resolución en los próximos días.

La ley portuguesa permite al Gobierno tomarse el tiempo que quiera, pero la decisión se ha filtrado a los dos candidatos. Así lo dejó caer Ben Smith, consejero delegado de Air France-KLM, en una reunión de aerolíneas en Bruselas: ‘Estamos esperando una decisión que se debe conocer esta semana entrante’. Su homólogo en el grupo alemán, Carsten Spohr, confirmó el calendario. Ninguno quiso desvelar la cuantía de su oferta final.

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El proceso arrancó con ofertas indicativas y ha culminado con pujas en firme. Parpública aspira a superar los 1.200 millones de euros que, según las filtraciones, han puesto encima de la mesa los aspirantes. Portugal no quiere malvender su aerolínea de bandera, cuyo centro de conexiones en el aeropuerto Humberto Delgado de Lisboa es la puerta natural de entrada a Europa desde Brasil y el Atlántico Sur.

De la oferta indicativa a la firme: qué se decide esta semana en Lisboa

Air France-KLM y Lufthansa no pujan solo por una aerolínea. Pujan por el control del flanco occidental del continente. El grupo franco-holandés ha jugado fuerte y ha desplegado la influencia del presidente francés, Emmanuel Macron, en una operación con evidente carga política. Lufthansa no se ha quedado atrás: promete una gran inversión en mantenimiento de aviones en Portugal, un cebo industrial pensado para seducir a Lisboa más allá del precio.

La puja se libra, eso sí, bajo la sombra de una infraestructura al límite. Michael O’Leary, consejero delegado de Ryanair, aprovechó la misma cita para cargar contra la gestión portuguesa: sostiene que el caos del aeropuerto de Lisboa se corrige con pequeñas inversiones, sin necesidad de un recinto nuevo, y recordó que su compañía querría operar más slots —los derechos horarios para despegar y aterrizar— que hoy no están disponibles.

Quien se quede con TAP no compra una aerolínea: compra un hub en Lisboa y una posición de fuerza en el corredor entre Europa y Sudamérica.

Lufthansa parte con ventaja dentro de casa. TAP pertenece a Star Alliance, la misma alianza que el grupo alemán, de modo que la integración sería una consolidación natural. Si vence Air France-KLM, la aerolínea portuguesa tendría que abandonar Star y alinearse con SkyTeam, un movimiento que reorganizaría el mapa de alianzas de toda la península.

Por qué el resultado mueve el tablero ibérico y pone a prueba a IAG

La operación se sigue con lupa desde Madrid. IAG, el holding que agrupa a Iberia, Vueling, British Airways y Aer Lingus, es el actor dominante del mercado español y tiene en Barajas su gran centro de conexiones. Un TAP respaldado por Air France-KLM o por Lufthansa amenaza ese terreno: competiría por los mismos pasajeros del corredor Lisboa-Madrid-Barcelona y, sobre todo, por el tráfico del Atlántico Sur, donde Lisboa ya es una escala formidable para volar a Brasil, Angola, o Mozambique.

A eso se suma el frente del hub. Lisboa lleva años discutiendo la ampliación de su aeropuerto, con el proyecto de Alcochete como solución de largo plazo. El comprador de TAP heredará ese debate y tendrá que decidir cuánta capacidad está dispuesto a financiar para que el centro de conexiones del que se hace cargo compita de tú a tú con Barajas.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El impacto llegará al bolsillo del viajero con retraso, pero llegará. Una TAP en manos de un nuevo dueño tenderá a coordinar horarios, tarifas y programas de fidelización con su matriz, lo que reordenará las conexiones entre España y Portugal y redefinirá los precios hacia Sudamérica. Quien hoy vuela a São Paulo o a Río con escala en Lisboa notará el efecto a medio plazo.

La zona cero es Lisboa. El aeropuerto Humberto Delgado es el activo que compra el vencedor, y también su mayor problema. Madrid-Barajas es el segundo escenario, porque compite por el mismo tráfico latinoamericano y verá moverse a un rival con músculo financiero renovado. El dato que resume el pulso es el precio: Portugal quiere más de 1.200 millones de euros, una cifra que ningún candidato ha confirmado en público.

Conviene mirar atrás. La privatización de TAP se ha intentado ya otras veces sin éxito: Gobiernos anteriores echaron marcha atrás por presión política y social, y solo tras el rescate de la pandemia el Estado portugués se quedó con casi todo el capital. Que ahora haya dos ofertas en firme demuestra que la venta, esta vez, va en serio.

El desenlace debería conocerse en los próximos días, con el Consejo de Ministros portugués como último filtro. A partir de ahí arrancará la negociación fina de condiciones, garantías de empleo y compromisos en el hub lisboeta. La partida por el control de la aviación ibérica no termina: solo cambia de manos el primer movimiento.


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