Wall Street toca máximos históricos: el S&P 500 y el Nasdaq se disparan con las tecnológicas

El rally de los máximos históricos se sostiene sobre muy pocas tecnológicas mientras el bono del Tesoro cede. La concentración en un solo nombre es el punto débil del récord.

Wall Street vuelve a marcar máximos históricos con el S&P 500 y el Nasdaq Composite en zona de récord. El tirón de las grandes tecnológicas sostiene el rally mientras el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense se relaja y devuelve algo de aire a las valoraciones. El mercado celebra su particular Uptober con la sensación de que la fiesta continúa, aunque la concentración empieza a inquietar a más de un gestor.

La sesión dejó una fotografía reconocible: los índices suben, el bono cede y el dinero vuelve a buscar riesgo. No es la primera vez este año que se repite ese cóctel, y no será la última mientras la Reserva Federal mantenga el tono que el mercado espera. Lo llamativo, eso sí, es que el avance se apoya en muy pocas manos.

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El S&P 500 y el Nasdaq cierran en récord con las tecnológicas como único motor

Los máximos históricos del S&P 500 y del Nasdaq Composite llegaron de la mano de un grupo reducido de compañías tecnológicas. El Nasdaq, más expuesto a este tipo de valores, fue el que mejor se comportó y confirmó un cierre en zona de récord, tal y como recogen las crónicas de mercado de esta jornada. El S&P 500, mucho más diversificado, firmó la misma gesta pero con menos margen.

El otro protagonista fue el bono del Tesoro. La caída de su rendimiento —recuerda que el precio y el interés se mueven en direcciones opuestas— funcionó como permiso tácito para que los inversores volvieran a comprar acciones. Menos rentabilidad en la deuda significa más argumentos para asumir riesgo en bolsa. Es una relación casi mecánica que se repite cada vez que los datos macroeconómicos bajan del pedestal.

Estos máximos, además, se producen con la deuda pública todavía en niveles elevados. Los inversores, según recogen varios análisis, han decidido aparcar esas dudas y volver a mirar hacia arriba. Que lo hagan con los bonos cediendo no es casualidad: el mercado necesita ese viento de cola para sostener las valoraciones actuales.

Nvidia, la única de las Siete Magníficas que sigue el ritmo del mercado

Aquí aparece el nombre que lo explica casi todo: Nvidia. Según las crónicas de la sesión, la compañía es la única de las conocidas como Siete Magníficas que sigue el ritmo de los índices. El resto, las grandes tecnológicas que durante meses tiraron del carro, se ha quedado rezagado en esta fase. La concentración del rally en un solo nombre es un dato que los analistas miran con lupa.

Un índice que sube empujado por una sola compañía deja de medir la economía y empieza a medir una apuesta.

Las Siete Magníficas son ese club formado por las mayores tecnológicas cotizadas —Nvidia entre ellas— que lleva años dominando el peso de los índices estadounidenses. Cuando solo una aguanta el tipo, la lógica de la diversificación se resquebraja. El S&P 500 sube, sí, pero lo hace sostenido por una base cada vez más estrecha.

Nasdaq récord

Algunas crónicas añadieron otro nombre a la ecuación: SpaceX. Su peso en el ánimo del mercado recuerda que el apetito por las historias de crecimiento de largo recorrido sigue intacto. El inversor compra futuro, no pasado, y eso beneficia a quien promete un proyecto industrial a diez años.

La trampa de la perfección: cuando el mercado descuenta que nada puede salir mal

He visto este patrón demasiadas veces como para ignorarlo. Cuando Wall Street encadena máximos con una base tan estrecha, el problema no es que el mercado esté equivocado, sino que ya ha descontado que nada puede torcerse. El bono cede, los beneficios acompañan y la tecnología vuelve a ser la respuesta a todas las preguntas. Falta un solo ingrediente para que esa receta se agrie: un dato que rompa la secuencia.

El riesgo tiene nombre y apellidos. Si la caída del rendimiento del bono se debe a que la economía se enfría más de lo previsto, los máximos de hoy pueden convertirse en el techo de una corrección silenciosa. Si, por el contrario, responde a una inflación que se doma sin dañar el crecimiento, el rally tiene recorrido. La diferencia entre uno y otro escenario es enorme, y el mercado, de momento, ha elegido creer el relato amable.

Hay un segundo frente que no aparece en los titulares de récord: la concentración. Un mercado que sube gracias a unos pocos valores es más frágil que uno que sube de forma repartida. La buena noticia es que las tecnológicas siguen generando caja a un ritmo que pocas industrias igualan. La mala es que esa misma fortaleza las convierte en el punto débil de todo el edificio si alguna decepciona.

Los próximos resultados trimestrales serán el examen. Ahí se verá si Nvidia puede sostener sola el peso del índice o si las demás Magníficas recuperan el paso. Será también el momento de comprobar si el bono mantiene su tregua o si, como advertían algunas voces esta misma semana, el Uptober choca antes de lo previsto contra el muro de la deuda. De momento, Wall Street celebra. Con permiso del rendimiento del Tesoro, claro.


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