BlackRock ha señalado cuál cree que será el próximo gran cliente del mercado cripto, y no es una persona. En su informe The Machine-Native Economy, la mayor gestora de activos del mundo sostiene que los agentes de IA —programas capaces de reservar un vuelo, comprar datos o alquilar capacidad de cálculo sin que nadie los supervise— serán el motor de demanda del sector en los próximos años. Su preferencia, según el documento, es clara: bitcoin para guardar valor y stablecoins para pagar.
Qué dice el informe de BlackRock sobre los agentes de IA
La firma maneja unos 15 billones de dólares en activos, una cifra que ronda nueve veces el tamaño de la economía española. El informe se ha conocido esta semana y su tesis central es que los pagos actuales no están hechos para máquinas: las redes de tarjetas y las cámaras de compensación bancaria (los sistemas que liquidan las transferencias entre entidades) exigen altas manuales, cobran comisiones fijas que hacen inviable un pago de una milésima de céntimo y tardan días en cerrar una operación.
Un agente que paga una llamada a una interfaz de programación —lo que el sector llama API, el enchufe que conecta dos programas— necesita desembolsar fracciones de céntimo, a cualquier hora y sin intervención humana. Ese pago no cabe en el modelo de las tarjetas, donde el coste fijo se come el importe. En cadenas públicas como Ethereum o Solana, el coste se mide en céntimos y la red nunca cierra.
Además, el informe se apoya en una investigación del Bitcoin Policy Institute, un centro de estudios con sede en Estados Unidos, según la cual las simulaciones controladas tienden a favorecer las stablecoins para los pagos cotidianos y bitcoin para conservar valor a largo plazo. ‘Los hallazgos apuntan a una posible arquitectura monetaria nativa de la IA en la que las stablecoins funcionan como dinero transaccional y bitcoin como reserva de valor’, resume el documento.
No es la primera vez que la gestora se moja. En 2024 la SEC aprobó su iShares Bitcoin Trust, el fondo cotizado al contado que desde entonces lidera el volumen de negociación entre todos los ETF estadounidenses de bitcoin. Hoy gestiona más de 67.000 millones de dólares y firmó el mejor estreno de la historia de este tipo de productos.
El documento va más allá de los pagos. Menciona también los activos del mundo real tokenizados (bonos, fondos o inmuebles representados en una cadena de bloques) y los criptoactivos nativos como piezas de esa infraestructura económica para la IA. Dicho de otro modo: si las máquinas van a mover dinero entre ellas, alguien tiene que poner los raíles.
Que BlackRock ponga a las máquinas en el centro del relato no garantiza que vayan a pagar, solo confirma que la infraestructura ya no se diseña pensando en nosotros.
Por qué las tarjetas y los bancos quedan fuera de juego
La comparación con lo que ya existe ayuda a dimensionar el argumento. Visa presume de capacidad para procesar decenas de miles de operaciones por segundo, pero cada transacción arrastra un coste fijo de céntimos y su liquidación final entre bancos no es instantánea. Para una compra de 40 euros, da igual. Para un agente que compra un dato por 0,0003 euros, ese peaje hace la operación imposible.
El horario es el segundo muro. Las cámaras de compensación operan en ventanas concretas y cierran los fines de semana. Una cadena de bloques no descansa nunca, algo que encaja con un software que trabaja a cualquier hora. Cuando un sistema automático necesita pagar a las cuatro de la mañana de un domingo, la banca tradicional simplemente no está.
De ahí salen tres requisitos que el sector lleva años vendiendo y que ahora se le exigen desde fuera:
- Liquidez permanente, sin ventanas ni festivos.
- Un coste por operación por debajo del céntimo.
- Liquidación en segundos, no en días.
Para el lector europeo hay un matiz que condiciona todo. El reglamento MiCA, en vigor en la Unión Europea desde 2024, obliga a los emisores de stablecoins que quieran operar en el mercado comunitario a contar con autorización. Eso reduce el catálogo disponible y deja fuera a algunos de los mayores emisores del mundo: un agente que opere en euros tendrá que usar monedas reguladas.
Queda una pregunta razonable: si las máquinas son tan buenas pagando, ¿por qué no lo hacen ya? Porque casi nadie las deja solas con una tarjeta. De momento los casos reales son modestos, con plataformas de datos que venden informes a programas y servicios de cómputo que alquilan potencia a agentes que negocian el precio por su cuenta. La mayoría de los agentes autónomos que hoy operan en pruebas todavía no factura nada.
De la promesa al negocio: qué falta y qué puede torcerse
Este tipo de informes tienen precedentes que conviene recordar. En el verano de 2020, el auge de las finanzas descentralizadas llevó a cientos de proyectos a prometer que los contratos inteligentes sustituirían a los bancos; cuatro años después, buena parte de aquel dinero se concentró en un puñado de protocolos. Con los NFT pasó algo parecido: la fiebre de 2021 se desinfló y quedaron casos de uso reales, mucho más pequeños que el relato. BlackRock describe una dirección, no un calendario.
Hay tres riesgos evidentes. El primero: un agente se equivoca igual que un becario, y si interpreta mal una instrucción puede pagar de más o pagar dos veces. En una cadena de bloques no hay botón de deshacer. El segundo es la concentración, porque las stablecoins que dominan el mercado dependen de muy pocos emisores. El tercero es regulatorio: ninguna ley define todavía quién responde cuando un programa compra, vende o se equivoca sin una persona detrás.
Aun así, el dato de fondo es difícil de ignorar. La mayor gestora del mundo mueve el foco de los inversores humanos a las máquinas después de haber colocado su ETF de bitcoin entre los productos financieros más exitosos de la última década. Si esa demanda mecánica llega, se notará primero en el volumen de las stablecoins y en las comisiones de las cadenas, no en el precio de bitcoin al día siguiente. Si no llega, la frase quedará en un informe más.
La próxima señal llegará de dos sitios: de cómo avance la aplicación europea de MiCA, todavía en fase de despliegue en varios países, y de si los primeros agentes que pagan de verdad mueven cifras que valga la pena mirar. El resto, por ahora, es software comprando su propio futuro a plazos.




