Santander y BBVA entran en la carrera del 3%: depósitos bancos 3% para clientes específicos

Las entidades condicionan las mejores rentabilidades a la vinculación del cliente, con nómina o fondos. Otras ofertas del mercado alcanzan el 3,50% a doce meses.

Los depósitos bancarios al 3% han dejado de ser un coto reservado a los neobancos y a las entidades medianas. La gran banca entra en la puja por el ahorro de los hogares con una estrategia a dos velocidades: rentabilidades llamativas en el escaparate y condiciones estrictas en la letra pequeña.

Según ha adelantado El Periódico, Santander y BBVA han lanzado ofertas de depósitos dirigidas a clientes específicos, en un nuevo capítulo de la guerra del pasivo. No son productos abiertos a cualquiera. Las mejores remuneraciones quedan atadas al vínculo previo con el banco: nómina domiciliada, recibos, contratación de fondos o un saldo mínimo sostenido durante todo el plazo.

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Santander y BBVA mueven ficha, pero con condiciones

El patrón se repite en cada ciclo. Cuando el ahorro empieza a viajar hacia quien mejor lo paga, los grandes bancos reaccionan, aunque lo hacen con el freno puesto. No se remunera el saldo de cualquier cuenta corriente a un 3%: lo que se ofrece son depósitos a plazo, con importes topados y, casi siempre, con la exigencia de ser ya cliente de la entidad. Es una subida real, pero de alcance limitado.

Ahí está la trampa de la que conviene avisar. Las ofertas más agresivas del mercado, según recogen El Economista y Cinco Días, alcanzan el 3,50% a doce meses en depósitos a plazo fijo. Esa cifra la firman, sobre todo, bancos pequeños, filiales de entidades extranjeras y plataformas digitales que necesitan captar pasivo desde cero. Los grandes no compiten por precio puro; compiten por retener al cliente que ya tienen dentro.

La pregunta que sobrevuela el sector es por qué la guerra del pasivo se reaviva ahora, justo cuando el precio oficial del dinero ha dejado de subir. La lógica del negocio empuja a los bancos a defender su base de depósitos frente a los productos de ahorro alternativos. La remuneración ahorro vuelve a ser un argumento comercial de primer orden, y con ella regresa el riesgo de que el ahorrador firme condiciones que no había leído con calma.

La banca no compra ahorro solo con tipos: compra fidelidad, y la letra pequeña acaba funcionando como el verdadero tipo de interés del contrato.

El escaparate del 3% y la letra pequeña

En la práctica, la subida tiene más de reclamo que de revolución. Un depósito al 3% para un cliente que ya tiene la nómina domiciliada no añade un cliente nuevo: consolida uno existente y lo blinda frente a la competencia. La remuneración ahorro, en este contexto, funciona como un instrumento de retención más que de captación. Eso explica que los grandes bancos eviten extender el 3% a todo su catálogo y lo concentren en segmentos muy concretos.

remuneración ahorro

Merece la pena mirar el detalle. Los depósitos de la gran banca suelen tener un tope de importe —a menudo muy por debajo de los 100.000 euros que cubre el Fondo de Garantía de Depósitos—, un plazo fijo corto y una penalización por cancelación anticipada. La rentabilidad anunciada rara vez aplica al total del ahorro. Hablamos, en muchos casos, de unos pocos miles de euros bien remunerados y del resto a la intemperie, sin más red que la cuenta corriente de siempre.

Tampoco conviene perder de vista lo que no se ve. Los depósitos están cubiertos hasta 100.000 euros por titular y entidad, y ese blindaje es precisamente lo que los distingue de los fondos o de la deuda pública. Pero la cobertura no protege del coste de oportunidad ni de las condiciones accesorias: quien ata su dinero a un tipo promocional durante doce meses puede encontrarse con que, al vencer, la oferta ya no existe y el saldo vuelve a dormir a un interés simbólico.

Un negocio que depende de lo que haga el ahorrador

Hay un precedente que ayuda a leer lo que está pasando. Durante años de tipos en mínimos, los depósitos dejaron de ser un producto de verdad y se convirtieron en un cajón donde aparcar el dinero sin perderlo. La banca se acostumbró a financiarse barato y el ahorrador, a no exigir nada. La reactivación de la competencia rompe esa inercia, aunque solo sea a medias. Lo que hoy se anuncia como una carrera hacia el 3% es, en buena medida, la corrección de una anomalía que duró demasiado.

Mi lectura es que el movimiento de Santander y BBVA responde más a la defensa del terreno que a una ofensiva ambiciosa. Los grandes bancos miden cada punto básico de remuneración porque cada punto les cuesta margen. La paradoja es que, al no igualar a los neobancos, dejan abierta la puerta que dicen querer cerrar. Si el ahorro sigue emigrando hacia quien paga más, la letra pequeña dejará de ser un escudo y se convertirá en un problema.

La carrera, en cualquier caso, no ha terminado. La próxima batería de resultados trimestrales de la banca y la evolución del saldo de depósitos que publica el Banco de España dirán si el 3% era el techo o solo un peldaño más. Hasta entonces, la recomendación es la de siempre: leer el contrato completo, calcular cuánto dinero queda realmente remunerado y no confundir una buena oferta con una buena decisión.


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