El telescopio James Webb ha revelado la protoestrella oculta que se alimenta en una nube ardiente. La estructura, con forma de reloj de arena, se encuentra en la nube oscura L1527, en la constelación de Tauro, y muestra una estrella recién nacida que todavía no ha encendido su motor nuclear. La imagen se hizo pública el 16 de noviembre de 2022 y sigue siendo una de las radiografías más nítidas del primer capítulo de una vida estelar.
Lo que aparece ante el objetivo no es aún una estrella, sino el embrión de una. Los astrónomos llaman protoestrella al cuerpo que crece a base de tragar gas y polvo de su entorno, y L1527 es el ejemplo mejor fotografiado que tenemos. Está a 460 años luz: su luz tardó 460 años en llegar al espejo del telescopio.
Webb no la observó con luz visible, sino con el infrarrojo del instrumento NIRCam. Esa es la clave del hallazgo: la nube de polvo que envuelve a la protoestrella la mantiene a oscuras, y solo la radiación infrarroja logra atravesarla y mostrar qué se cuece dentro. La imagen completa puede consultarse en la página oficial del telescopio James Webb.
Una estrella de 100.000 años atrapada en su propia obra
La cifra impresiona por lo que tiene de paradoja: 100.000 años suenan a una eternidad, pero en la vida de una estrella son apenas unas horas. El Sol, por ejemplo, vivirá unos 10.000 millones de años. Si comprimiéramos ese ciclo entero en la vida de una persona de 100 años, esta protoestrella tendría apenas 9 horas de edad.
Esa criatura estelar lleva milenios escupiendo chorros de materia hacia arriba y hacia abajo, y esos chorros han excavado dos cavidades luminosas en la nube. El resultado son las paredes azules y naranjas que le dan al conjunto su silueta de reloj de arena. Los colores no son casuales: traducen dónde el polvo es fino y deja escapar la radiación y dónde es tan espeso que la bloquea.
La luz que hoy desciframos salió de aquella nube hace unos 460 años, cuando la Tierra atravesaba el siglo XVI.
Cómo se esculpe un reloj de arena en el espacio
El mecanismo que dibuja esa forma es sencillo de contar y difícil de imaginar. La protoestrella gira y atrae materia hacia sí a través de un disco de acreción, un remolino plano de gas y polvo parecido a un molinillo visto de canto. Parte de esa materia no cae, sino que sale disparada por los polos a gran velocidad.
Al chocar contra la nube que la rodea, la materia expulsada la calienta y la ilumina desde dentro, como si alguien encendiera una linterna dentro de un saco de harina. De ahí las dos cavidades simétricas. El disco, mientras tanto, sigue alimentando a la estrella, que engorda sin pausa y todavía no ha alcanzado la temperatura necesaria para fusionar hidrógeno.
Conviene entender la escala del polvo que oculta esta escena. Es tan denso que ni la luz visible del interior lo atraviesa; el infrarrojo, en cambio, sí. Por eso el James Webb, diseñado precisamente para observar en esas longitudes de onda, se ha convertido en la mejor herramienta para espiar nacimientos estelares que antes quedaban sepultados.
Lo que L1527 enseña sobre nuestro propio origen
Hay una razón por la que los astrónomos vuelven una y otra vez a imágenes como esta. Nuestro Sol pasó por la fase de L1527 hace unos 4.600 millones de años, y de aquel disco de gas y polvo surgieron la Tierra, los demás planetas y todo lo que conocemos. Esa foto es, en cierto sentido, un retrato de familia adelantado en el tiempo.
Eso sí, conviene no exagerar lo que un solo retrato puede demostrar. La imagen es una instantánea de un único objeto, no una película del proceso, y los astrónomos observan muchas protoestrellas en fases parecidas para reconstruir el guion completo. Además, L1527 es solo un caso, y las estrellas muy masivas podrían seguir caminos distintos. La física del nacimiento estelar se apoya en cientos de observaciones combinadas, no en una imagen aislada.
Aun con esas cautelas, pocas veces hemos visto el arranque de una estrella con tanto detalle. Webb sigue observando regiones de formación estelar como Tauro y Ofiuco, y cada nueva campaña añade piezas al rompecabezas de cómo se enciende una estrella. La pregunta que la comunidad quiere responder ahora es cuándo exactamente el disco deja de alimentar al núcleo y se enciende la fusión: el instante, aún no fotografiado, en que una protoestrella se convierte en estrella.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: la protoestrella oculta en el interior de la nube oscura L1527, con su disco de acreción y las cavidades en forma de reloj de arena que excavan sus chorros de materia.
- Dónde: nube molecular L1527, en la constelación de Tauro, a unos 460 años luz de la Tierra.
- Institución responsable: NASA, ESA y CSA, con el instrumento NIRCam del telescopio James Webb (imagen procesada por el STScI).
- Cuándo: imagen captada y publicada el 16 de noviembre de 2022.
- Impacto a futuro: ofrece una ventana al aspecto que tuvieron el Sol y el sistema solar en su infancia, clave para entender cómo nacen las estrellas y los planetas.





