Adrián Sáenz monta un canal de YouTube con IA y Claude por menos de lo que cuesta Kling

Adrián Sáenz asegura haber producido un vídeo de catorce minutos por 14,30 euros con una herramienta propia construida sobre Claude. Frente a los 210 dólares que calcula para los generadores de clips, su apuesta pasa por imágenes fijas animadas y un VPS.

Adrián Sáenz ha publicado un vídeo de 31 minutos en el que asegura haber montado un canal de YouTube completo con inteligencia artificial y una herramienta de generación propia construida sobre Claude. Su tesis es sencilla y provocadora: producir un vídeo largo ya no debería costar 210 dólares, sino unos catorce euros y medio.

Una herramienta propia que escribe, locuta y monta

En el vídeo, Sáenz explica que su software hace tres cosas encadenadas: redacta el guion a partir de un encargo concreto, le pone voz y después construye el vídeo final. El creador remarca que no está reinventando la rueda, porque existen otras soluciones en el mercado, pero insiste en que la mayoría de ellas resultan caras para quien arranca de cero.

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El flujo que muestra es manual en los puntos importantes y automático en los pesados. El usuario define estilo, duración y tema; la herramienta devuelve un guion; después genera la batería de imágenes; y todo queda editable en cada fase. Si una imagen no convence, se le pide un cambio concreto y se regenera.

La demostración incluye la muestra del resultado: el primer vídeo del canal nuevo, dedicado al papel del oro dentro del sistema financiero, con una voz que imita al propio Sáenz. Él mismo aclara que podría haberse usado cualquier otra voz, e incluso la del usuario, porque el sistema no está atado a una identidad concreta.

La apuesta es producir imágenes, no clips de vídeo

Aquí está la diferencia técnica que Sáenz considera decisiva. Las herramientas convencionales generan fragmentos de pocos segundos que después hay que ensamblar; su propuesta genera imágenes fijas y confía el movimiento al zoom, las transiciones y el montaje automático. Las razones que da son dos: cuesta mucho menos y hay menos margen de error, porque un clip contiene muchos fotogramas y cada fotograma es una oportunidad de que algo salga mal.

Las herramientas de clips existen y funcionan, admite, pero cada minuto de vídeo generado así puede costar hasta quince dólares cuando las cosas no salen a la primera.

— Adrián Sáenz

Sáenz sostiene que el resultado no se percibe como una presentación de diapositivas. Su argumento es la densidad: hay muchísimas imágenes por minuto y el propio sistema las anima con transiciones y movimientos de cámara. Es una afirmación razonable sobre el método, aunque el veredicto final depende del espectador y de cada nicho.

Los números: catorce euros frente a doscientos diez dólares

La comparación económica es el corazón del vídeo. Para un vídeo de catorce minutos producido con herramientas basadas en clips, Sáenz calcula unos 210 dólares si todo sale bien a la primera y hasta quince dólares por minuto en un escenario realista. Su herramienta, según sus propias cifras, deja ese mismo vídeo en 14,30 euros.

El otro coste que pone sobre la mesa es el tiempo. Habla de catorce horas de trabajo para un vídeo ensamblado a mano, un dato que atribuye a una persona de su entorno que se dedica a ello. Con su sistema, asegura, el proceso baja a unas dos horas. Aclara además que en un canal ya rentable pagar 210 dólares por vídeo no sería descabellado; el problema es asumir ese gasto antes de ingresar nada.

Claude, un VPS y un mes de prueba y error

La herramienta no se vende: se regala. Sáenz explica que ha tardado un mes en afinarla, que no piensa detallar el proceso de construcción completo y que en su lugar publica un documento de recursos con instrucciones paso a paso. Tambien incluye un prompt para que Claude se conecte al servidor y ejecute las tareas por el usuario.

La instalación pasa por contratar un VPS, es decir, un ordenador remoto encendido de forma permanente, elegir Ubuntu 24.04 LTS y lanzar el script de instalación. Menciona planes concretos de Hostinger (KVM4 o KVM8) y un cupón de descuento propio. La ventaja práctica, dice, es que el sistema trabaja aunque el ordenador de casa esté apagado y se puede controlar desde el móvil.

Dos vías de monetización y dos semanas de prueba

El objetivo declarado del canal nuevo es ganar dinero por dos vías. La primera son los anuncios de YouTube. La segunda es la afiliación: en concreto, el programa de Audible, el servicio de audiolibros de Amazon. Sáenz explica que la prueba gratuita del servicio le reporta unos diez euros de comisión y que el usuario final no paga nada por ese primer audiolibro.

El experimento durará dos semanas, tras las cuales promete compartir resultados. Recuerda un intento anterior con vídeos de peor calidad y un locutor contratado que le dio 117.000 visitas en formatos largos. Su conclusión es que ahora puede producir más y mejor con menos dinero.

Lo que la promesa deja fuera de plano

Conviene separar lo demostrado de lo proyectado. Lo primero es que existe un vídeo terminado y un desglose de costes; lo segundo, que el canal funcione. Sáenz lo admite: la herramienta no es mágica y sigue haciendo falta pensar ideas, títulos y miniaturas. Ese trabajo es precisamente el que la automatización no resuelve, y suele ser el que decide si un canal crece o se queda en el ruido.

El contexto de mercado ayuda a entender su apuesta. Herramientas como Kling, Veo o Sora compiten por generar clips cada vez más realistas, y su precio por segundo sigue siendo el principal freno para los proyectos amateur. La vía de las imágenes fijas animadas es un atajo económico, no una victoria técnica: abarata el error a cambio de renunciar al movimiento real. Para un canal de historias, economía o divulgación narrada, el intercambio puede salir a cuenta; para formatos que dependen de la acción, probablemente no.

Hay también un detalle que conviene leer con distancia: el recurso gratuito y el cupón de Hostinger forman parte del mismo ecosistema comercial que el creador promociona, así que su recomendación no es neutral. Eso no invalida las cifras que muestra, pero sí aconseja tomarlas como lo que son, el cálculo de alguien con interés en que la fórmula parezca accesible.

Si algo se puede extraer de este experimento es que la barrera de entrada ya no está en la herramienta, sino en el criterio. Cualquiera puede generar un vídeo narrado en dos horas; lo difícil es que alguien quiera verlo. Queda por ver si el canal nuevo de Sáenz consigue ingresos sostenidos o si, como tantos proyectos automatizados, se queda en una demostración brillante. ¿Cuántos canales clonados con la misma receta aguanta el algoritmo antes de cansarse?

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Adrián Sáenz en YouTube.

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