El rostro de terracota de Uni, la gran diosa etrusca, reaparece en el santuario de Pyrgi 2.500 años después. Lo ha recuperado un equipo de arqueólogos y estudiantes de la Sapienza Università di Roma en la costa del mar Tirreno. La pieza no es una estatua. Es un fragmento de antefija, uno de esos elementos decorativos que se colocaban en el borde de los tejados de los templos antiguos, y ha aparecido en el área del Templo B, el edificio que se dedicó precisamente a ella.
Un rostro de terracota en el borde del tejado
Conviene precisar qué es una antefija. Se trata de piezas fabricadas en terracota que remataban las tejas de los edificios sagrados y que podían representar divinidades, personas o cualquier imagen con valor simbólico o protector. En el Templo B ya se conocían otras antefijas con cabezas femeninas. La novedad no está, por tanto, en la forma, sino en el contexto: esta ha salido del templo vinculado al culto de Uni y suma una pieza más al complejo programa decorativo del santuario.
La propia universidad anunció el hallazgo con una frase que resume el asombro del equipo: ‘Hoy, en Pyrgi, la diosa Uni ha vuelto a mirarnos’. El fragmento procede de la campaña de excavación más reciente, desarrollada en el área del Templo B, y ahora pasa a manos de los especialistas, que lo estudiarán y restaurarán en el laboratorio mientras las excavaciones continúan.
Uni ocupaba el escalafón más alto del panteón etrusco. Los autores romanos la identificaron con su Juno y los griegos con Hera, aunque su personalidad es anterior a ambas y se asocia a la protección de la comunidad. Que su rostro aparezca en un santuario portuario no es casual: hablamos de una divinidad que velaba por una ciudad abierta al comercio, a los navegantes y a los dioses de otros pueblos.
Las láminas de oro que explican por qué Uni estaba allí
Para entender el peso del hallazgo hay que viajar a Pyrgi, el puerto de la ciudad etrusca de Caere —la actual Cerveteri—, en la costa de Santa Severa. El santuario ocupa más de diez hectáreas, el equivalente a unos catorce campos de fútbol, y fue uno de los grandes centros religiosos de Etruria. Más de medio siglo de investigaciones ha sacado a la luz templos, edificios sagrados y una enorme cantidad de decoración arquitectónica.
Un rostro de terracota no cambia los manuales de etruscología, pero devuelve a la diosa al lugar exacto donde se le rezaba.
El Templo B fue el primer gran edificio monumental del santuario. Se levantó a finales del siglo VI a. C., hacia el 510 a. C., por iniciativa de Thefarie Velianas, la máxima autoridad de Caere, que decidió dedicarlo a Uni. Son los mismos años en que Roma expulsaba a su último rey y Atenas daba sus primeros pasos hacia un gobierno de ciudadanos. Hacia el 460 a. C. se construiría el Templo A.

Sabemos de aquella dedicación gracias a uno de los tesoros mayores de la arqueología etrusca: las láminas de oro de Pyrgi. Descubiertas el 8 de julio de 1964 en las excavaciones dirigidas por Massimo Pallottino, son tres hojas de oro grabadas, dos con textos en etrusco y una en fenicio. En ellas, Uni aparece asociada a la diosa fenicia Astarte, lo que refleja los contactos culturales que cruzaban el Mediterráneo hace 2.500 años. Se conservan en el Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia, en Roma.
La campaña no se ha limitado a tierra firme. El equipo ha realizado prospecciones subacuáticas en el antiguo puerto, y la Capitanía de Puerto de Civitavecchia prohibió temporalmente el baño, la navegación, el fondeo y la pesca en un tramo de costa para permitir el trabajo de los arqueólogos.
Qué cambia este rostro y qué no
¿Qué añade este fragmento a lo que ya sabíamos? En lo escrito, poco: las láminas de oro ya certificaban que el Templo B estaba consagrado a Uni por voluntad de Thefarie Velianas. La aportación es material y contextual. Hasta ahora, la decoración del templo se reconstruía con piezas dispersas; un rostro de la divinidad titular recuperado en su propio recinto permite anclar la secuencia decorativa y afinar la cronología de los talleres de terracota que trabajaron para el santuario.
Eso sí, conviene no exagerar. La identificación de una antefija con una divinidad concreta descansa en la iconografía y en el lugar del hallazgo, no en una firma, y los especialistas discuten a menudo esos márgenes. Tampoco hay por ahora un estudio con revisión por pares que detalle la estratigrafía, las medidas o la datación precisa de la pieza: lo que existe es el anuncio de la Sapienza y su eco en los medios. La antefija sigue en el laboratorio, a la espera de limpieza y restauración, y ese trabajo cambia a veces atribuciones.
Me parece, aun así, un hallazgo sólido en lo que importa: contexto. La cultura etrusca nos ha llegado sin su literatura, reducida a inscripciones breves y a objetos que hablan por ella. Cada pieza que se recupera en su sitio es un párrafo de ese relato perdido. El siguiente hito será la restauración de la antefija y su estudio, además de las próximas campañas en el santuario y las prospecciones bajo el agua, donde puede seguir enterrada la infraestructura del puerto. En Villa Giulia, mientras tanto, las láminas de oro siguen contando la misma historia en dos idiomas.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: un fragmento de antefija de terracota con el rostro de Uni, la principal divinidad femenina del panteón etrusco.
- Dónde: área del Templo B del santuario de Pyrgi, antiguo puerto de Caere (actual Cerveteri), en la costa de Santa Severa, mar Tirreno (Italia).
- Institución responsable: Sapienza Università di Roma, con arqueólogos y estudiantes en campaña de excavación; hallazgo anunciado por la universidad, pendiente de estudio y restauración.
- Cuándo: anunciado tras la campaña de excavación más reciente en el yacimiento; el Templo B se levantó hacia el 510 a. C.
- Impacto a futuro: ayuda a reconstruir pieza a pieza la decoración original del santuario y refuerza el vínculo material entre el templo y el culto a Uni.





