El PIB de España avanzó un 2,6% interanual en el segundo trimestre, pero el sector exterior le restó nueve décimas. El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó la cifra, una décima por debajo del avance publicado en verano.
La economía española mantiene el paso por encima de la media de la eurozona, aunque con una composición que invita a la cautela. El consumo de los hogares avanzó un 3,5% interanual y la demanda nacional aportó 3,5 puntos al crecimiento total. En el lado opuesto, las importaciones de bienes y servicios crecieron un 4,3% en el último año, por encima de las exportaciones. Ese desequilibrio restó medio punto al PIB del trimestre y nueve décimas a la tasa interanual.
El consumo sostiene el avance y la balanza comercial lo corrige
El motor doméstico funciona. Sin embargo, la sensación de mejora no llega al bolsillo. La inflación se disparó en agosto hasta el 4,3%, su nivel más alto desde febrero de 2023, y el encarecimiento de la alimentación y de la energía sigue recortando el terreno ganado en salarios.
Buena parte del desequilibrio se explica por lo que España compra fuera. El sector de productos energéticos se ha convertido en el primer responsable del repunte importador: aportó 4,3 puntos porcentuales al incremento de las compras totales en abril, 8,3 puntos en mayo y 4,5 puntos en junio. El peso de esta partida no es anecdótico.
En el subsector de petróleo y derivados, la factura rozó los 15.540 millones de euros solo en el segundo trimestre, con un alza acumulada del 24,4% en el primer semestre. Las compras de crudo llegaron a registrar picos del 97,1% interanual en mayo y del 59,5% en junio. Es la partida que más empuja el comercio importador: aporta por sí sola 2,2 puntos porcentuales al avance de las compras totales.
España no crece menos por falta de demanda interna, sino por una factura energética que se lleva por delante buena parte del avance del PIB.
El saldo negativo de los productos energéticos alcanza los 17.558,4 millones de euros, más del 53% de todo el déficit comercial. El ritmo importador elevó las compras de bienes al extranjero un 13,0% en el trimestre, hasta los 125.731,2 millones. Las exportaciones, en cambio, apenas avanzaron un 3,3%, hasta 104.627 millones. El resultado es un déficit comercial superior a los 21.100 millones de euros.
El crudo y los bienes de equipo tensionan la balanza
Más allá de la energía, los bienes de equipo representaron el 23,6% del total importado en el primer semestre y sumaron 55.255,7 millones de euros, un 7,9% más interanual. Su aportación al crecimiento del total importado fue de 1,8 puntos porcentuales.
El automóvil también empuja al alza. Las importaciones del sector crecieron un 11,1% interanual en el semestre, hasta los 26.130,7 millones, impulsadas por las compras de automóviles y motos, que subieron un 16,5%.
Conviene mirar el conjunto del semestre y no solo el trimestre. España importó bienes por 125.731,2 millones de euros, un 13% más, frente a unas exportaciones de 104.627 millones que solo subieron un 3,3%. La brecha se ensancha y no es coyuntural: los bienes de equipo, que representan casi una cuarta parte de las compras, ya crecen a un ritmo del 7,9%.

Dependencia energética: el coste estructural del crecimiento español
Hay una paradoja incómoda en el dato. España crece por encima de sus vecinos europeos, pero lo hace importando energía a un ritmo que erosiona ese mismo crecimiento. Cada repunte del crudo se traduce en una factura exterior mayor y en un menor poder de compra de las familias. Es un círculo que se retroalimenta: más actividad exige más energía, más energía dispara las importaciones y las importaciones recortan el PIB que se pretende sostener.
Para las energéticas cotizadas, la lectura es ambivalente. Las compañías con exposición al refino ven cómo el alza del crudo mejora sus márgenes industriales, aunque encarece su propia materia prima. Las eléctricas cargan con el coste de la volatilidad en el mercado mayorista y con la presión regulatoria que suele acompañar a los picos de inflación energética. A mi juicio, el mercado lleva meses premiando la parte del negocio ligada a la transición y castigando la exposición pura al hidrocarburo. Ese sesgo podría corregirse si el crudo se mantiene alto más tiempo del que descuenta el consenso.
Queda la pregunta de fondo. La demanda nacional aporta 3,5 puntos, pero con un IPC en el 4,3% ese empuje descansa sobre un consumo que pierde poder adquisitivo cada mes. Si la inflación no cede, el gasto de los hogares acabará notando el desgaste y el crecimiento dependerá en mayor medida de un sector exterior que hoy juega en contra.
El riesgo de fondo es estructural. España arrastra una dependencia energética elevada y el déficit del capítulo energético representa ya más de la mitad del total. Mientras esa brecha no se estreche, cada trimestre de expansión vendrá acompañado de una corrección a la baja en la aportación exterior. Hay, eso sí, un matiz que conviene no perder de vista: parte del alza importadora responde a bienes de equipo, es decir, a inversión productiva que debería generar capacidad exportadora en los próximos trimestres. La pregunta es si esa inversión llega antes que la próxima factura del crudo.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: El dato es macro y no tiene una acción de referencia, pero su impacto llega vía crudo. La factura de petróleo y derivados sumó 15.540 millones en el trimestre, un 24,4% más en el semestre, una referencia que pesa en los márgenes de refino y en los costes de generación eléctrica.
Clave técnica: La aportación negativa de nueve décimas al PIB interanual se convierte en la variable a vigilar en el tercer trimestre. Con el crudo en los niveles de mayo, el déficit comercial del semestre, ya por encima de 21.100 millones, difícilmente se estrechará.
Apunte macro: La dependencia energética es la variable de fondo. El saldo negativo de productos energéticos, 17.558,4 millones, representa más del 53% del déficit comercial total. Mientras esa brecha no ceda, el sector exterior seguirá restando décimas al crecimiento español.





