La OCDE eleva 4 décimas su previsión del PIB de España y avisa: inflación por encima del euro

El organismo mantiene a España entre las economías que más crecen del euro, pero señala el diferencial de precios como su principal riesgo. La guerra en Irán y el coste de la energía están detrás del encarecimiento.

La OCDE eleva cuatro décimas su previsión del PIB de España para este año. Lo hace, además, en el mismo informe en el que advierte de que España sufrirá una inflación más alta que la de sus principales socios del euro.

El mensaje tiene dos caras y ninguna sale gratis. El crecimiento se revisa al alza porque la economía española sigue tirando de servicios, turismo y consumo interno; la parte incómoda es que esa misma demanda, con la energía tensionada, se traduce en en precios que suben más que en Alemania, Francia o Italia.

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Hay un origen concreto para ese desequilibrio: la guerra en Irán y su efecto sobre el coste de la energía. Cuando el petróleo y el gas se encarecen, las economías con más peso del transporte por carretera y del consumo de carburantes lo notan antes y con más intensidad.

El economista Santiago Niño Becerra lo resumió hace unos días con una frase que no admite matices: ‘La gente va a vivir peor’. No discutía el dato de crecimiento, discutía su traducción a la vida cotidiana. Y en eso el informe de la OCDE le da munición: un país puede crecer por encima de sus vecinos y perder poder adquisitivo si los precios corren más deprisa que las rentas.

España crece más y se encarece más

La revisión deja el crecimiento español entre los más altos del bloque del euro, pero el cuadro se rompe al mirar la columna de precios, tal y como recogen las perspectivas de la OCDE. El encarecimiento español queda en la parte alta de la tabla europea, un patrón que ya se vio en 2022 con la primera crisis energética de la década y que ahora se repite con otro detonante.

El diferencial importa más de lo que parece. Un punto de inflación sostenido durante un año equivale a una subida de costes que ninguna empresa mediana puede absorber sin tocar precios o plantilla. Cuatro décimas de crecimiento son una buena noticia macroeconómica; ese mismo diferencial de precios, mantenido tres o cuatro trimestres, se convierte en un problema de competitividad.

Crecer cuatro décimas más no compensa cuando el diferencial de precios se come esas cuatro décimas y unas cuantas más.

Para las empresas, el efecto llega antes a la cuenta de resultados que a las estadísticas. Comercio, hostelería y transporte trabajan con márgenes estrechos y soportan la parte más volátil de la factura energética. Repercutir el coste es rápido; recuperar al cliente que se va por el precio, mucho más lento.

Qué significa para las empresas crecer con precios desbocados

OCDE España

La trampa está en la composición del crecimiento. España tira de servicios, turismo y consumo, los sectores que trasladan el coste energético al precio final con menos fricción. Alemania crece menos, pero exporta con una factura energética que pesa menos en su estructura industrial.

No es un fenómeno exclusivamente español. Italia y Francia también revisan al alza su factura energética, aunque parten de una inflación más baja y conservan más margen para digerir el golpe sin que se note en el bolsillo del consumidor. La diferencia española es la intensidad, no la dirección.

El traslado a la cesta de la compra es inmediato. Alimentación, transporte y electricidad concentran el mayor peso del gasto familiar y son, a la vez, los capítulos donde el conflicto de Oriente Medio se deja notar con más fuerza. El encarecimiento se percibe en el día a día mucho antes de aparecer en cualquier cuadro macroeconómico.

Por qué crecer más no basta para ganar poder adquisitivo

Llevo meses insistiendo en una idea que este informe refuerza: la comparación entre países se hace con el PIB, pero la vida se mide con el salario y la factura. España encadena varios ejercicios creciendo por encima de la media europea y, aun así, el poder adquisitivo medio no ha recuperado el terreno perdido en la crisis energética de 2022 y 2023. Esa es la contradicción que sostiene el diagnóstico del organismo.

El patrón tiene precedentes. Tras el shock del gas ruso, España creció más que Alemania y su inflación subyacente se mantuvo más alta durante más tiempo. La diferencia es que entonces el motor del encarecimiento estaba en la energía importada; ahora se añade un conflicto abierto en Oriente Medio cuyo final nadie se atreve a fechar.

Debajo de todo esto está la productividad. Un país que crece por horas trabajadas y por turismo compensa peor el encarecimiento que otro que crece por eficiencia industrial. Mientras esa brecha no se cierre, cada episodio de energía cara se convertirá en una factura para las familias.

Existe un riesgo que conviene no perder de vista. Si la inflación española se mantiene por encima de la del resto del euro, el Banco Central Europeo tendrá menos margen para bajar tipos, y las empresas que refinancien deuda en 2027 lo harán en un entorno más caro del que esperaban.

La otra cara es que el crecimiento sostiene el empleo, y un mercado laboral firme amortigua cualquier ajuste de precios. Por eso el dato de la OCDE no es una buena noticia completa ni una advertencia catastrofista. Es un aviso con fecha: el IPC de septiembre que publique el Instituto Nacional de Estadística a mediados de octubre y el informe de otoño de la OCDE, previsto para noviembre, dirán si el diferencial se cierra o se consolida. Habrá que mirar entonces la misma tabla, pero al revés.


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