El Banco de Australia avisa de una burbuja de inteligencia artificial y anticipa una subida de tipos la próxima semana

La gobernadora Michele Bullock constata que la adopción de IA encarece costes en las empresas australianas antes de generar ahorro. El Euríbor mira de reojo una narrativa que ya condiciona las carteras europeas.

La inteligencia artificial puede ser una burbuja y, de momento, no está elevando la productividad de Australia. Es la advertencia que ha lanzado Michele Bullock, gobernadora del Banco de Australia (RBA), a menos de una semana de la reunión en la que el mercado espera una nueva subida de tipos. La tesis es incómoda: la tecnología que el Gobierno de Anthony Albanese presenta como solución al estancamiento económico estaría, por ahora, sumando presión a los precios en lugar de generar crecimiento.

He leído con atención sus declaraciones recogidas por The Guardian y lo que aparece no es un juicio tecnológico, sino una constatación macroeconómica. La adopción de herramientas de IA en las empresas australianas se está traduciendo en inversión, en consumo eléctrico y en gasto en servicios digitales, tres partidas que empujan la demanda agregada antes de que llegue el ahorro de costes prometido. Ese desfase, costes hoy y eficiencia mañana, es el corazón del problema.

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Productividad prometida, inflación observada

Bullock ha sido explícita: no hay evidencia de que la IA esté haciendo la economía más eficiente. El Ejecutivo australiano sostiene lo contrario y ha colocado la adopción tecnológica en el centro de su agenda de crecimiento. Entre ambas posiciones, los datos disponibles no permiten zanjar el debate, pero sí identificar por dónde se filtra la presión sobre los precios.

  • Energía y centros de datos: la demanda eléctrica de la nueva infraestructura de cómputo encarece el kilovatio en el corto plazo.
  • Hardware y semiconductores: los pedidos de chips especializados tensionan una cadena de suministro que aún no se ha normalizado del todo.
  • Servicios profesionales: consultoría, integración y ciberseguridad absorben presupuesto empresarial sin recortar todavía plantilla.

Ninguno de esos tres canales mejora la productividad por sí mismo. Los dos primeros son costes de capital; el tercero, gasto corriente. La eficiencia tendría que aparecer después, cuando las empresas rediseñen sus procesos, y ese trabajo no se improvisa en un trimestre.

La vivienda cae más de lo que sugiere el precedente reciente

Banco de Australia tipos

En la misma intervención, Bullock ha señalado que la caída de los precios de la vivienda ha sido más profunda que en otros episodios recientes de la historia económica australiana. El matiz importa, porque la vivienda es el canal por el que la política monetaria llega antes al bolsillo de las familias. Un ajuste inmobiliario de esa magnitud endurece las condiciones financieras al margen de lo que haga el tipo oficial.

El mercado espera una subida de tipos en la reunión de la próxima semana. En el calendario oficial del Banco de Australia figura una nueva cita de política monetaria, y el consenso ha ido incorporando un tono más hawkish desde hace semanas. No hay cifra confirmada: la decisión se conocerá cuando se conozca, y la gobernadora no ha anticipado el movimiento.

«La IA es la ‘gran esperanza blanca’, pero su adopción hasta ahora está añadiendo inflación en lugar de crecimiento económico.» — Michele Bullock, gobernadora del Banco de Australia, septiembre de 2026

El dilema que la IA plantea a cualquier banco central

No es la primera vez que una tecnología transformadora tarda en aparecer en las estadísticas. La paradoja de la productividad que Robert Solow formuló en 1987 describió exactamente esto: ordenadores en todas partes menos en los datos de eficiencia, y tardó más de una década en resolverse. Lo que veo aquí es un banco central subiendo tipos contra un shock de oferta: encarecer el dinero no abarata los chips ni la electricidad. La herramienta disponible es la misma que se usa contra la demanda, y su efecto sobre los costes es lento y torpe.

La contradicción que los datos no resuelven es de fondo, y toca la definición misma de burbuja especulativa. Si la IA resulta inflacionaria por su apetito de energía, suelo y talento especializado, el RBA tendrá que apretar más de lo que desearía. Si resulta deflacionaria por su capacidad de sustituir trabajo administrativo, habrá endurecido la política justo cuando la desinflación tecnológica estaba aterrizando. El informe Draghi de 2024 ya advirtió de que Europa no puede permitirse otro ciclo perdido de productividad; la advertencia de Bullock sugiere que el problema no es solo europeo.

Seguiré con atención dos referencias concretas: la reunión del banco central australiano de la próxima semana y los próximos datos de productividad que publique la oficina estadística del país. Ahí se verá si la ‘gran esperanza blanca’ empieza a moverse en las cifras o si sigue siendo, como sugiere la gobernadora, una expectativa cara.

🌍 El impacto en España y Europa

El Banco de Australia no fija el Euríbor, y conviene decirlo con claridad: el impacto directo sobre las hipotecas variables españolas es indirecto. Pero la advertencia llega en un momento en el que los inversores europeos debaten si el ciclo inversor en IA está justificado por sus retornos.

  • Euríbor: si se revisa a la baja el ciclo global de inversión en IA, caerían las expectativas de crecimiento y de tipos a largo plazo; el BCE tendría margen para recortar y el Euríbor a 12 meses lo trasladaría con meses de retraso.
  • Inflación y poder adquisitivo: un encarecimiento sostenido de la electricidad por la demanda de centros de datos retrasaría la última fase de la desinflación de los servicios en la eurozona.
  • Empresas del IBEX: eléctricas y utilities son las más expuestas, como proveedoras de energía y como beneficiarias de la inversión; la banca lo está por el coste de financiación.
  • BCE: el aviso refuerza a quienes en el Consejo de Gobierno piden prudencia antes de dar por cerrada la desinflación.

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