5Por qué la metástasis, y no el tumor original, es lo que mata
El tumor que se detecta en la mama rara vez es, por sí mismo, la causa de la muerte. Mientras la enfermedad permanece confinada en el pecho, la cirugía, la radioterapia y los tratamientos hormonales o dirigidos logran una supervivencia a cinco años en torno al 98-99%. El problema aparece cuando algunas células abandonan el tumor original, viajan por la sangre o el sistema linfático y colonizan otros órganos. Alrededor del 90% de las muertes por cáncer de mama se deben a las metástasis y no al tumor primario. Esa es la razón de fondo por la que un tratamiento capaz de impedir la diseminación tiene un valor estratégico muy distinto al de un fármaco que solo reduzca la masa tumoral inicial: no se trata de encoger un bulto, sino de cortar el proceso que convierte una enfermedad local en una enfermedad sistémica.
La metástasis es letal porque se instala en órganos vitales y altera su funcionamiento. El hueso es el destino más frecuente, seguido del pulmón, el hígado y el cerebro, donde las lesiones provocan desde dolor intenso y fracturas hasta insuficiencia respiratoria o daño neurológico. Entre el 20% y el 30% de las mujeres diagnosticadas en fases iniciales acabarán desarrollando enfermedad metastásica, y entre el 6% y el 10% ya presentan metástasis en el momento del diagnóstico. Cuando esto ocurre, la supervivencia a cinco años cae hasta alrededor del 27-30% y la mediana de supervivencia se sitúa en dos o tres años, con recaídas que a menudo resisten a las terapias adyuvantes. Por eso el objetivo de la investigación no es tanto eliminar el tumor visible como evitar que sus células siembren nuevos focos.



