Moody’s ratifica el rating ‘Baa1’ de Enagás y despeja el calendario regulatorio hasta 2032

La agencia rebaja del 20% al 18% el ratio de caja exigido para sostener la nota, tras la retribución del ciclo 2027-2032 aprobada por la CNMC. El marco eleva la rentabilidad permitida al 6,46% y reconoce un 33% más de costes estándar.

El rating de Enagás conserva el ‘Baa1’ con perspectiva estable. Moody’s ha ratificado la calificación a largo plazo de la compañía gasista después de analizar el marco regulatorio que la CNMC aprobó en septiembre para el ciclo 2027-2032. La nota no sube. El suelo que la sostiene, sí.

Para una empresa que financia infraestructura a treinta años con deuda a diez, la diferencia entre ‘Baa1’ y ‘Baa2’ no es cosmética: se traduce en puntos básicos sobre cada emisión. Enagás coloca bonos con regularidad y su coste de financiación se compara contra el bono español y contra el resto de utilities europeas. Mantener el escalón actual —un peldaño por debajo de ‘A3’ y dos por encima de la frontera del grado especulativo— evita abrir un capítulo de prima adicional en las próximas colocaciones.

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El cambio relevante está en la letra pequeña. Moody’s exigía hasta ahora un ratio de caja sobre deuda neta del 20% para conservar la nota. Con el nuevo marco, el umbral baja al 18%. La agencia admite así que Enagás puede operar con algo más de apalancamiento sin castigo, porque considera que sus flujos regulados son más previsibles que hace un año.

El origen de esa previsibilidad tiene fecha y organismo. La CNMC publicó en septiembre la retribución de las actividades de transporte y regasificación para el periodo 2027-2032, el documento que fija cuánto ingresará la compañía por usar su red troncal de gasoductos y sus plantas de regasificación durante seis ejercicios completos. Para una agencia de rating, un ingreso regulado con horizonte sexenal es materia prima de primer nivel.

De ahí la lectura que hace Moody’s: las nuevas reglas aportan estabilidad y garantizan los ingresos de Enagás hasta 2032. Con ese horizonte despejado, la agencia ha flexibilizado sus exigencias financieras y ha mantenido la calificación sin necesidad de abrir una revisión a la baja.

Ninguna sorpresa en el comunicado. La duda que queda es la de siempre: cuánto de la nota responde a la empresa y cuánto al calendario regulatorio.

El ‘Baa1’ no premia el tamaño de Enagás ni su diversificación: premia que su regulador haya dejado por escrito cuánto va a cobrar durante seis años.

Del 20% al 18%: el umbral que Moody’s ha rebajado para sostener el ‘Baa1’

El ratio de caja sobre deuda neta mide cuántos ejercicios de generación harían falta para liquidar el pasivo. Es uno de los indicadores que Moody’s vigila con más atención en utilities con fuerte componente inversor, porque combina dos variables que se mueven despacio: el flujo operativo y la deuda financiera.

Bajar la exigencia del 20% al 18% no es un regalo. Es el reconocimiento de que el negocio regulado tiene menos volatilidad de ingresos que el resto. También deja menos margen del que aparenta: dos puntos de ratio son el espacio que la compañía necesita para afrontar las inversiones del arranque del nuevo ciclo sin tensionar la retribución al accionista.

La contrapartida es evidente. Un umbral más bajo estrecha el colchón de seguridad si la caja se deteriora y la compañía decide apalancarse hasta el límite. Moody’s lo permite porque confía en el marco regulatorio, no porque confíe en el ciclo del gas.

La CNMC eleva la rentabilidad permitida del 5,44% al 6,46%

El marco que ha convencido a Moody’s no es neutro para el negocio. La retribución publicada por la CNMC recoge tres cambios que afectan de lleno a la cuenta de resultados del grupo:

  • La rentabilidad financiera permitida sube del 5,44% al 6,46%, más de un punto porcentual que se aplica sobre la base de activos regulados.
  • Los costes estándar reconocidos aumentan cerca de un 33%, una corrección que compensa la inflación acumulada de los últimos años.
  • Se incorpora un margen extra de seguridad del 2,5% sobre la retribución reconocida, pensado como colchón frente a desviaciones de demanda.
Moody's Enagás

En una utility regulada el ingreso se construye con dos piezas: los costes que el regulador acepta como propios del servicio y la rentabilidad que autoriza sobre el capital invertido. Si ambas suben a la vez, la base de ingresos crece aunque los volúmenes físicos se mantengan o retrocedan. Ese es el efecto que Moody’s ha incorporado a su análisis.

El detalle del 33% en costes estándar es el que más protege la caja a corto plazo. Después de un ciclo 2021-2026 en el que la inflación se comió buena parte del margen reconocido, el nuevo documento devuelve a la compañía una parte de lo perdido. El margen del 2,5% actúa como red de seguridad adicional.

El calendario tampoco es menor. El ciclo vigente expira el 31 de diciembre de 2026 y el nuevo arranca el 1 de enero de 2027, con seis años por delante sin revisión extraordinaria prevista. Para el mercado de deuda, esa ventana equivale a un contrato de ingresos con el aval de un regulador europeo.

El rating que retrata al regulador

Hay una paradoja en el expediente que conviene no perder de vista. El ciclo 2021-2026 se diseñó con la mirada puesta en un sistema gasista que perdía demanda año tras año. El siguiente, el que ahora respalda la nota de Moody’s, nace con la misma premisa: menos gas circulando por los gasoductos y menos uso de las plantas de regasificación. Y, aun así, es el que ha dado tranquilidad a la agencia.

La explicación no está en el volumen, sino en la certeza. Una utility regulada cobra por costes reconocidos más una rentabilidad sobre sus activos. Si el regulador sube ambos componentes, el ingreso se estabiliza aunque la demanda caiga. Eso es lo que Moody’s ha valorado: no un negocio en expansión, sino un negocio con suelo.

El riesgo evidente es el de siempre en este tipo de compañías: confundir estabilidad regulatoria con crecimiento. Enagás tiene por delante dos frentes que no dependen del ‘Baa1’. El primero es el despliegue de infraestructura de hidrógeno, con el corredor H2Med como proyecto de referencia, donde la rentabilidad llegará, si llega, años después de la inversión. El segundo es la utilización real de sus plantas de regasificación, expuestas a un mercado internacional de gas natural licuado que se ha vuelto más competitivo. Ni uno ni otro figuran en el comunicado de la agencia.

También cuenta el precedente de S&P, que mantiene a Enagás en ‘BBB+’ y ha dejado abierta la puerta a una revisión al alza. Dos agencias mirando en la misma dirección refuerzan una tesis: el problema de la compañía nunca fue la solvencia, sino la visibilidad. Con el marco 2027-2032 publicado, esa visibilidad ya tiene precio, la retribución, y el calendario.

La paradoja del expediente es nítida: el mismo marco que ordena el negocio gasista a la baja es el que ha dado aire a la calificación crediticia.

Queda el interrogante de la ejecución. El nuevo ciclo arranca el 1 de enero de 2027 y su primer ejercicio completo servirá para comprobar si el ratio de caja se mantiene por encima del 18% con holgura o con alfileres. La revisión al alza de la nota no dependerá del marco regulatorio: dependerá de que Enagás demuestre, con caja, que no necesita ese marco para sostener la calificación.

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