10Lo que aún no se sabe: las cautelas que ponen los expertos independientes
El trabajo es, ante todo, preclínico. Los experimentos se hicieron en líneas celulares de laboratorio (MCF7, T47D, MDA-MB-231, BT-549, SK-BR-3 y MDA-MB-453) y los datos de pacientes proceden de bases públicas como TCGA, GEPIA o Kaplan-Meier Plotter, no de ensayos con personas. Los propios autores admiten que aún no han demostrado que actuar sobre Shp1 mejore la evolución clínica: para eso harán falta primero modelos in vivo y después una validación prospectiva con parámetros de seguridad legibles. Quedan además cabos sueltos en el mecanismo, como la enzima ligasa de ubiquitina que marca CXCR2 para su degradación, que no han identificado, y otros posibles sitios de fosforilación que podrían contribuir al proceso.
La segunda cautela apunta a la dirección del propio hallazgo. Shp1 es una fosfatasa a la que se atribuye en general un papel antitumoral, pero ya hay programas que persiguen lo contrario: inhibirla para desinhibir los linfocitos T y reforzar la respuesta inmune contra el tumor. Este estudio propone lo inverso, activar o aumentar Shp1 en la célula tumoral, así que queda por resolver cómo modularla de forma selectiva sin perturbar esa función inmunitaria. Conviene leer con prudencia las correlaciones clínicas, que son retrospectivas —Shp1 baja se asocia a peor pronóstico, sin que se haya probado causalidad— y la dependencia del subtipo: en los modelos HER2 positivos el eje no se comporta igual y, sin Shp1 funcional, la propia IL-8 llega a reducir la invasión. La investigación está financiada por Dompé, que impulsa la traducción, pero la terapia todavía no existe.



