El Monaco Yacht Show 2026 abre el 23 de septiembre con 120 embarcaciones y 43 estrenos absolutos en Port Hercule. He seguido las últimas cinco ediciones y ningún cartel había llegado con esta concentración de primicias. La 35ª edición confirma lo que el sector admite en voz baja: el segmento de gran eslora ya no es un capricho de temporada, sino un mercado con sus propios plazos de venta.
Del 23 al 26 de septiembre, los muelles monegascos reunirán naves de más de 24 metros con el Leviathan como techo de la flota: 111 metros del astillero holandés Oceanco y 460 millones de euros de construcción. La eslora, eso sí, es el dato menos relevante del salón. Lo sostiene su director, Toby Moore, que debuta al frente de la organización.
Port Hercule concentra 120 superyates y 43 estrenos absolutos
La cifra que ordena el mercado es otra: 43 estrenos mundiales. Ninguna otra cita del calendario náutico presenta tantos modelos nuevos a la vez, y esa acumulación tiene una lectura financiera inmediata. Un astillero que estrena en Mónaco busca comprador antes de que el casco vuelva a tocar el agua.
Si hace veinte años un yate de 50 metros era una excepción, hoy esa es la eslora media de las embarcaciones expuestas. Moore dirige además Informa Prestige, la división de lujo de Informa Group creada en 2025 que agrupa BOAT International, Top Marques Monaco y Art Monte-Carlo. Su tesis: el cliente de alto patrimonio no separa categorías.
El yate como activo: qué se paga y qué se recupera

La tendencia de fondo del salón no está en la eslora, sino en los materiales. La economía circular ha pasado del discurso a la práctica: residuos de piedra natural convertidos en superficies nuevas, alfombras tejidas con plástico recuperado del océano, tejidos de fibra reciclada y pieles curtidas sin metales para resistir el sal y el sol. La madera certificada ya es norma en muchas piezas hechas a medida.
En paralelo, la propulsión híbrida y eléctrica gana metros a bordo. Sus salas de máquinas más compactas liberan espacio habitable, y el resultado es una distribución distinta: techos de 2,20 metros o más, camarotes de invitados en cubierta principal con balcón privado y superficies solares integradas en la silueta desde la fase de diseño.
La sostenibilidad ha dejado de ser un folleto de astillero y se ha convertido en un factor de valoración en la reventa.
Para el comprador, esa suma de decisiones tiene una consecuencia directa sobre el valor residual. Una unidad construida hace una década sin propulsión híbrida ni materiales certificados compite hoy contra barcos nuevos que sí los incorporan, y en esa comparación la negociación se desplaza hacia el vendedor. No es una cuestión moral, sino de precio.
El Leviathan ilustra el otro extremo. Su propietario, Gabe Newell, ha equipado el barco con una sala de juegos y 15 simuladores y cubiertas pensadas para el yoga. Un superyate es, según Moore, uno de los últimos objetos realmente construidos a medida.
Un activo hecho a medida en un mercado que exige liquidez
Aquí conviene ser honesto con el inversor. Un superyate no es un activo de preservación de capital: se deprecia, consume tripulación, atraque y mantenimiento cada año, y solo se revaloriza en casos excepcionales vinculados a series cortas o a astilleros con lista de espera cerrada. Mi lectura del ciclo sitúa el barco en la partida de estilo de vida del balance, no en la de alternativos.
La razón es la liquidez. Por encima de los 60 metros, el universo de compradores se reduce a un puñado de nombres en todo el mundo, y una venta puede prolongarse meses con el barco parado y los costes corriendo. En las correcciones que ha atravesado el sector, las unidades medianas han encontrado salida antes que las de gran eslora.
Eso no resta mérito a lo que se verá en Port Hercule. Los 43 estrenos son el mejor indicador adelantado de hacia dónde va el diseño: refugios pensados para ser vividos, con vidrio, luz natural y conexión directa con el mar. La pregunta es cuántos de esos barcos encuentran comprador en los doce meses siguientes.
En un activo que se negocia de comprador a comprador, la liquidez pesa más que la eslora.
💎 Veredicto Wealth
Un superyate de gran eslora es un activo de disfrute, no de preservación de capital: encaja en patrimonios que ya cubren su coste operativo con otros ingresos. El riesgo a vigilar es la liquidez, porque por encima de 60 metros el comprador tarda en aparecer y el precio se negocia, no se fija.
El primer termómetro llegará el 23 de septiembre, cuando abra el salón. El segundo, a lo largo del próximo ejercicio, con los datos de reventa de las unidades presentadas: ahí se verá si los 460 millones del Leviathan son una excepción o la nueva norma del mercado.




