El Gobierno irlandés, que preside este semestre las conversaciones entre los Veintisiete sobre el presupuesto a largo plazo de la Unión Europea, presentará un borrador «ambicioso» con nuevos impuestos europeos antes de mediados de octubre. Lo confirmó este lunes Thomas Byrne, ministro irlandés de Asuntos Europeos, en un encuentro con periodistas en el que dejó claro que ninguna de las figuras fiscales encima de la mesa está descartada.
La negociación del marco financiero plurianual 2028-2034 entra así en su tramo decisivo. Las instituciones comunitarias quieren cerrar un acuerdo antes de final de año y, por primera vez en la historia del bloque, el paquete incluiría impuestos europeos propios. El texto irlandés servirá de base para la discusión de los jefes de Estado y de Gobierno en el próximo Consejo Europeo de Bruselas.
Nueve figuras fiscales sobre la mesa
El punto de partida sigue siendo la propuesta que la Comisión presentó en julio de 2025, con un techo de gasto de 2 billones de euros. Sobre ese documento, Dublín mantiene vivas todas las opciones que Bruselas y la Eurocámara han puesto encima de la mesa:
- El CBAM, el mecanismo de ajuste en frontera por carbono.
- Una tasa a la gestión de paquetes.
- Un impuesto sobre el juego en línea.
- Un tipo especial sobre el tabaco.
- El Corporate Resource for Europe (CORE), un gravamen sobre las grandes sociedades.
- Los residuos electrónicos no recogidos.
- El mercado de derechos de emisión (ETS).
- Una tasa digital.
- Un impuesto sobre los criptoactivos.
«No descartamos ningún recurso propio», dijo Byrne, que insistió en que los planteamientos de la Comisión y del Parlamento siguen vigentes. Para los Veintisiete, la clave está en que no basta con recortar gasto: hace falta financiación nueva para sostener los programas que el actual marco no cubre.
Dos bloques y un veto a 27 bandas
Las conversaciones han dividido a los Estados miembros en dos campos. El grupo de los Amigos de la Cohesión, formado por 17 países entre los que están España, Italia, Polonia, Hungría y Portugal, defiende mantener la financiación de la agricultura, la pesca y el desarrollo regional, que se reduciría con la propuesta de Bruselas. En el lado contrario, el bloque de los «frugales» —Alemania, Finlandia, Austria y Dinamarca— reclama un recorte significativo del presupuesto y redirigir el gasto hacia competitividad y defensa. Se presentan como «modernizadores» y rechazan las nuevas figuras fiscales, convencidos de que les convertirían en contribuyentes netos.
En junio, Chipre, que pilotaba entonces las discusiones, propuso un compromiso con una tijera de 32.800 millones de euros centrada en los programas preferidos por los modernizadores. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha repetido que el presupuesto sigue necesitando recortes y mantiene su escepticismo hacia los recursos propios.
«La Presidencia irlandesa confía en entregar un buen paquete de recursos propios. Los recursos propios son parte de la solución.» — Thomas Byrne, ministro de Asuntos Europeos de Irlanda, 21 de septiembre de 2026
Byrne advirtió además de las consecuencias de un fracaso: «Si no hay acuerdo antes de final de año, sería decepcionante para los beneficiarios de 2028», y añadió que un cierre fallido en diciembre «socavaría la credibilidad de Europa». El procedimiento exige el voto favorable de los 27 y el consentimiento del Parlamento Europeo.

Lo que veo en el borrador irlandés
Hay un detalle que me parece más relevante que la lista de impuestos: Dublín no ha querido cerrar ninguna puerta cuando el calendario aprieta. Irlanda tiene hasta mediados de octubre para fijar el texto que llegará al Consejo Europeo.
El precedente ayuda a calibrar la dificultad. El marco 2021-2027 estrenó el gravamen sobre los residuos de plástico no reciclados, la primera figura nueva en décadas, y lo hizo con un peso muy inferior al que tendrían el CBAM o el CORE. Cuando el paquete toca energía, comercio digital y sociedades, la discusión deja de ser presupuestaria y pasa a ser fiscal en sentido estricto.
Lo que veo aquí es una presidencia que gestiona expectativas. Todos los recursos propios siguen sobre la mesa, pero nadie garantiza que lleguen al texto final, y la unanimidad de los 27 convierte cualquier bloqueo en un veto. El riesgo que los datos no resuelven es el de un acuerdo de mínimos: cerrar 2026 con recortes y aplazar los impuestos nuevos a la próxima década. Eso daría a los frugales una victoria política y dejaría a los beneficiarios de 2028 con la misma incertidumbre. El hito a seguir es claro: el borrador de mediados de octubre y el Consejo Europeo que lo discutirá.
🌍 El impacto en España y Europa
En términos directos, esta negociación no mueve el Euríbor: no es política monetaria y el BCE no tiene aquí competencia alguna. El resultado sí toca el bolsillo y la financiación de las empresas españolas:
- Fondos de cohesión y PAC: España forma parte del grupo de 17 países que defiende la financiación agrícola, pesquera y regional, amenazada por los recortes que piden los frugales.
- El CBAM encarecería el cumplimiento de los exportadores españoles de acero, aluminio, cemento y fertilizantes que venden fuera de la UE.
- La tasa digital y el CORE afectarían a las filiales españolas de grandes tecnológicas y a los grupos del IBEX con actividad transfronteriza.
- Un encarecimiento de la energía vía derechos de emisión añadiría décimas de presión sobre los precios y complicaría la hoja de ruta del BCE.




