La galaxia NGC 4698, a 55 millones de años luz de la Tierra, gira al revés por dentro. Su disco de estrellas y gas rota en un plano casi perpendicular al de su núcleo, y el telescopio Hubble acaba de retratar esa discordancia con un detalle notable: el brillo fantasmal del bulbo asoma por encima y por debajo del disco de polvo.
El objeto está en la constelación de Virgo y forma parte del cúmulo de Virgo, el conjunto de galaxias ligado por gravedad más cercano al nuestro, con más de un millar de miembros. Entre tantos vecinos, una espiral como esta puede acabar contando una historia muy distinta de la que sugiere su aspecto sereno.
Una espiral con los brazos fuera de sitio
NGC 4698 es una espiral parecida a la Vía Láctea, con brazos que se curvan dentro de un disco fino de estrellas, gas, y polvo, salpicados de cúmulos de estrellas azules y de grumos opacos de polvo marrón. La diferencia salta a la vista en la nueva imagen: sus brazos solo son prominentes en las regiones exteriores. En la mayoría de las espirales se enroscan hasta el mismo centro; aquí parecen rehuirlo y se quedan suspendidos en una estructura anular alrededor del perímetro.
El centro lo domina un bulbo galáctico alargado, cuyo resplandor blanquecino procede de estrellas más pequeñas, viejas y frías que las azules del disco exterior. Esas estrellas apiñadas orbitan un agujero negro supermasivo que reúne millones de veces la masa del Sol, y los astrónomos han encontrado indicios de que está creciendo, atrayendo gas hacia dentro con su gravedad.
La rareza no termina ahí. NGC 4698 es una de las pocas espirales conocidas cuyo bulbo se extiende fuera del disco en ángulo recto, y las estrellas y el gas más cercanos al centro rotan perpendiculares al resto del disco. Dicho de otra forma: el corazón de la galaxia gira en un plano distinto del que siguen sus brazos.
Dos discos de estrellas giran cruzados dentro de la misma galaxia, como dos peonzas montadas sobre ejes distintos.
Cómo se detecta un núcleo desincronizado

La pista no está dentro de NGC 4698, sino fuera. La hipótesis principal apunta a un aporte externo de gas: si la galaxia canalizó material procedente de otra parte, ese gas recién llegado pudo formar un disco propio de gas y estrellas en el centro, inclinado respecto al disco principal. Algunas observaciones apuntan además a una fusión galáctica menor en su pasado, testimoniada por una corta cola de hidrógeno que escapa por uno de los lados.
La imagen procede de un programa de observación dedicado a las galaxias del cúmulo de Virgo, que se acerca al detalle de objetos relativamente cercanos, como cúmulos estelares y nebulosas individuales, mientras reúne datos sobre el cuadro general: cómo el viaje de una galaxia a través de un cúmulo condiciona su evolución y su capacidad de formar nuevas estrellas. El retrato completo puede consultarse en la nota oficial de la NASA sobre la galaxia.
Conviene poner la distancia en perspectiva. Los 55 millones de años luz que nos separan de NGC 4698 significan que la luz captada por el Hubble salió de allí cuando en la Tierra los dinosaurios llevaban poco tiempo extintos, hace unos 66 millones de años. La fotografía es, en cierto modo, un mensaje enviado desde una galaxia que ya no es exactamente así. Y el viaje no es una opción: a la velocidad de la Voyager 1, unos 17 kilómetros por segundo, una sonda tardaría más de 900.000 millones de años en llegar.
La fusión que explica el desajuste y lo que aún falta por demostrar
La explicación del núcleo cruzado no es una certeza, sino la hipótesis que mejor encaja con los datos disponibles. La fusión se deduce, no se ha visto: llega desde una cola de hidrógeno y desde la geometría misma del bulbo, no desde la observación directa del choque. Nadie ha registrado el momento en que aquel gas externo cayó hacia el centro de la galaxia. Eso sí, el mecanismo tiene precedentes conocidos: la captura de material ajeno puede reorganizar el corazón de una espiral sin deshacer su disco exterior.
Hay una razón de peso para estudiar objetos así. Las fusiones figuran entre las fuerzas que esculpen la evolución de las galaxias, y calcular cuántas veces ocurren exige calibrar bien los casos locales. El cúmulo de Virgo, con más de mil galaxias a distancias relativamente manejables, funciona como un laboratorio estadístico: cada ejemplar raro ayuda a estimar la frecuencia real de estos episodios. La resolución del Hubble, en órbita desde 1990, es lo que permite distinguir cúmulos estelares y nebulosas individuales a esa distancia.
Queda una pregunta abierta y una tarea pendiente. El equipo MAUVE-HST seguirá observando galaxias del cúmulo de Virgo; cuando la serie esté completa, los investigadores podrán comparar geometrías y calcular qué proporción de espirales ha pasado por un episodio semejante. Solo entonces se sabrá si NGC 4698 es una rareza casi única o el primer miembro de una familia que hasta ahora nadie había mirado con la atención suficiente.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: el retrato de detalle de NGC 4698, una espiral cuyo núcleo y bulbo giran en un plano casi perpendicular al de su disco de estrellas.
- Dónde: constelación de Virgo, a unos 55 millones de años luz de la Tierra, dentro del cúmulo de Virgo.
- Institución responsable: NASA y ESA, con imagen del telescopio Hubble y datos del equipo MAUVE-HST (crédito de D. Thilker).
- Cuándo: observaciones del programa del Hubble sobre las galaxias del cúmulo de Virgo, con imagen difundida por la NASA y la ESA.
- Impacto a futuro: permite estimar con qué frecuencia las fusiones menores reorganizan el corazón de una galaxia espiral.




