La CFTC ha movido ficha en solitario en plena batalla por la regulación cripto en Estados Unidos. El regulador de los mercados de derivados envió el jueves a la Casa Blanca una propuesta para supervisar las transacciones y los mercados de criptoactivos, apenas dos días después de que el Senado bloqueara la Clarity Act, la ley que debía repartir competencias entre los supervisores estadounidenses.
El documento se titula ‘Regulation Crypto Asset Transactions and Regulation Crypto Asset Markets’ y ha entrado en el circuito de revisión de la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB, el organismo que valida las normas antes de que se hagan públicas). Por ahora no se conoce el detalle: el registro oficial solo confirma que la propuesta existe, sin desvelar cuántos supuestos cubre ni con qué plazos. La CFTC publica cada norma en su web oficial (cftc.gov) cuando supera esta fase.
Es un movimiento con matices. La agencia puede sacar reglas por su cuenta, sin necesidad de una ley nueva, pero su margen es más estrecho y mucho más fácil de tumbar en los tribunales que el de una norma aprobada por el Congreso.
Qué propone la CFTC y por qué llega ahora
El organismo que preside Mike Selig no ha querido esperar. Un día antes de remitir la propuesta a la Casa Blanca, el propio Selig escribió en X que el resultado de la votación del Senado había sido ‘lamentable’ y que la agencia estaba ‘preparada para sacar sus reglas para la nueva frontera de las finanzas’. Lo dijo sin rodeos: pensaba seguir adelante con ley o sin ella.
La Clarity Act quería resolver algo que en Estados Unidos sigue pendiente: aclarar qué criptoactivos son valores (securities), cuáles son materias primas (commodities) y cómo encajan las stablecoins, las monedas digitales atadas al valor de una divisa. Hoy esa frontera es difusa, y de ella depende quién manda sobre cada token, si la SEC o la propia CFTC.
Sin una ley que reparta competencias, cada supervisor legisla a su manera y el mercado queda atrapado entre dos interpretaciones.
El Senado bloqueó el texto el martes en una votación de procedimiento. El motivo de fondo no fue técnico, sino político: los demócratas exigían reglas de ética más duras para evitar que los cargos públicos se lucraran con cripto, un punto sensible por los negocios de la familia Trump en el sector. Un borrador que prohibía a los funcionarios ganar dinero con activos digitales circuló en julio, pero para parte de la oposición no llegaba lo bastante lejos.
A quién afecta esta regulación cripto en Estados Unidos
La CFTC mueve sus piezas, pero no está sola. La SEC aprobó esta semana la negociación de acciones tokenizadas y en agosto propuso su propio marco para las emisiones de criptoactivos. Los dos grandes supervisores estadounidenses avanzan en paralelo mientras el Congreso se atasca. El resultado es un escenario regulatorio a varias velocidades.
Para el inversor español la distancia no le libra del efecto. Estados Unidos es el mayor mercado de capitales del mundo y lo que allí se decida marca el tono global. Los marcos que salgan de Washington terminan arrastrando a los exchanges europeos, a los emisores de stablecoins y a los fondos que operan con cripto. MiCA, la norma europea que ya cubre a los residentes en la UE, protege al usuario, pero ninguna plataforma global funciona en compartimentos estancos.
También hay un aviso para navegantes. Trump prometió en campaña ser el presidente más amigable con el sector, después de años de litigios de la administración anterior contra empresas de activos digitales. Desde que llegó a la Casa Blanca, la SEC y la CFTC han cambiado el tono y han aparcado expedientes. El riesgo que señalan los críticos es el opuesto: que la cercanía se convierta en favoritismo.
Un patrón que se repite: regular por la puerta de atrás
No es la primera vez que en Estados Unidos una norma clave para cripto muere en el Senado. Pasó en 2022 con los intentos de ordenar las stablecoins tras el colapso de Terra, el proyecto que se hundió llevándose por delante miles de millones de dólares de ahorradores. Y volvió a pasar cada vez que una ley integral se quedó en el cajón. Siempre que el legislador se atasca, los reguladores tiran de su propia capacidad para sacar reglas: más rápidas de aprobar, más frágiles de sostener.
Ahí está la contradicción de fondo. La industria lleva años pidiendo claridad, pero la claridad que llega por decreto dura lo que dura quien la firma. Una norma de la CFTC se puede impugnar en los tribunales con más facilidad que una ley, y un cambio de administración puede darle la vuelta. Para una empresa que quiere operar a diez años, eso no es estabilidad.
Queda por ver cuánto tarda la propuesta en ver la luz y con qué alcance. Selig ha dicho que quiere cerrar las reglas antes de que acabe el actual mandato presidencial, en enero de 2029. Entre medias, la pelota sigue en el Senado. Si la Clarity Act vuelve a la mesa con un texto de ética que contente a los demócratas, los supervisores podrían tener que reescribir parte de lo hecho. Si no, Estados Unidos caminará hacia un marco cripto construido a golpe de agencia y no de ley.




