Europa y Canadá se plantan ante los aranceles Trump y buscan nuevas alianzas

El analista de Negocios TV sostiene que Ottawa busca alternativas al acoso arancelario de Washington y que Bruselas quiere profundizar su acuerdo comercial con Canadá sin prometerle la entrada en la UE.

Canadá y la Unión Europea han dejado de esperar a que Washington modere el tono. En su último análisis para Negocios TV, los colaboradores del canal sostienen que el mundo empieza a cansarse del trato que impone Donald Trump y que Ottawa y Bruselas ya exploran alternativas comerciales propias, sin romper del todo el vínculo con Estados Unidos.

Canadá planta cara al acoso comercial de Washington

El analista del programa describe la decisión canadiense como el ejercicio de un derecho: buscar salidas al acoso constante y permanente que, a su juicio, ejerce la administración estadounidense sobre el país. Los canadienses están hartos de que se les trate como si fueran un estado más de la Unión, y esa percepción se ha instalado en la conversación pública.

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El detonante fue el etiquetado. El equipo de Trump consideró una barrera comercial que los productos llevaran el texto en francés y en inglés, lenguas ambas cooficiales, algo que en Ottawa se leyó como una imposición ajena a la realidad canadiense. Según el análisis emitido por Negocios TV, Mark Carney —descrito como un estratega y un diplomático de primer nivel— zanjó la negociación y asumió la guerra comercial, para después activar la diversificación de socios en materia económica y de seguridad.

Europa, socio preferente pero no Estado número 28

El colaborador insiste en un matiz que estos días se ha traducido mal: la aproximación a Bruselas no convierte a Canadá en el Estado número 28. El Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea exige a los candidatos estar geográficamente en Europa, y Ottawa no cumple ese punto, de modo que haría falta una reforma aprobada por unanimidad de los Veintisiete. Lo que sí cabe, apunta, es un régimen de partenariado especial.

Sobre la mesa está el acuerdo de libre comercio vigente desde 2017, con un intercambio bilateral que el analista cifra en 130.000 millones. La vía realista sería profundizar la cooperación en políticas comunitarias, sin llegar al modelo noruego o suizo, que integra el mercado interior a cambio de asumir normativa europea y renunciar a la silla en el Consejo, la Comisión y el Parlamento. Ese estatuto, duda, tampoco lo aceptarían los propios canadienses.

La lectura de fondo es un aviso a Trump: si la presión continúa, Ottawa y Bruselas acelerarán sus propias dinámicas. Entre ellas, recuerda, la apertura del mercado canadiense a los coches eléctricos chinos, una puerta que la UE podría mirar con otros ojos si la administración estadounidense sigue marcando los tiempos.

Si sigue acosando a Canadá y a la Unión Europea, ambas buscarán sus propias vías y dinámicas, sin depender de los vaivenes caóticos de Washington.

— Emilio, analista, en Negocios TV

Una cumbre de la ONU sin grandes titulares

El otro eje del programa fue la Asamblea General de Naciones Unidas, que reúne a los líderes en Nueva York. La expectativa del presentador es escasa: Trump volverá a ser protagonista y los países del Golfo intentarán mediar, pero el formato no invita a pensar en avances sobre los conflictos abiertos.

Sergio describe un patrón que ya se ha repetido: hoy llega un arancel, mañana una operación militar y después una amistad recompuesta. En su opinión, Washington se ha convertido en un socio imprevisible, y eso empuja a los gobiernos a buscar coberturas propias. También sostiene, en tono crítico, que el peso israelí en las decisiones estadounidenses es determinante; se trata de una valoración personal del colaborador, no de un dato confirmado.

El dólar, la hegemonía y los bloques que se reconfiguran

Ambos colaboradores coinciden en el diagnóstico económico: Estados Unidos pierde hegemonía global y el dólar afronta presiones, mientras la Casa Blanca intenta retener a sus aliados con aranceles selectivos, con un 15% sobre Europa como ejemplo recurrente. Sergio no cree que el pulso derive en un conflicto militar —Washington sigue siendo la primera potencia armada del planeta—, pero sí ve bloques históricos que se agrietan y un acercamiento europeo a China que hace unos años resultaba impensable.

Qué supone esto para el lector europeo

Para Europa, el episodio tiene una lectura práctica. El acuerdo con Canadá, aplicado de forma provisional desde septiembre de 2017 y aún pendiente de ratificación completa en algunos capítulos, es la herramienta más madura que tiene Bruselas para demostrar que existen alternativas. Profundizarlo no exige reabrir tratados ni tocar la unanimidad: bastan decisiones políticas y comerciales concretas. Ahí está la parte útil del mensaje.

La otra mitad es de riesgo. Si la respuesta estadounidense a cada gesto de autonomía es un arancel más alto, la lógica del pulso se retroalimenta y quien acaba pagando la factura es el exportador pequeño, el fabricante mediano y el consumidor. Europa esta buscando precisamente eso —margen—, y lo hace en un momento en el que la semana de alto nivel de la ONU vuelve a poner a Trump en el centro de la foto. El análisis del canal no anticipa grandes acuerdos, pero sí un cambio de humor global: menos sumisión y más cálculo propio.

Conviene no exagerar. Nadie está proponiendo una ruptura con Washington, y el vínculo de seguridad sigue siendo la argamasa del vínculo occidental. Lo que cambia es la disposición a diversificar, a firmar con otros y a no aceptar condiciones que se consideran injerencias. Esa disposición, sostienen en Negocios TV, ha llegado para quedarse.

Queda por ver hasta dónde está dispuesta a llegar Europa cuando el coste de la autonomía se mida en puestos de trabajo y en facturas energéticas. La pregunta no es si Bruselas quiere más margen, sino cuánto está dispuesta a pagar por él.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.

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