En sus orígenes, Grupo Profand ya era un ambicioso proyecto empresarial en Galicia. En agosto de 2011 se fraguó la fusión por absorción del histórico grupo Frigoríficos Fandiño por parte de Congelados Marinos Promar. Pero la realidad ha ido mucho más allá: en la actualidad, la firma se ha convertido en un verdadero coloso mundial de la pesca, el procesamiento y la comercialización de productos del mar, con una facturación superior a los 1.100 millones de euros y sede en Vigo. Un crecimiento en el que se esconde un acelerador secreto que explica, en parte, su notable expansión: Mercadona.
Al frente de esta maquinaria se encuentra su fundador, presidente y administrador único, el empresario Enrique Bernardo García Chillón, quien articula el control del imperio a través de sus sociedades patrimoniales Profand Fishing Holding y Lucasiñas. Su visión para hacer crecer la compañía encontró el catalizador perfecto al cruzar su camino con Juan Roig. La alianza estratégica sellada con Mercadona, convirtiéndose en uno de los grandes interproveedores —ahora denominados proveedores «totaler»— de la cadena de supermercados líder en España, supuso el espaldarazo definitivo para Profand.
Mercadona convierte a Profand en el Rey del Mar
Convertirse en uno de los grandes suministradores de los lineales de Mercadona garantiza, de entrada, un enorme volumen de ventas. De hecho, las propias cuentas anuales de la compañía viguesa muestran una curva de facturación que no parece tocar techo. En el año de la pandemia, 2020, el grupo ya presentaba unos robustos ingresos de 259 millones de euros. Esa cantidad ha ido aumentando ejercicio tras ejercicio de manera incesante: alcanzó los 309,9 millones en 2021, superó los 337 millones en 2022 y, tras una ligera pausa de consolidación en 2023 y un rebote en 2024, ha pulverizado sus registros con un récord histórico de casi 418 millones de euros de facturación.
En otras palabras, el crecimiento de la cifra de negocios de Profand ha sido superior al 60% en apenas cinco años. Y en esa evolución, Mercadona ha tenido mucho que ver. La propia auditoría de la empresa refleja que el principal cliente de la firma pesquera llegó a concentrar el 59% de las ventas totales del grupo. Aunque ser uno de los principales proveedores «totaler» del gigante valenciano también tiene efectos menos positivos, especialmente la necesidad de ser capaz de producir al ritmo que exige un cliente de semejante tamaño, incluso a costa de limitar la rentabilidad de la compañía.
Ese es, en parte, el gran problema al que se enfrenta Profand. Al fin y al cabo, la compañía debe mantener precios altamente competitivos para el consumidor final, lo que obliga a trabajar con unos márgenes operativos estrechos. El resultado es una estrategia extremadamente difícil de gestionar cuando el entorno macroeconómico se vuelve inflacionista, algo que, desgraciadamente para la compañía, se ha convertido en la tónica habitual de los últimos años.
Profand, en busca de la rentabilidad perdida
La paradoja de Profand es que, pese a vender muchísimo más que hace años, sus ganancias se han ido resintiendo. El contraste es evidente: mientras que en el ejercicio 2020 la firma presentaba un holgado beneficio neto de 18,4 millones de euros, al cierre de 2025 el resultado neto final se había reducido a poco menos de cinco millones de euros. Esa evolución tiene un factor determinante: el incesante incremento del coste de los aprovisionamientos. La compra de materias primas pesqueras a nivel mundial, sumada al alza de los costes logísticos y energéticos, ha llevado este gasto hasta los 387,4 millones de euros en 2025.
La tensión entre el enorme volumen de producción exigido y la estrechez de los márgenes comerciales obligó a la compañía a buscar inyecciones de capital para sostener su fondo de maniobra y mantener el ritmo de crecimiento. De hecho, en septiembre de 2021, la familia March, a través de su brazo inversor Corporación Financiera Alba, desembolsó 100 millones de euros para adquirir el 23,7% del grupo pesquero. Una inyección de liquidez fundamental para sostener el ritmo de expansión internacional durante los años de mayor presión inflacionista.
Y es que la compañía entró en una carrera para adquirir otras firmas y reforzar su crecimiento internacional. En este sentido, en 2022 adquirió el 68,5% de la sociedad griega Kefalonia Fisheries, una corporación líder en la producción de dorada y lubina. Además de mantener y crecer en otros mercados como Argentina, a través de Pesquera Deseado; Marruecos, mediante Société Financière du Souss; o India, la compañía gallega ha lanzado una ofensiva puramente comercial, abriendo filiales estratégicas de forma ininterrumpida. Así nacieron Profand France en 2021, Profand Ecuador a finales de 2022, Profand UK en pleno corazón del mercado británico a lo largo de 2023 y la reciente apertura de Profand Italia en los últimos compases del ejercicio 2025.
García Chillón vuelve a tomar el control de Profand
Aunque quizás el movimiento más atrevido de la directiva ha sido recuperar la totalidad de su imperio. A principios de 2025, la matriz de Profand, Lucasiñas, cerró un acuerdo para recomprar esa misma participación a los March por 127 millones de euros, operación que implica una importante plusvalía para Corporación Financiera Alba. Además, en julio de 2025, el grupo blindó su estabilidad a largo plazo al firmar un nuevo crédito sindicado sostenible de 240 millones de euros, con vencimiento en 2032, asegurando así la liquidez necesaria para los próximos siete años.
La estrategia de García Chillón parece evidente: emanciparse paulatinamente hasta convertirse en un gigante que no dependa de inversores externos. Eso, por ejemplo, se aprecia a la perfección en la nueva configuración del accionariado. Pero también en su intento de reducir la dependencia de Mercadona. De hecho, la exposición al gigante de la distribución ha descendido de forma sostenida, desde el 59% de 2021 hasta situarse en el 51% de las ventas totales en el último ejercicio.





