Los anillos de Cariclo, entre Saturno y Urano, han cambiado en direcciones opuestas desde la última vez que los observamos. El telescopio James Webb ha medido que el anillo interior es ahora mucho más opaco y el exterior bastante menos, un giro que los modelos actuales no explican en un cuerpo tan pequeño y tan remoto. El resultado lo firma un equipo internacional liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y se publica el 9 de septiembre en Science Advances.
Cariclo es un centauro, una familia de objetos del sistema solar exterior que mezcla rasgos de asteroide y de cometa y que orbita entre Saturno y Urano. Mide unos 250 kilómetros de diámetro, una anchura comparable a la distancia por carretera que separa Madrid de Burgos. Y en 2013 se convirtió en el primer cuerpo pequeño del sistema solar al que se le descubrieron anillos.
Dos anillos que envejecen en direcciones opuestas
Aquellos primeros anillos se detectaron con telescopios en tierra, y se volvieron a observar en 2014 y en 2017. Cuando el Webb apuntó a Cariclo en 2022, la comparación dejó una imagen distinta: el anillo interior presenta ahora una opacidad significativamente mayor, mientras que el exterior muestra una opacidad menor. Han evolucionado en sentido contrario. Pablo Santos-Sanz, investigador del IAA-CSIC y primer firmante del trabajo, resume que ese cambio opuesto entre los dos anillos apareció al cotejar los datos del Webb con los de la última década.
Nadie sabe todavía cómo ha ocurrido. Los autores manejan tres explicaciones. La primera es instrumental: la resolución del Webb es tan fina que quizá no ha visto anillos nuevos, sino zonas más densas y más dispersas que antes se promediaban en una sola medida. La segunda apunta a cambios reales en el material del anillo o en los granos que lo componen. La tercera mezcla ambas ideas: granos cuyas propiedades ópticas dependen de la longitud de onda, de modo que la composición y el tamaño de las partículas bastarían para explicar la variabilidad.
Lo importante, sostiene Santos-Sanz, es que los cuerpos pequeños con anillos, incluso los que orbitan lejos de la influencia gravitatoria de un planeta, cambian más de lo que se creía. Sus resultados obligan a repensar cómo se forman, cómo evolucionan,, y qué mecanismos mantienen su estabilidad. La causa sigue abierta.
Los dos anillos de Cariclo han seguido caminos distintos en una década, y todavía no sabemos si el cambio es real o solo una mirada más nítida.
Cómo se observan unos anillos que no se pueden fotografiar

Los anillos de Cariclo son demasiado tenues para fotografiarlos directamente. La única vía es esperar a que el objeto pase por delante de una estrella lejana y medir cómo parpadea esa luz. Es lo que se llama una ocultación estelar: cada vez que Cariclo y sus anillos se interponen entre el telescopio y la estrella, cada anillo provoca una caída breve y característica del brillo. De esa curva de luz se deducen el grosor y la opacidad. Es la misma técnica que el Webb emplea para estudiar las atmósferas de planetas de otros sistemas.
Los anillos de un cuerpo lejano se estudian igual que la atmósfera de un exoplaneta: no se ven, se miden por el parpadeo que dejan sobre la luz de una estrella.
Esta vez, además, la observación se planificó a propósito. Según el equipo, es la primera campaña del Webb diseñada específicamente en torno a una ocultación estelar. Para acertar con el instante exacto hicieron falta dos piezas: las posiciones precisas de más de 2.000 millones de estrellas, cartografiadas por la misión Gaia de la ESA, y la órbita calculada del propio telescopio, situado a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en dirección opuesta al Sol, casi cuatro veces la distancia que nos separa de la Luna. Cariclo se movía despacio respecto al Webb, a unos 2,5 kilómetros por segundo: diez veces más rápido que un avión comercial, pero lo bastante lento para que la caída de luz quedara bien dibujada.
Por qué el resultado obliga a repensar los anillos de los cuerpos pequeños
Los centauros son una de las familias más extrañas del sistema solar: cuerpos helados y pequeños, atrapados en órbitas inestables entre los gigantes gaseosos, que a veces se comportan como asteroides y a veces como cometas. Que uno de ellos tenga anillos ya fue una sorpresa en 2013. Que esos anillos cambien en una década es otra. La consecuencia teórica es directa: si las partículas de un anillo se reorganizan por sí solas, sin la tutela gravitatoria de un gran planeta, entonces los anillos pequeños no son estructuras estáticas, y los mecanismos que los mantienen unidos resultan más delicados, y más variados, de lo que sugerían los modelos construidos a partir de los anillos de Saturno.
Me parece un resultado sólido en su parte observacional y prudente en su interpretación. El equipo no elige entre las tres hipótesis, y hace bien: con una sola época de datos del Webb es imposible separar un cambio real en los anillos de un efecto de cómo los ve el instrumento. La prueba está en la próxima ocultación estelar de Cariclo, aún sin fecha confirmada. Si el anillo interior vuelve a aparecer más opaco y el exterior más transparente, la evolución temporal quedará confirmada y habrá que reescribir los modelos de estabilidad. Si no, la explicación estará en el tamaño y la composición de los granos. Queda la prueba definitiva.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: los dos anillos de Cariclo han cambiado de forma opuesta: el interior es ahora más opaco y el exterior menos.
- Dónde: en el sistema de anillos de Cariclo, un centauro de unos 250 kilómetros de diámetro que orbita entre Saturno y Urano.
- Institución responsable: equipo internacional liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), con observaciones del telescopio James Webb.
- Cuándo: datos tomados por el Webb en 2022 y comparados con observaciones de 2014 y 2017; estudio publicado el 9 de septiembre de 2026 en Science Advances.
- Impacto a futuro: obliga a revisar cómo se forman, evolucionan y se mantienen estables los anillos de los cuerpos pequeños del sistema solar.




