La fotovoltaica flotante supera los 9,6 GWp instalados en el mundo y busca su encaje ambiental

La reducción de la evaporación se perfila como el beneficio con mayor respaldo científico, según un análisis de 422 evidencias. Sin embargo, los efectos químicos y biológicos a largo plazo siguen sin estar suficientemente cuantificados.

La fotovoltaica flotante supera ya los 9,6 GWp de potencia instalada en el mundo y abre un debate tan necesario como incómodo: cómo producir energía renovable sobre el agua sin ignorar lo que ocurre debajo de la superficie.

Del suelo al agua: una alternativa que evita la competencia por el terreno

La transición energética necesita espacio. Las plantas solares ocupan terrenos que también pueden tener usos agrícolas, industriales o naturales, y esa competencia se agrava a medida que aumenta la demanda de electricidad renovable. La alternativa, cada vez más visible, es mirar hacia un lugar que hasta hace poco quedaba fuera del mapa solar: la superficie del agua.

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La idea de base es sencilla. Consiste en colocar módulos fotovoltaicos sobre estructuras flotantes y mantenerlos en posición mediante sistemas de anclaje. El agua contribuye además a refrigerar los paneles. Sobre todo, la fotovoltaica flotante permite producir electricidad sin utilizar grandes extensiones de suelo, una ventaja especialmente atractiva en lugares donde la disponibilidad de terrenos adecuados constituye una limitación.

El beneficio mejor documentado: menos evaporación y sinergias con la hidroeléctrica

Existe una relación menos evidente entre los paneles y el agua. Al proyectar sombra sobre una parte de la superficie, las instalaciones flotantes pueden reducir la pérdida de agua por evaporación. Un estudio de 2023, recogido en el análisis publicado por Ethic, compiló 422 evidencias sobre sus efectos en sistemas de agua dulce e identificó la reducción de la evaporación como el efecto con mayor respaldo documental.

La letra pequeña manda. El mismo estudio advertía, sin embargo, que el conocimiento sobre las consecuencias químicas y biológicas seguía siendo mucho más limitado. En regiones sometidas a estrés hídrico puede resultar especialmente interesante producir electricidad y, al mismo tiempo, conservar parte del agua de un embalse.

La reducción de la evaporación es el efecto mejor documentado, pero el conocimiento químico y biológico sigue siendo mucho más limitado.

La fotovoltaica flotante también puede complementar a la generación hidroeléctrica, aprovechando una infraestructura que ya existe. Un estudio de 2026 identifica la conservación del agua y las sinergias con la hidroelectricidad entre los posibles beneficios de esta tecnología.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Potencia instalada: 9,6 GWp en todo el mundo a cierre de 2024.
  • Evidencia principal: 422 evidencias analizadas; la reducción de la evaporación es el efecto más documentado.
  • Sinergia clave: Aprovecha embalses y complementa la generación hidroeléctrica existente.
  • Incertidumbre pendiente: Efectos químicos y biológicos a largo plazo no detallados en la evidencia científica disponible.

La letra pequeña ecológica: lo que la sombra cambia debajo del agua

Pero una masa de agua no es una superficie vacía. La luz que llega a ella condiciona la temperatura y la producción primaria acuática, mientras que el viento y la circulación del agua intervienen en la oxigenación y la distribución de nutrientes. Cuando una instalación cubre una parte de esa superficie, introduce una nueva estructura en un ecosistema que ya funcionaba antes de su llegada.

Un análisis publicado en 2023 sobre los efectos ecológicos de la fotovoltaica flotante en lagos señala que una cobertura elevada puede reducir la llegada de luz, la velocidad del viento y la temperatura del agua. También puede modificar la oxigenación y otros procesos ecológicos. Las propias estructuras pueden proporcionar nuevos sustratos para algunos organismos. Eso, con todo, no significa que una instalación mejore automáticamente la biodiversidad.

Los autores subrayan que las consecuencias dependen de las características de cada instalación y de cada masa de agua. Un estudio distinto, publicado en 2024, identifica el efecto sombra, las variaciones en el intercambio gaseoso y la hidrodinámica, las alteraciones en las comunidades bentónicas y el impacto sobre las especies móviles. Todavía faltan estudios capaces de determinar sus efectos a largo plazo.

Cobertura, profundidad y circulación: cuándo sí y cuándo no tiene sentido

El verdadero desafío no consiste en demostrar que la tecnología funciona, sino en aprender dónde y cómo hacerlo. El porcentaje de superficie cubierta, la ubicación de los módulos, la profundidad, la circulación del agua y los usos existentes pueden determinar sus efectos.

La tecnología no convierte por sí misma un embalse en un ecosistema más saludable ni permite considerar cualquier superficie acuática como territorio disponible para la transición. Pero sí plantea la posibilidad de que una infraestructura destinada a producir electricidad desempeñe otras funciones: desde reducir la presión sobre el suelo hasta conservar agua.

Análisis: aprender a producir sin tratar el agua como territorio disponible

El precedente de la solar en tierra ayuda a leer el momento. La fotovoltaica convencional ha escalado hasta convertirse en una de las formas más baratas de generación, como recoge la Agencia Internacional de la Energía en sus análisis solares, mientras el despliegue renovable europeo sigue acelerándose para cumplir los objetivos de descarbonización de la Comisión Europea. La fotovoltaica flotante hereda esa inercia, pero añade una exigencia que la solar terrestre no tuvo que gestionar tan pronto: la coexistencia con un ecosistema vivo.

El dato manda. No se trata de llenar embalses de paneles para sumar gigavatios al mix. Se trata de decidir qué porcentaje de cobertura es compatible con cada ecosistema, qué ubicación minimiza el daño y qué monitoreo acompaña cada proyecto. Solo así la etiqueta de energía renovable no se quedará en un titular.

La transición energética no puede permitirse repetir en el agua los errores de una expansión sin límites. El dato de los 9,6 GWp es un punto de partida, no una victoria. La credibilidad de la fotovoltaica flotante dependerá de que cada nuevo megavatio esté acompañado por una evaluación ecológica honesta, no por una promesa verde sin medición.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: 9,6 GWp instalados y una reducción de la evaporación que puede conservar agua en zonas con estrés hídrico.
  • Modelo que cambia: La generación fotovoltaica deja de competir exclusivamente por el suelo y se integra en embalses e infraestructuras hidroeléctricas.
  • Para las próximas generaciones: La vía pasa por evaluar cada instalación con datos ecológicos, no por tratar el agua como un espacio vacío.

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