Un cráter nuevo en la Luna de 222 metros de diámetro llevaba dos años escondido en su borde oriental. La sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) lo detectó en octubre de 2025 y ahora dos estudios de la NASA publicados en Science Advances lo confirman como el mayor impacto reciente documentado en el sistema solar.
El hallazgo aparece descrito en dos artículos que vieron la luz el 15 y el 16 de septiembre, según el comunicado del centro Goddard de la NASA. El cráter ya tiene nombre propio: McGetchin, en honor al científico lunar Tom McGetchin, y su origen está datado: chocó contra la superficie entre el 11 de abril y el 22 de mayo de 2024.
Un agujero de dos campos de fútbol que nadie vio llegar
Aquel objeto no era pequeño. Medía entre tres y seis pisos de altura, según las estimaciones del equipo: un cometa o un asteroide que llegó intacto porque la Luna carece de atmósfera capaz de frenarlo o desintegrarlo. El resultado fue un cráter de 728 pies de ancho, esto es, unos 222 metros, la longitud de dos campos de fútbol puestos en fila.
Sus 141 pies de profundidad (43 metros) permitirían apilar tres autobuses escolares amarillos uno sobre otro. La anchura del cráter supera además el eje mayor del Coliseo romano. Un impacto de esta magnitud golpea la Luna aproximadamente una vez cada siglo, o incluso menos. El cráter se abrió en el borde oriental del satélite.
Y, sin embargo, nadie lo vio durante dos años. Permaneció invisible en los mapas hasta mucho después, sin que ningún telescopio terrestre ni instrumento orbital lo hubiera registrado antes. No fue cuestión de suerte. Fue cuestión de método.
Un impacto de esta magnitud ocurre en la Luna una vez cada cien años, y durante dos años permaneció oculto en los mapas.
El punto brillante que detuvo a un científico
El 24 de octubre de 2025, Robert Wagner, especialista en procesamiento de imágenes de Intuitive Machines que trabaja con datos del sistema LROC, hacía una comprobación rutinaria de calidad. Apiló cientos de imágenes de la Luna tomadas con años de diferencia y aplicó un programa que resalta las variaciones: lo que no había cambiado se volvía gris y lo que había cambiado aparecía como manchas claras u oscuras.
‘Me detuve en seco, lo dejé todo y me puse a investigar qué era aquel punto’, explicó Wagner. El software genera cientos de falsas alarmas y la verificación es manual: el ojo experto busca pequeños halos borrosos alrededor de puntos brillantes, señal de material expulsado por un impacto. McGetchin medía cientos de píxeles. No había duda posible.
‘Fue, con diferencia, el patrón de escombros de impacto más evidente que he visto nunca en una de estas imágenes’, añadió el investigador. Después llegó la confirmación: los científicos recurrieron a la Narrow-Angle Camera, que ofrece unos 3 pies por píxel, y las imágenes del 5 de diciembre de 2025 revelaron la forma del cráter y el terreno removido a su alrededor.

El ‘punto frío’ que cambia la lectura de la superficie lunar
En paralelo, el instrumento térmico Diviner, a bordo del mismo orbitador, apuntó al lugar del impacto. Y lo que encontró resultó tan revelador como el propio cráter. Alrededor del punto de colisión, Diviner midió una zona de unos 6,4 kilómetros de ancho cuya temperatura nocturna es unos 16 grados Fahrenheit (casi 9 Celsius) más baja que la del terreno vecino.
La causa es física pura. Un golpe de esta energía esponja el regolito, la capa de polvo y fragmentos que recubre la Luna, y lo vuelve menos capaz de retener calor. La extensión de ese ‘punto frío’ es lo llamativo: demuestra que los impactos modifican la superficie lunar mucho más allá del cráter. Eso tiene consecuencias prácticas, porque la manera en que las ruedas de un rover se agarran al suelo depende de la densidad del regolito.
El orbitador acumula más de 17 años de servicio, a unos 97 kilómetros de altura, con siete instrumentos que cartografían topografía, composición, temperatura y radiación. En ese tiempo, el equipo ha identificado al menos 1.000 cráteres de impacto nuevos y ha marcado otros 100.000 cambios en la superficie, desde desprendimientos hasta restos de aterrizajes.
Ahora bien, conviene ser prudente con lo que todavía no está cerrado. Los dos artículos describen el hallazgo y su efecto térmico, pero el análisis detallado del tamaño y la fuerza del impactor queda para una publicación futura. Las dimensiones del objeto, esos tres a seis pisos, son por ahora estimaciones, no una medición definitiva.
Eso sí, la lección de fondo ya está clara. Cuanto más tiempo orbita LRO, más evidente resulta que la Luna no es el mundo muerto e inmóvil que durante décadas imaginamos. Es un paisaje vivo, golpeado sin descanso. El equipo del LROC repite cada pocos años este rastreo global de imágenes, y cada comparación es una oportunidad de encontrar al próximo McGetchin.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El cráter de impacto reciente más grande documentado en el sistema solar, de 222 metros de diámetro y 43 metros de profundidad, bautizado McGetchin.
- Dónde: En el borde oriental de la Luna.
- Institución responsable: NASA Goddard y el equipo de la misión Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), con datos del sistema LROC y del instrumento térmico Diviner; resultados publicados en Science Advances.
- Cuándo: El impacto se produjo entre el 11 de abril y el 22 de mayo de 2024; fue detectado el 24 de octubre de 2025 y descrito el 15 y el 16 de septiembre de 2026.
- Impacto a futuro: Confirma que la Luna sigue recibiendo impactos que alteran el terreno mucho más allá del cráter, un dato clave para la futura actividad humana en la superficie.




