Mediapro busca una segunda oportunidad con Moncloa, LaLiga y banca tras perder 286 millones

Mediapro intenta levantarse después de atravesar la peor crisis de sus más de tres décadas de historia. El grupo audiovisual acaba de ejecutar un ERE que ha afectado a 189 trabajadores, cerca del 19% de la plantilla, y ha cerrado 2025 con unas pérdidas de 286 millones de euros, mientras su deuda continúa condicionando cualquier movimiento estratégico. La compañía que llegó a convertirse en uno de los grandes gigantes audiovisuales de Europa afronta ahora una profunda reconstrucción.

El cambio no es solamente económico. También es político y empresarial. Bajo el control de Southwind, el vehículo inversor vinculado al grupo chino Orient Hontai Capital, que controla el 85% de Mediapro, la compañía está intentando recomponer relaciones con algunos de los actores que durante la etapa de Jaume Roures habían quedado seriamente deterioradas: Moncloa, LaLiga y parte del sistema financiero.

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La nueva dirección quiere, además, recuperar posiciones en la producción audiovisual después de perder uno de sus grandes negocios históricos. En abril de 2025, LaLiga decidió entregar a HBS y NVP Sports la producción de la señal audiovisual de sus competiciones a partir de la temporada 2025-26. La ruptura puso fin a una relación de más de una década y supuso un golpe económico de enorme magnitud para Mediapro.

La pérdida no es menor: la producción principal de LaLiga suponía para el grupo un negocio de alrededor de 400 millones de euros en cinco años. Mediapro conserva otros contratos y derechos relacionados con el fútbol, pero ha dejado de tener el control de la producción de la principal competición deportiva española.

Del imperio de Roures a la nueva Mediapro

La situación actual resulta especialmente llamativa por lo que llegó a representar Mediapro. Roures, Tatxo Benet y Gerard Romy construyeron desde los años noventa una compañía que terminó convirtiéndose en uno de los grandes grupos audiovisuales españoles. En 2018, Mediapro alcanzó unos ingresos récord de aproximadamente 1.967 millones de euros, casi el doble que Atresmedia y Mediaset en facturación.

Pero aquel crecimiento estuvo acompañado de una fuerte exposición a los derechos deportivos y a operaciones que exigían enormes inversiones. La pandemia agravó posteriormente los problemas y la compañía acumuló pérdidas superiores a los 1.000 millones desde 2018, según las cifras publicadas sobre su evolución financiera.

En octubre de 2023, Jaume Roures abandonó la compañía. El fundador había terminado enfrentado con buena parte del poder político y empresarial de Madrid después de los años en los que Mediapro se convirtió también en un actor con una evidente dimensión política.

Roures había apoyado públicamente el procés y había mantenido una relación estrecha con Podemos. Esa posición deterioró sus relaciones con el PSOE, con determinados sectores empresariales como Atresmedia y con figuras como Florentino Pérez. El Real Madrid terminó retirando a Mediapro la producción de Real Madrid TV, y Atresmedia la factura técnica de las noticias y espacios en directo de La Sexta. 

Otro de los grandes golpes llegó cuando el PSOE frenó la posibilidad de que Mediapro adquiriese Grupo Zeta, una operación que habría incorporado a su perímetro medios como El Periódico de Catalunya. El grupo terminó finalmente en manos de Prensa Ibérica.

La salida de Roures fue el principio del final de aquella etapa. A inicios del presente año Tatxo Benet abandonó la presidencia ejecutiva por presión china y, finalmente, ha vendido el 5% que todavía conservaba, rompiendo definitivamente sus vínculos accionariales con Mediapro. Ninguno de los tres fundadores mantiene ya participación en la compañía.

El fondo chino ha terminado así de hacerse con el control efectivo de la empresa y ha impuesto una nueva dirección. Sergio Oslé, antiguo presidente de Movistar Plus+, asumió la presidencia, mientras Carlos Núñez, ex consejero delegado de Prisa Media, se convirtió en CEO. Ambos encarnan una Mediapro mucho más orientada a recomponer relaciones institucionales y empresariales.

La elección de Núñez resulta especialmente significativa por sus vínculos profesionales anteriores con Prisa y por su conocimiento de los círculos empresariales y políticos de Madrid, donde se está configurando el control de la compañía. 

En la actualidad, Mediapro se mantiene fuerte en RTVE al producir ‘Barrio Esperanza’ o ‘Futuro imperfecto’, además de aportar servicios técnicos a espacios como ‘La Revuelta’, ‘Directo al grano’ y ‘Malas lenguas’.

El objetivo es claro: sustituir parte del volumen perdido con LaLiga mediante producción audiovisual, servicios técnicos y nuevos contratos televisivos.

La banca, LaLiga y Moncloa

La relación con los bancos constituye otro de los frentes prioritarios. Mediapro consiguió a finales de 2024 refinanciar el grueso de su deuda financiera, que rondaba entonces los 500 millones de euros. El vencimiento se trasladó de 2027 a 2029 y el tipo de interés pasó del 7,5% al 5,75%, aunque el préstamo se elevó hasta 525 millones de euros. La operación permitió reducir el coste financiero anual en más de diez millones.

La refinanciación dio oxígeno, pero no solucionó el problema estructural. Las pérdidas de 2025 y la pérdida de LaLiga le sirvieron para justificar despidos. Aun así, el ERE inicialmente planteado para 237 trabajadores terminó afectando a 189, después de salidas previas de directivos y otras medidas de ahorro.

Y los recortes no terminaron ahí. Tras el ERE se produjeron nuevos despidos individuales en otras sociedades del grupo.

Mediapro también ha cerrado Gol Play y ha aplicado recortes en otros negocios audiovisuales. Paralelamente, el centro de gravedad de la compañía se está desplazando de Barcelona hacia Madrid, una mudanza que tiene tanto una dimensión económica como política. El nuevo equipo necesita estar más cerca de sus principales clientes, instituciones y centros de decisión.

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La relación con LaLiga es, probablemente, la más delicada. El grupo ha perdido el contrato principal de producción después de más de diez años y ahora tiene que reconstruir una relación con Javier Tebas que durante la última etapa de Roures se había deteriorado considerablemente.

La llegada de Sergio Oslé puede ayudar en esa tarea. El expresidente de Movistar Plus+ mantiene una relación profesional con el ecosistema de Telefónica y es considerado próximo a Tebas, una circunstancia que puede facilitar la interlocución con el fútbol español.

Tal y como contó El Confidencial, Mediapro ha llevado a los tribunales a tres antiguos directivos, entre ellos Julián Fernández, por el supuesto traslado de información confidencial y secretos empresariales antes de su incorporación a la compañía suizo-italiana NVP Sports, que le arrebató los contratos ligueros. La compañía encargó una investigación forense a KPMG, que habría detectado el envío de documentación interna en los días previos a sus salidas. 

En paralelo, la nueva Mediapro intenta reforzar sus relaciones con Moncloa. La incorporación de Carlos Núñez, después de su paso por Prisa Media, es importante en este terreno. El ejecutivo conoce bien el entorno político y mediático de Madrid, gracias a sus conexiones con algunos de los principales asesores mediáticos del Gobierno, y ha contribuido a que Mediapro encuentre nuevas oportunidades en la televisión pública y en Movistar Plus+.

La nueva estrategia de la compañía pasa por producción, tecnología, servicios técnicos, televisión y diversificación internacional. El desafío es mayúsculo. Mediapro quiere resucitar también algunas de sus viejas marcas y recuperar el músculo de producción que convirtió a Globomedia en una de las productoras más importantes de España durante los años noventa y dos mil, aunque el proyecto lleva años lejos del protagonismo que tuvo entonces.

La nueva dirección intenta, en definitiva, construir una compañía más pequeña, menos endeudada y menos dependiente del fútbol. La era de Roures , que ha comprado la productora Goroka, ha terminado definitivamente con la salida de su ahora enemigo Benet; ahora Southwind quiere demostrar que Mediapro puede sobrevivir sin sus fundadores.

Mediapro
Jaume Roures. Foto: EP.

El ERE, las pérdidas récord y la salida de LaLiga son el precio de la transformación. La refinanciación bancaria proporciona tiempo; Oslé aporta interlocución con el mundo audiovisual y el fútbol; Núñez, conexiones con el ecosistema político y mediático de Madrid. El objetivo es que Mediapro vuelva a ser una pieza imprescindible de la industria audiovisual española, aunque ya no sea el gigante que llegó a facturar 1.776 millones de euros en 2019.

 


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