Cuatro huellas de un metro en Dakota del Norte apuntan a un Tyrannosaurus rex de hace 66,5 millones de años. Un equipo del Denver Museum of Nature & Science y de la Liverpool John Moores University ha descrito el rastro en el Journal of Vertebrate Paleontology y lo considera el primer conjunto de pisadas atribuible a un adulto de la especie.
No hablamos de una simple huella aislada. Es una secuencia de cuatro impresiones tridáctilas que, leídas en orden, registran el paso de un gran terópodo por una llanura costera del Cretácico. El estudio se publicó esta semana y añade una pieza escasa al registro: las pisadas de grandes depredadores rara vez se conservan en los sedimentos de Hell Creek.
El propio registro de Hell Creek ya había ofrecido pistas sueltas. En 2007 se describió una huella aislada de gran tamaño que podía corresponder a un tiranosaurio, pero no una secuencia. La nueva rastrillada eleva esa evidencia a otra categoría.
Cuatro huellas de un metro en la formación Hell Creek
La rastrillada supera los siete metros de longitud y consta de dos pisadas izquierdas y dos derechas, una verdadera secuencia de marcha. Cada impresión ronda el metro de longitud, aproximadamente la talla de un niño tendido en el suelo. Su contorno tridáctilo —tres dedos funcionales— coincide con el pie de un tiranosaurio adulto.
Las marcas fueron descubiertas en 2025 en terrenos federales gestionados por el Servicio Forestal de Estados Unidos, cerca de Marmarth, en Dakota del Norte. Se localizan en la formación Hell Creek, una de las últimas secuencias sedimentarias del Cretácico superior, depositada durante el Maastrichtiense. En esa misma zona abundan los huesos de Tyrannosaurus rex, un dato que refuerza la atribución del rastro.
Hell Creek es famosa porque preserva el ecosistema justo antes del límite Cretácico-Paleógeno. Sus sedimentos registran bosques, ríos y llanuras costeras. Que estas huellas aparezcan aquí permite asociar el rastro a un paisaje concreto, y no solo a un esqueleto aislado.
Las huellas no solo describen anatomía: registran los segundos concretos en los que un depredador adulto se movió por su paisaje.
El caminante y su ritmo: reconstruir la zancada sin tocar la roca
El equipo documentó las huellas con escaneado tridimensional de alta resolución. Los modelos digitales permitieron medir las pisadas, analizar la zancada y crear réplicas físicas sin dañar el original. El autor principal, Peter Falkingham, de la Liverpool John Moores University, no ha visitado el yacimiento: examinó las impresiones en pantalla y mediante realidad virtual, con un detalle comparable al trabajo de campo.
Los cálculos indican una zancada de unos cuatro metros y una velocidad de marcha de entre 1,5 y 2 metros por segundo. Es el ritmo de una persona que camina con prisa, no el de un depredador que persigue una presa. La estimación coincide con las velocidades calculadas para otros terópodos grandes a partir de rastros fósiles.

Cada pisada se preserva como una concreción de arenisca de grano fino cementada con carbonato cálcico. Se formó dentro de la depresión de la huella y, al endurecer más que la roca circundante, sobrevivió a la erosión. Esa resistencia es la razón de que todavía podamos leer el rastro.
Sin embargo, la roca no lo ha puesto fácil. Las superficies de las huellas están muy fracturadas y conservan poca anatomía más allá del tamaño y del número de dedos. La atribución a Tyrannosaurus rex no es una certeza absoluta, pero se apoya en la talla excepcional, en la forma relativamente estrecha de los dedos y en la abundancia de huesos del mismo animal en la localidad.
Tyler Lyson, coautor del estudio e investigador del Denver Museum, explicó que los huesos cuentan la anatomía, pero las huellas capturan un momento de comportamiento. Con una rastrillada se puede seguir al animal por el paisaje, y eso, para un T. rex, sigue siendo extraordinariamente raro.
Por qué importa este rastro si su anatomía es imperfecta
El registro paleontológico suele separar dos tipos de evidencia. Por un lado, los huesos explican la anatomía y la evolución; por otro, los icnofósiles —huellas, nidos, marcas de mordedura— iluminan el comportamiento. Ya se habían atribuido pisadas individuales a un T. rex adulto, pero esta es la primera secuencia de pasos descrita con respaldo suficiente.
Ese matiz cambia la lectura. Una huella suelta dice qué forma tenía el pie. Una rastrillada cuenta cuánto medía el paso, a qué velocidad se movía el animal y en qué dirección avanzaba. Son varios segundos de vida de un organismo que vivió durante el Maastrichtiense, la última etapa del Cretácico, poco antes de la extinción de los dinosaurios no avianos.
También conviene ser prudente. No existe una segunda rastrillada de T. rex adulto con la que comparar directamente, y la roca degradada impide estudiar almohadillas o garras. La identificación es probable, no definitiva. Aun así, el hallazgo es sólido dentro de sus límites: coloca un rastro coherente en el lugar y la época en los que este depredador dominaba el paisaje.
Queda abierta una línea de trabajo para futuras campañas. Si aparecen más huellas en la misma capa, se podrá analizar la variabilidad entre individuos y quizá distinguir patrones de marcha entre ejemplares adultos y juveniles. De momento, la rastrillada de Dakota del Norte es una ventana pequeña, frágil y extraordinaria.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Una rastrillada de cuatro huellas tridáctilas probablemente atribuible a un Tyrannosaurus rex adulto.
- Dónde: Terrenos del Servicio Forestal de EE. UU. cerca de Marmarth, Dakota del Norte, en la formación Hell Creek.
- Institución responsable: Denver Museum of Nature & Science y Liverpool John Moores University.
- Cuándo: Rastro descubierto en 2025; descripción publicada en septiembre de 2026 en el Journal of Vertebrate Paleontology.
- Impacto a futuro: Aporta la primera secuencia de pasos conocida de un tiranosaurio adulto y servirá para comparar futuros rastros de Hell Creek.




