El precio del gas natural en Europa ha superado los 80 euros por megavatio hora (MWh), su nivel más alto desde 2023. La escalada responde a la tensión creciente en el estrecho de Ormuz y al goteo de noticias sobre la guerra.
La referencia holandesa TTF, con la que se indexa buena parte del suministro europeo, llevaba semanas rondando los 75 euros. El salto por encima de 80 confirma que el mercado sigue expuesto a los episodios geopolíticos del Golfo Pérsico, ruta por la que transita una parte relevante del gas natural licuado (GNL) que consume el sur de Europa. En algunos momentos de la sesión, Euronews llegó a citar el precio en 79 euros, mientras Investing.com reflejaba el cruce de los 80.
Según los datos publicados por elEconomista e Investing.com, el rebase de la barrera psicológica coincide con la reaparición de amenazas sobre el tráfico de buques en Ormuz. La combinación de guerra, precios energéticos al alza y las restricciones al gas ruso que ya venían aplicando los países comunitarios devuelve la presión a los mercados de gas. Europa ya no se abastece del gas ruso por decisión política, pero sigue dependiendo del gas que viaja en barco.
El TTF holandés supera los 80 euros por megavatio hora
El TTF no cotiza al margen del Brent. El equipo de análisis de XTB plantea estos días quién sufre más por la tensión en Ormuz, si el petróleo o el gas natural. La respuesta del mercado, hasta ahora, está siendo más agresiva en el segundo: el gas avanza con más fuerza relativa que el crudo porque la cadena logística del GNL es más rígida. El petróleo puede redirigirse, el gas congelado no encuentra alternativa tan rápido.
La presión llega en pleno llenado de las reservas estratégicas. España, cuya capacidad de almacenamiento está gestionada por Enagás y cuyas referencias se publican en Mibgas, necesita acumular gas durante el otoño para afrontar los picos de demanda del invierno. Unos contratos a más de 80 euros por MWh complican la compra anticipada y amenazan con trasladar ese sobrecoste a la factura energética de los próximos meses.
Heraldo resume bien la situación: la guerra, los precios y el veto al gas ruso atrapan a España. No se trata de un problema de suministro inmediato, pero sí de un encarecimiento que resta margen a la industria y a los hogares justo cuando el consumo todavía es moderado. El mercado no negocia, descuenta.
El gas natural vuelve a recordar que Europa compra en un mercado global donde la geopolítica cotiza al contado.
Por qué Ormuz presiona el mercado y qué significa para las reservas españolas

Ormuz es una vía de paso crítica para el GNL procedente de Oriente Medio y para buena parte del petróleo mundial. Las tensiones en la zona elevan la prima de riesgo de flete, alargan los plazos y encarecen los seguros de las navieras. Todo eso termina incorporado al precio de la materia prima antes incluso de que la carga salga de origen.
La consecuencia es que las compras de gas que los comercializadores españoles realicen en las próximas semanas se harán desde una base más alta. Si la escalada persiste, la energía de los ciclos combinados volverá a encarecer el precio mayorista de la electricidad y las pymes, que están al final de la cadena, lo notarán en sus costes operativos. Ya ocurrió en 2022 y en 2023, con el gas por encima de los 100.
La industria española consume gas de forma intensiva en cerámica, vidrio, alimentación y cogeneración. Para una fábrica que consume GWh, cada euro adicional por MWh se traduce en miles de euros de sobrecoste mensual. La recuperación industrial, que venía dando señales en el arranque del curso, se enfrenta a un nuevo impuesto externo.
Gas natural, geopolítica y factura: el mismo triángulo de siempre.
Un invierno con la factura de la luz en el aire: el análisis de Merca2
A mi juicio, la lectura es más de persistencia que de pico puntual. La Unión Europea ha reducido su dependencia del gas ruso, pero la alternativa del GNL ha trasladado la vulnerabilidad al mar. Y el mar, hoy, se mide en estrechos. España parte con una ventaja logística evidente: sus seis plantas de regasificación y la conexión con África y con los buques estadounidenses le dan más flexibilidad que a Alemania, cuya decisión de cerrar la nuclear ha elevado su exposición al gas y al carbón. Sin embargo, esa ventaja no anula el efecto precio. Los contratos indexados al TTF se pagan igual en Bilbao o en Cartagena.
El riesgo no está en quedarse sin suministro, porque la demanda sigue débil en septiembre y los almacenes siguen por encima del mínimo operativo. El riesgo está en que Europa llegue a diciembre con reservas suficientes pero pagando por ellas un sobreprecio que ya se filtra a los costes de empresas y hogares. La factura eléctrica de invierno estará marcada por el gas, como siempre, pero esta vez con un estrecho de por medio. Habrá que seguir las actualizaciones semanales de Enagás y el informe de invierno de la Comisión Europea, que suele publicarse a finales de octubre, para ver si el recargo se consolida.




