7Completar la escapada con una visita al Madrid de los Austrias
El Gran Premio vuelve a Madrid 45 años después y lo hace en Madring, un trazado de 5,4 kilómetros y 22 curvas levantado junto a IFEMA, en el extremo noreste de la ciudad. Quien se limite a moverse entre el aeropuerto, el circuito y el hotel se quedará sin ver la esencia de la capital: el Madrid de los Austrias reúne en apenas un par de kilómetros el motivo por el que Madrid es capital, porque fue aquí donde Felipe II fijó la corte en 1561 y donde los Habsburgo levantaron plazas, conventos y palacios que aún definen su fisonomía. Sumar este paseo al fin de semana de carreras no es una excursión al margen, sino el contrapunto ideal a la ingeniería ultramoderna del circuito: del asfalto recién estrenado a las calles donde se forjó el imperio en el que no se ponía el sol solo median un trayecto de metro y cuatro siglos de diferencia.
La densidad patrimonial es difícil de igualar en tan poco espacio: la Plaza Mayor, inaugurada en 1620, y la Plaza de la Villa, donde conviven la Torre de los Lujanes del siglo XV, el edificio civil más antiguo de Madrid, la Casa de Cisneros y la Casa de la Villa, que fue ayuntamiento desde 1644 hasta 2009. A pocos pasos, el Palacio Real, con sus 3.418 habitaciones, y la catedral de la Almudena rematan el recorrido, que admite una escala por la Cava Baja o La Latina antes de regresar al motor. El plan encaja además con la logística del Gran Premio: las estaciones de Sol, Ópera y La Latina quedan a un paso, y desde el centro se enlaza cómodamente con Feria de Madrid, la puerta de acceso a Madring. Pasear al anochecer por esas plazas iluminadas, con los motores ya en silencio, convierte la visita en el contrapunto sereno que redondea un fin de semana de velocidad.



