T&E en alerta: las emisiones reales de CO2 de los híbridos enchufables son hasta 6 veces superiores a las homologadas

El informe de Transport & Environment revela que el ciclo WLTP sobrestima el uso eléctrico de los híbridos enchufables. La revisión del factor de utilidad podría cambiar el acceso a las zonas de bajas emisiones.

Las emisiones reales de CO2 de los híbridos enchufables multiplican por seis lo homologado. Así lo advierte Transport & Environment (T&E) en su último informe. El estudio cuestiona que la etiqueta ECO siga concediendo ventajas de movilidad a vehículos que, en conducción real, se acercan al consumo de un gasolina.

La trampa del factor de utilidad

El origen de la distorsión está en el factor de utilidad, el porcentaje de kilómetros que el ciclo oficial asume en modo eléctrico. En laboratorio, un híbrido enchufable recorre la mayor parte del test con la batería llena; en carretera, sin recarga diaria, el motor de combustión asume protagonismo. T&E sostiene que las emisiones medias en uso real son seis veces superiores a las homologadas.

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Las cifras cambian según la fuente. Algunas mediciones recogidas en la prensa especializada sitúan el exceso en cinco veces; otras, en hasta 4,5 veces. La horquilla no resta contundencia al diagnóstico: el ciclo WLTP, diseñado para medir la eficiencia en condiciones homologadas, no refleja lo que ocurre cuando el usuario no enchufa el coche.

Los vehículos híbridos enchufables suman dos motores: eléctrico y de gasolina. La batería asume trayectos cortos; el motor térmico, el resto. El consumo real depende del hábito de carga. Si el propietario recarga a diario, la emisión se desploma. Si lo usa como un híbrido convencional, el bloque de gasolina trabaja más. La pregunta no es técnica, sino de incentivos.

La etiqueta ECO queda en entredicho

En España, los híbridos enchufables con más de 40 kilómetros de autonomía eléctrica disfrutan de la etiqueta ECO de la DGT. Esa pegatina les da acceso a zonas de bajas emisiones, descuentos en parquímetros y ventajas fiscales. El informe de T&E plantea una contradicción: se otorga un estatus ecológico a coches que pueden contaminar casi como uno de gasolina.

La etiqueta ECO se concede por diseño, no por comportamiento confirmado del conductor.

El informe ‘Juego limpio’ de Transport & Environment propone restablecer la neutralidad tecnológica ajustando el factor de utilidad de los PHEV. La idea es que la homologación asigne menos peso al modo eléctrico cuando los datos de uso real digan que los conductores no enchufan. La Comisión Europea tiene en revisión los criterios de medición de emisiones.

Los fabricantes defienden que el rendimiento real mejora con una recarga constante. Es cierto en el corto plazo. El problema es que la homologación no lo verifica. Transport & Environment calcula que el factor de utilidad actual sobrestima el uso eléctrico real; por eso propone bajarlo.

El matiz incómodo para la industria es que algunos híbridos enchufables contaminan casi tanto como los modelos de gasolina equivalentes. La paradoja es doble: el conductor paga más por una tecnología que, mal usada, ofrece ahorros moderados y emisiones altas.

Neutralidad tecnológica con la misma vara

El debate de fondo va más allá de los híbridos enchufables. La normativa europea ha primado la descarbonización del tubo de escape, no la del ciclo de vida. Eso explica por qué las ventas de PHEV crecieron como alternativa al diésel sin resolver la dependencia del combustible fósil. La revisión del factor de utilidad pondría a cada tecnología ante su realidad. No es cosmética: de ello depende la credibilidad de las etiquetas ambientales frente al comprador.

La industria tiene un incentivo para ajustar los mensajes. Si la etiqueta ECO pierde valor, cae la atractividad comercial. En cambio, un marco más estricto premiaría a quien haga híbridos con más autonomía eléctrica y recarga ágil. El mercado ya ofrece diferencias notables entre los modelos con mayor autonomía eléctrica real y los que apenas cumplen los mínimos para recibir la etiqueta.

Sigo pensando que la neutralidad tecnológica no consiste en tratar igual a tecnologías desiguales, sino en medir a todas con la misma vara. El diésel lo aprendió por las malas. Los híbridos enchufables pueden repetir esa curva si no se actualizan sus fundamentos.

La Comisión Europea tiene margen para redefinir el ciclo antes de 2030. Cada hito regulatorio será una oportunidad para saber si la etiqueta ECO sigue significando algo. Mientras tanto, el comprador hará bien en preguntar cuántos kilómetros reales puede hacer en modo eléctrico. No en cuántos le anuncian.


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