Replicar la compra de 2004 en Mercadona pone cifras a la inflación: un carro de 52 euros se ha convertido en 115 euros en 2025, un 121% más, incluso eligiendo el producto más barato.
El análisis parte de un tique real de septiembre de 2004 guardado por el físico y analista cuantitativo Dani Domínguez Quant. Dos reglas guían la réplica: coger siempre la opción más económica del lineal y asumir un kilo cuando la cantidad no estaba especificada. No es una compra indulgente: es el escenario más favorable para el bolsillo, no un recibo inflado por caprichos.
El resultado es contundente. El total pasa de 52 a 115 euros, una subida del 121% en dos décadas. Traducido al día a día: el ticket medio de una familia joven no solo ha envejecido, sino que multiplica su esfuerzo económico.
La elección de siempre el producto más barato convierte el experimento en un termómetro del poder adquisitivo. No mide antojos, sino lo mínimo para llenar la despensa. Por eso el salto del 121% interesa más a la economía doméstica que otros indicadores: aquí no hay compensación por calidad, solo supervivencia del carro.
La comparativa con cifras
Algunos productos explican la magnitud del salto. La Coca-Cola ha pasado de 3,12 a 6,64 euros, un 113% más. Las patatas en saco de 5 kilos suben de 1,35 euros a casi 7. Los plátanos canarios se triplican y las salchichas cuestan casi ocho veces más, según la comparación.
El precio por kilo, y no el del envase, es lo único que decide si una oferta te ahorra dinero o solo te lo parece.
La vara de medir es el ticket y al mismo tiempo el precio por unidad. Una botella de refresco casi duplica su precio; un básico como el saco de patatas lo multiplica por cinco. Son alzas que, aplicadas a una cesta de 30 productos, redondean la factura de 115 euros.
En la práctica, esto cambia la forma de comprar. El precio del envase se mantiene en muchas marcas, pero la cantidad baja. Es la reduflación, el encarecimiento silencioso del precio por kilo. El dato que importa no es el de góndola, sino el coste por unidad de medida.
La reduflación es la segunda inflación, la que no aparece en el titular. El bote de yogur pierde 10 gramos, la bolsa de patatas reduce su tamaño, la tableta de chocolate encoge, y el precio se queda clavado. El consumidor solo lo nota al dividir entre lo que realmente lleva a casa. La OCU y otras organizaciones recomiendan fijarse en el precio por litro o kilo que aparece en la etiqueta del lineal, no en el número grande.
Agosto da un respiro, el otoño no
La OCU confirma que agosto ha traído un respiro temporal. La cesta de la compra fue un 0,8% más barata que en julio, cuando rozaba máximos. La fruta de temporada, los pescados azules y la menor demanda de carne explica parte del alivio. Pero la tregua es frágil: los conflictos bélicos abiertos y el precio de la energía presionan al alza de cara al otoño.
El dato estacional importa más de lo que parece. Aunque el Banco Central Europeo persiga una inflación del 2% a medio plazo, el efecto acumulado es demoledor. Domínguez lo traduce en una equivalencia: 87.000 euros ahorrados durante 30 años valen, en poder adquisitivo real, poco más de 50.000 euros actuales. La inflación no se nota solo en el súper; también devalúa el colchón que hay debajo.
📊 La comparativa de un vistazo
| Producto | Tique 2004 | Réplica 2025 | Variación |
|---|---|---|---|
| Refresco de cola | 3,12 euros | 6,64 euros | +113% |
| Patatas (saco de 5 kg) | 1,35 euros | casi 7 euros | se multiplica por más de cinco |
La regla de elegir el producto más barato empuja de forma natural hacia la marca de distribuidor. No es ideología: es matemática de presupuesto. Cuando el precio por kilo se dispara, la marca blanca opera como el único amortiguador que muchas familias pueden tocar sin renunciar a productos básicos.
El giro hacia la marca blanca y el precio por kilo
Conviene aplicar la lente de la réplica a cada compra. Comparar el precio por kilo o por litro, no el del envase; revisar si el formato ha menguado; y desconfiar de las ofertas que solo maquillan la subida. El experimento de Domínguez no sustituye a un presupuesto familiar, pero ofrece una regla simple: si hace 20 años llenabas el carro con 52 euros, hoy necesitas 115.
En 2022, España registró picos de inflación anual del 7%, una cifra que Domínguez califica de «locura». Aunque el 2% oficial parezca técnico, su efecto acumulado explica por qué un carro de 2004 hoy cueste más del doble. La letra pequeña está en la etiqueta: menos gramos por envase, mismas promesas, ticket más alto.
El giro hacia la marca blanca no es una moda de crisis, sino una respuesta racional a esta aritmética. Cuando el precio por kilo se dispara, la comparativa deja de ser una cuestión de marca para convertirse en una cuestión de supervivencia del presupuesto. La OCU recuerda que el alivio de agosto no elimina la tendencia de fondo: la cesta sigue cerca de máximos y el otoño no pinta mejor.
Conviene recordar que estos datos son divulgativos y de análisis de consumo. No constituyen asesoramiento financiero ni de inversión: cada presupuesto familiar debe valorar su propia situación antes de mover ahorros o contratar productos remunerados.
🛒 El Veredicto de Compra
- Compara el precio por kilo o litro: El envase engaña; la reduflación juega con la cantidad y dispara el coste real.
- Presupuesta la compra con inflación acumulada: Si un carro costaba 52 euros en 2004, hoy exige 115 euros en el escenario más barato.
- Revisa el ticket una vez al mes: El alivio de agosto (-0,8%) es temporal; el otoño puede revertirlo según la OCU.





