Juan Ramón Rallo: El informe PISA en España de 2025 evidencia el fracaso y obliga a repensar el sistema educativo

Los alumnos españoles de 15 años firman los peores resultados de PISA de su historia, con caídas récord en lectura y matemáticas. Juan Ramón Rallo analiza por qué quienes empeoran no son los estudiantes de familias con menos recursos.

Esta mañana la OCDE publicó PISA 2025 y, en palabras de Juan Ramón Rallo, los estudiantes españoles de 15 años nunca habían sabido tan poco. Matemáticas, lectura y ciencias cayeron a la vez. Los datos no admiten matices: el sistema educativo español registra el peor resultado de su historia.

En su canal de YouTube, Rallo dedica 29 minutos a desmontar excusas y a cruzar variables que otros análisis pasan por alto. No se limita a repetir medias. Su tesis es incómoda: quienes se desploman no son los alumnos con menos recursos, sino los hijos de familias acomodadas.

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Una caída que rompe la trayectoria de España

Según el economista, España obtiene 477 puntos en ciencias, 457 en lectura y 451 en matemáticas, mientras que la media de la OCDE se sitúa en 482, 461 y 463 respectivamente. Queda por debajo en las tres competencias. Los países que lideran el informe, como Singapur, Macao, Taiwán, Japón, Corea o Estonia, se mueven entre 540 y 560 puntos en ciencias. Traducido a cursos, un alumno español medio va tres o cuatro cursos por detrás de uno de Singapur.

Frente a los vecinos europeos, la comparación duele. Francia, Italia, Alemania, Portugal o Suecia superan a España. Rallo insiste en que lo grave no es solo el nivel, sino la trayectoria. Desde 2022, España pierde 7 puntos en ciencias, 16 en lectura y 23 en matemáticas. Son más de un curso escolar perdido en solo tres años. Si se toma la década completa, la caída es de 15 puntos en ciencias, 27 en matemáticas y 42 en lectura. En capacidad lectora, el retroceso supera dos cursos en diez años, mientras que la OCDE cae menos en ese mismo periodo.

Los que caen no son los que esperábamos

Rallo destaca el dato que más llama la atención del informe: la identidad de quienes empeoran. Entre 2022 y 2025, los alumnos desfavorecidos se mantienen estables en ciencias, mientras que los aventajados caen 8 puntos. En lectura, los desfavorecidos pierden 4 y los aventajados 20. En matemáticas la pauta es parecida. La brecha entre pobres y ricos se estrecha, pero no porque los pobres mejoren, sino porque los ricos empeoran.

La OCDE reconoce que este fenómeno es nuevo en los 25 años del informe. Y en el mapa autonómico se repite. El País Vasco, antes modelo, pierde 57 puntos en lectura desde 2012 y queda como la comunidad con peor comprensión lectora, solo por delante de Ceuta y Melilla. Navarra pierde 55. En cambio, Extremadura o Castilla-La Mancha, que partían de más abajo, aguantan. Las que lideraban se desploman.

Lo que se ha roto no es el nivel medio: es la disposición de los alumnos con más recursos a sostener el esfuerzo cognitivo que exigen los textos largos.

— Juan Ramón Rallo

Para Rallo, este patrón invalida las respuestas automáticas. Si el problema fuera la falta de recursos de las familias o de los centros, las puntuaciones que más caerían serían las de los alumnos con peor contexto socioeconómico. Pero ocurre lo contrario: caen los de renta alta y los de centros bien dotados. La explicación de los recortes, insiste, no sirve para explicar el peor informe de nuestra historia.

El síntoma: cuando el texto se alarga, el alumno se apaga

La OCDE ha analizado pregunta a pregunta la prueba de lectura. El resultado es revelador. Lo que hunde la puntuación no es el tipo de razonamiento exigido, sino la longitud del texto. Cuanto más largo es el pasaje, peor resultado, con independencia de la dificultad conceptual de la pregunta. La proporción de alumnos etiquetados como lectores apresurados pasa del 7% en 2018 al 11% en 2025.

Y hay una paradoja. Baja el porcentaje de alumnos que dejan preguntas sin responder. Antes, cuando un alumno se topaba con una pregunta difícil, se la saltaba; ahora se precipita a responder lo primero que se le pasa por la cabeza. Rallo lo resume así: no es que hayan perdido la capacidad de comprender, es que no quieren sostener el esfuerzo cognitivo sobre textos extensos. Si el problema matemático es largo, el entendimiento se nubla y el ejercicio queda sin resolver.

Por qué la explicación de los recortes no encaja

El economista dedica un bloque a desmontar la narrativa habitual de la izquierda. Si la escasez de recursos explicara los datos, el deterioro se habría concentrado en los alumnos vulnerables y en los centros peor financiados. No ha sido así. Por tanto, sostiene Rallo, esa excusa podrá tener algún sentido en otros momentos, pero no explica lo ocurrido en 2025.

Las exclusiones que maquillan el desastre

Hay un agravante más. Para que PISA sea comparable, la OCDE exige que los países no excluyan de la prueba a más de un porcentaje muy pequeño de alumnos. En España las exclusiones han subido al 7,9%. El aumento viene sobre todo de Murcia, que pasa del 4% al 13%, y de Cataluña, que salta del 5,6% al 23,2%. Practicamente uno de cada cuatro alumnos catalanes queda fuera de la prueba.

La OCDE ha decidido no publicar los resultados de Cataluña por separado y advierte que los niveles elevados de exclusión generan probablemente un sesgo al alza. Es decir, la fotografía real podría ser peor que la ya pésima imagen oficial. Rallo añade un último golpe: España solo tiene un 4% de alumnos excelentes en ciencias y en matemáticas, y un 2% en lectura, muy lejos del 37% de excelencia en matemáticas de Singapur.

Repensar el sistema sin excusas cómodas

Más allá del análisis de Rallo, conviene situar el contexto. PISA es una evaluación trienal de la OCDE que mide competencias de alumnos de 15 años desde el año 2000. La edición de 2022 ya arrastraba los efectos de la pandemia, pero la caída española de 2025 se acumula sobre aquella. En lectura, el desplome de 42 puntos en una década es el más preocupante: implica que un adolescente medio comprende hoy textos como si hubiera estudiado más de dos cursos menos que sus compañeros de hace diez años.

La lectura editorial que propone Rallo apunta a la inmediatez digital y a la pérdida de atención sostenida. No ofrece recetas, pero su diagnóstico despeja espejismos. Si el problema es de esfuerzo y no de presupuesto, la reforma educativa tendrá que hablar de hábitos, de lectura extensa y de gestión de la atención en el aula. Ojalá el debate público esté a la altura.

La pregunta queda abierta. ¿.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.

Youtube video

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