China fabrica miles de robots humanoides: la producción masiva que redefine el empleo mundial

Unitree se dispara un 460% en su debut bursátil y China ha desplegado 87 centros de entrenamiento para recopilar datos de movimiento. Morgan Stanley calcula que el país venderá 450.000 unidades anuales en 2030, aunque el mercado comercial no madurará hasta la próxima década.

China fabrica miles de robots humanoides y redefine las reglas del empleo mundial con una estrategia de datos sin precedentes.

Claves de la operación

  • Unitree se dispara un 460% en su debut bursátil. El fabricante del robot Superman aterrizó en la bolsa de Shanghái con una revalorización fulgurante, aunque después ha devuelto parte de la subida.
  • El dato de movimiento vale más que el hardware. Las máquinas dominan la mecánica, pero necesitan cientos de miles de millones de parámetros para replicar el funcionamiento del cuerpo humano.
  • El Estado chino financia 87 centros de entrenamiento. Cuatro de cada cinco instalaciones cuentan con respaldo público y absorben el 70% de los humanoides fabricados este año.

La batalla por el dato de movimiento

El robot Superman de Unitree alcanzó una velocidad de 12,66 metros por segundo el pasado 17 de agosto, superando el registro de Usain Bolt antes de estrellarse contra una pared. Dos días después, la empresa debutó en bolsa en Shanghái y el precio de sus acciones se dispararon un 460%.

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La anécdota ilustra el estado real de la industria: las fábricas chinas ya dominan el hardware humanoide, pero el software es otra historia. Se espera que las empresas del país vendan 50.000 humanoides este año, más del triple que en 2025. Los modelos actuales poseen unos pocos miles de millones de parámetros; para replicar el cuerpo humano necesitarán cientos de miles de millones.

La diferencia con la inteligencia artificial generativa es radical. Los chatbots pueden entrenarse con todo el texto de internet. Enseñar a un robot a coger un vaso y llenarlo de café exige comprender posición espacial, fragilidad del material y viscosidad del líquido. Esa información solo sale de experiencias reales o simulaciones detalladas.

El Centro de Innovación Humanoide de Hubei, en Wuhan, concentra hasta 100 robots que observan e imitan a humanos durante horas. En una estación, un operario con guantes sensoriales vierte café mientras un humanoide repite el gesto con agua real. En otra, un dúo humano-robot repone estanterías de una farmacia improvisada.

China ha construido 53 centros de este tipo, la mayoría en los últimos dos años, y otras 34 instalaciones están en marcha o en fase de planificación, según Interact Analysis. Una de las que se construye en Shanghái tendrá capacidad para 1.000 humanoides. La provincia de Zhejiang ya cuenta con seis centros.

China no está vendiendo robots, está construyendo la mayor base de datos de movimiento del planeta.

El precio de entrenar a un robot humanoide

Cada hora útil de entrenamiento cuesta entre 500 y 700 yuanes, según cálculos de Corey Chan, analista de HSBC. Por cada ocho horas que un robot pasa sirviendo café, solo tres generan datos aprovechables. Una estimación sitúa en 100 millones de horas el volumen necesario para lograr un humanoide capaz de ejecutar tareas cotidianas variadas.

Afortunadamente para empresas como Unitree, el gobierno asume gran parte de los costes. Aproximadamente cuatro quintas partes de los centros cuentan con respaldo estatal. En el primer semestre de 2026, hasta el 70% de los humanoides fabricados en China podrían haber ido a parar a estas instalaciones, unas 13.000 máquinas.

En paralelo, los fabricantes buscan datos egocéntricos en la mano de obra del país. JD.com anunció un proyecto para pagar a 100.000 de sus empleados y a otras 500.000 personas por registrar sus propios movimientos. En unas instalaciones de la provincia de Jiangsu, la empresa paga a trabajadores por ejecutar tareas en tiendas simuladas, con el objetivo de recopilar 10 millones de horas de datos en dos años.

Los datos egocéntricos generados por humanos son menos útiles que los datos reales de máquinas, por las diferencias en la forma de moverse de las extremidades biológicas y robóticas. Aun así, China ya obtuvo ventaja en el reconocimiento de imágenes empleando ejércitos de etiquetadores manuales, y podría repetir la estrategia.

China fabrica robots

El empleo europeo, en el punto de mira

La apuesta china es contraintuitiva. Se prevé que el país produzca y venda cientos de miles de máquinas costosas y en su mayoría inútiles, con la esperanza de fabricar otras baratas y útiles en el futuro. Unitree ya ha devuelto un 30% de su subida bursátil inicial.

Los competidores estadounidenses han optado por métodos menos costosos. Tesla, el mayor fabricante de humanoides de Estados Unidos, entrena robots en sus propios almacenes, evitando el gasto de instalaciones independientes. Otras empresas pagan a trabajadores de países pobres, con salarios inferiores a los chinos, para que lleven cascos y guantes hápticos mientras trabajan.

Morgan Stanley calcula que China podría vender cerca de 450.000 robots anuales para 2030. Aun así, el propio banco advierte de que el mercado comercial no madurará hasta la próxima década, dada la tecnología actual.

Para Europa, y en particular para España, la lectura es incómoda. El sector manufacturero español compite por costes laborales moderados y con niveles de automatización inferiores a los de Alemania o Corea del Sur. Si China logra fabricar humanoides versátiles a precios de producción en masa, esa ventaja comparativa se erosionará con rapidez. La industria auxiliar española, muy dependiente de la automoción, observa la carrera robótica china como un riesgo a medio plazo.

La cuestión no es si los robots chinos sabrán servir café. Es si Europa tendrá un algoritmo propio antes de que el café lo sirva una máquina entrenada en Wuhan.


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