5Mantequilla: untarla en la tostada se ha vuelto un extra
La mantequilla se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de la llamada «baratoflación»: cuanto más básico es un alimento, más se encarece. Según el Institut de Recerca Urbana de Barcelona (IDRA), este derivado lácteo acumula una subida cercana al 50% respecto a los niveles prepandemia, muy por encima del 34% de media que registran los alimentos en España desde 2019. El origen de la escalada es global: la grasa láctea, demonizada durante décadas por las dietas bajas en grasas, ha pasado de ser rechazada a recomendada, y esa demanda disparada se ha topado con una producción de leche estancada en la UE. El resultado fueron cotizaciones récord, con la mantequilla europea llegando a superar los 776 euros por cada 100 kilos en 2024, un nivel histórico que en países como Alemania o Polonia trasladó el kilo por encima de los ocho euros y obligó a Varsovia a movilizar incluso una reserva estratégica del producto.
España no ha sido inmune, aunque la factura haya llegado con cuentagotas. La mantequilla es de los lácteos con mayor coste de producción: para obtener un kilo hacen falta unos 25 litros de leche entera, y el país es además deficitario, con un saldo negativo de unos 110 millones de euros en este producto, lo que le expone a las tensiones del mercado internacional. El impacto se nota primero donde la mantequilla es materia prima imprescindible: los productores de sobao pasiego han visto duplicarse el coste del ingrediente que representa hasta un 28% de cada dulce, y el encarecimiento también ha alcanzado a la gama gourmet, donde mantequillas artesanales y fermentadas se venden a precios que superan los 80 euros el kilo. Mientras tanto, en el supermercado, untar la tostada del desayuno se ha convertido en un gesto que muchos hogares miden, recortan o directamente sustituyen por alternativas más baratas.



