Vuelta al cole: Los consejos prácticos de psicólogos y pediatras para adaptar el horario de sueño de los niños

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Recorta la siesta si empieza a retrasar la hora de dormir

woman laying on bed
Foto de Vladislav Muslakov en Unsplash

La siesta es el hábito veraniego que más directamente compite con la nueva hora de acostarse: en vacaciones se alarga, se desplaza hacia media tarde y a veces roza la cena, mientras que con la vuelta al cole la hora de levantarse es fija y madrugadora. Cada minuto de siesta mal colocada empuja la hora de dormir hacia adelante y recorta el descanso nocturno justo cuando más se necesita energía para el aula. El pediatra Gonzalo Pin, coordinador del grupo de sueño y cronobiología de la Asociación Española de Pediatría y responsable de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud de Valencia, recuerda que hasta los cinco años la siesta es «un derecho» del niño: los pequeños acumulan la presión de sueño más rápido que los adultos y necesitan descargarla a mediodía para consolidar la memoria y el desarrollo cognitivo. El matiz está en el momento: si la siesta se hace demasiado pegada a la hora de acostarse, retrasa la necesidad de dormir por la noche. Por eso la pauta no es prohibirla, sino recortarla y recolocarla.

Recortar significa, en la práctica, acortar la duración y adelantar el inicio de la siesta de forma gradual, en la misma lógica de pasos de 15 a 30 minutos que se aplica al resto del horario de sueño, no suprimirlas de golpe. Cada niño abandona la siesta a su ritmo, normalmente entre los tres y los cinco años, y retirarla antes de que el cerebro esté preparado puede favorecer los terrores nocturnos o provocar el efecto contrario al buscado: un niño excesivamente cansado concilia peor el sueño y descansa de forma más agitada. La señal de que toca intervenir es objetiva: si el pequeño tarda más de lo habitual en dormirse por la noche, la siesta prolongada de la tarde suele ser la primera pieza que ajustar; una siesta de tres horas al final del día deja sin presión de sueño a las ocho de la tarde. En los niños ya escolarizados, en cambio, la siesta debe ser breve, temprana y nunca una excusa para trasnochar.


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