De Castro dibuja un escenario incómodo para la Casa Blanca. Quedan apenas dos meses para las elecciones legislativas de noviembre y la crisis abierta en el Pentágono, sumada al enquistamiento del conflicto con Irán, puede convertirse en un lastre difícil de gestionar para el Partido Republicano. Así lo expuso el analista en su intervención en Negocios TV, donde alertó de un batacazo electoral motivado por la sensibilidad especial que el votante conservador mantiene con todo lo que rodea a la política militar y a los veteranos.
De ‘Defensa’ a ‘Guerra’: el giro simbólico de Trump
Una de las señales más visibles de la deriva belicista de esta administración fue, según el analista, la decisión de rebautizar el Departamento de Defensa como Departamento de Guerra. De Castro lo interpreta como una prueba de mano dura, una posición mucho más agresiva que la exhibida durante su primer mandato.
El analista también recuerda que en Europa estamos acostumbrados a gobiernos estables, donde un ministro rara vez abandona su cartera salvo que reciba un cargo electoral. En Estados Unidos, en cambio, los ajustes de gabinete a mitad de mandato son frecuentes. Barack Obama tuvo varios jefes de gabinete en ocho años. Lo llamativo ahora, subraya De Castro, es que la inestabilidad afecta a un departamento clave y a una figura muy mediática. Marco Rubio, según su lectura, es el único que podría considerarse seguro hasta el final de la legislatura; el resto está en el aire.
La relevancia electoral de esta crisis no es menor. El votante republicano mantiene una sensibilidad especial con la política de defensa, las acciones militares en el exterior y las cuestiones relacionadas con los veteranos. Una sensibilidad que en el votante demócrata es comparativamente menor. Aquí De Castro introduce un matiz importante: tradicionalmente han sido los presidentes demócratas quienes han desmontado operaciones militares iniciadas por sus antecesores republicanos. George Bush impulso acciones que luego Barack Obama y Joe Biden intentaron dar marcha atrás, en ocasiones con resultados peores que el problema original, pero esa discusión la dejamos para otro momento.
La crisis con Irán y el mal cálculo de la Casa Blanca
En el mismo programa, el analista Mikel fue tajante: Trump cometió un mal cálculo con Irán. Según su diagnóstico, el presidente no tiene el control del estrecho que proclama, ni tampoco de la situación general. Y eso ya se nota en su rating, especialmente cuando sus publicaciones en Truth Social parecen desconectadas de la realidad. Una y otra vez repite que Estados Unidos está ganando, que las fuerzas armadas iraníes están destruidas y que el país se encuentra al borde del colapso. El mensaje, advierte, se repite justo antes de una cita electoral, como ya ocurrió hace un par de meses.
La respuesta de Irán también ha sido calculada. La segunda ronda de ataques golpeó la ciudad más meridional de Jordania, a escasos metros de una localidad israelí cuyo aeropuerto alberga aviones de repostaje estadounidenses. Teherán no atacó directamente territorio israelí, pero lanzó un mensaje claro: puedo destruir esos aviones si quiero. Mikel sostiene que la estrategia iraní de disuasión por castigo, golpeando a los países que alojan bases norteamericanas o apoyan sus operaciones, ha funcionado razonablemente bien.
Se derrumbó además otro mito que circulaba en Washington desde hace años: la idea de que bastaría una chispa para que los grupos étnicos de Irán se levantaran contra el poder central y desintegraran el país. Eso no ocurrió. Irán tiene una economía delicada y una inflación elevada, pero el plan de derrocar a su gobierno no funcionó.
El votante republicano tiene una sensibilidad especial con la política militar y los veteranos; ahí es donde un presidente republicano puede sufrir más daño electoral.
— De Castro, analista en Negocios TV
Un pacto inspirado en el Bagdad de 1955 para contener a Teherán
El propio Mikel conecta la escalada actual con los intentos de Washington por reconstruir una alianza regional. El reciente pacto entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán evocaría, según su análisis, al Pacto de Bagdad de 1955, creado entonces para contener a la Unión Soviética con Turquía, Irán, Irak y Pakistán como protagonistas. Ahora Irán ha cambiado de bando y la arquitectura, dice Mikel, es mucho más diluida. Nadie sabe exactamente qué compromisos incluye. Difícilmente Turquía acudiría a defender Arabia Saudí de un ataque iraní.
Ese pacto y la ampliación de sanciones contra Irán serían, en su interpretación, intentos de la administración Trump por arañar un logro mínimo antes de las elecciones. Porque el rating presidencial no va bien en este terreno, justo en la dirección opuesta a lo que prometió durante la campaña.
Dos meses, dos eternidades: el calendario juega en contra
De Castro lo recuerda con una imagen efectiva. A principios de año, las midterm parecían una guillotina a punto de caer; ahora la cuerda se va deshilachando y solo quedan dos hilos, los dos meses que faltan para noviembre. En política, un mes es una eternidad. Dos meses son dos eternidades. Y los últimos quince días pueden decantar la balanza.
Las consecuencias de una pérdida de la mayoría en alguna de las cámaras serían concretas. Los representantes dependen mucho de su distrito unipersonal, pero los senadores tienen la llave de las ratificaciones de altos cargos y de las cuestiones presupuestarias. Si alguna cámara cambia de color, la agenda de Trump podría ralentizarse. Sin llegar al bloqueo total: primero vendrían los tropiezos, el uso de los resortes reglamentarios para fastidiar, y de ahí a la precampaña presidencial hay un paso.
Lo que se juega realmente en noviembre
La lectura de fondo es más profunda que una simple encuesta. La inestabilidad del Pentágono alimenta una narrativa de caos que afecta directamente a la marca presidencial de firmeza. Si la percepción de que la crisis con Irán se gestionó mal se instala en los distritos con fuerte presencia militar, el desgaste republicano podría superar al que sufriría un presidente demócrata en circunstancias similares. Esa asimetría, explicada por De Castro, es el corazón del análisis.
Para el lector europeo, la lección es clara: lo que ocurra en noviembre condicionará la capacidad de Washington para actuar en política exterior durante los dos últimos años de mandato. Un Congreso dividido no solo frena presupuestos; también enreda las alianzas y prolonga los conflictos. Y con el calendario apretando, cada comparecencia y cada tuit cuenta el doble.
La gran incógnita es si Trump volverá a declarar una victoria prematura sobre Irán en sus redes sociales y si esta vez el electorado comprará el relato. Las semanas que vienen dirán. Lo que está claro es que en Estados Unidos la política no descansa y la próxima sorpresa puede llegar antes que las urnas.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.





