El gas casi duplica su precio desde junio: ¿cuánto subirá la factura de la luz en invierno?

El precio del TTF se sitúa en máximos de 2022 y el Brent supera los 95 dólares, mientras los futuros anticipan un invierno caro. La retirada de las bonificaciones fiscales y los inventarios bajos agravarán la subida del recibo.

La factura de la luz de invierno se encarece: el gas duplica su precio y el Brent supera 95 dólares.

El bloqueo estadounidense de los puertos iraníes, los ataques de la República Islámica a embarcaciones en el estrecho de Ormuz, y las represalias de Washington contra Teherán han desatado una escalada bélica que tensa el mercado energético. El precio del gas TTF en el hub holandés cerró ayer en 73,5 euros por megavatio hora, casi el doble de los niveles de junio y el más alto desde diciembre de 2022. El Brent superó los 95 dólares por barril, con un alza de más del 10% en la última semana.

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La subida del crudo se nota ya en el surtidor. La gasolina 95 ha pasado de 1,53 euros por litro a finales de junio a 1,85 euros, y el gasóleo ha subido de 1,51 a 1,78 euros. No todo es el petróleo: la retirada progresiva de las bonificaciones fiscales también empuja. El gasóleo mantiene un descuento de 15 céntimos por litro que vence en octubre, mientras que la gasolina conserva apenas una bonificación simbólica de 5 euros por litro.

La retirada del apoyo fiscal ya está detrás de parte del repunte. El gasóleo subió un 15,3% anual en julio, según el Índice de Precios de Consumo del INE. Cuando el descuento expire en octubre, el encarecimiento se hará más visible. El invierno energético se ha adelantado.

La mayor escalada se ha producido en el gas. El TTF cerró en 73,5 euros/MWh y su impacto en la factura de la luz es directo, porque los ciclos combinados marcan cada vez más el precio del mercado mayorista. Ese mercado alcanza 118,25 euros por megavatio hora, tras una subida del 24% en las últimas ocho semanas. El recibo eléctrico ya lo nota.

La crisis de Ormuz no es un ruido pasajero: es un shock de suministro que llega con los inventarios europeos en mínimos casi históricos.

El problema de fondo es que el bloqueo del estrecho de Ormuz se produce con los almacenes bajo mínimos. Los países de la OCDE han tirado de reservas durante seis meses y sus inventarios de petróleo se sitúan en mínimos de casi 40 años. Los almacenes de gas en Europa están al 67,3% de su capacidad, 16,7 puntos por debajo de la media de los últimos cinco años. La Comisión Europea fija como objetivo cerrar agosto por encima del 80% para afrontar el invierno con garantías de suministro. No se llega.

Con los inventarios tan bajos, cualquier interrupción prolongada del tránsito en Ormuz se traduce en precios de invierno estructuralmente elevados.

Los futuros de electricidad y gas en Europa anticipan un invierno con precios altos. El mercado descuenta que la tensión en Ormuz persistirá y que los ciclos combinados seguirán marcando el precio marginal en las horas punta. La curva de futuros del gas TTF para el primer trimestre de 2027 se sitúa por encima de los 70 euros/MWh. Las comercializadoras ya trasladan esa señal alcista a las renovaciones de tarifas y a los contratos de precio fijo.

precio del gas hoy

Tendencias, precedentes y la contradicción de fondo

La escalada de 2026 guarda paralelismos con la crisis energética de 2022, pero con una diferencia importante: entonces los almacenes europeos estaban razonablemente llenos al comienzo del otoño. Hoy no. La dependencia de los ciclos combinados para cubrir los huecos de las renovables y de la nuclear hace que cada euro de gas se traslade casi automáticamente a la factura eléctrica. El precedente de 2022 demuestra que los mercados pueden permanecer tensionados durante meses si falla una ruta clave de suministro.

La contradicción del sistema europeo es evidente. La Comisión Europea pide cierres de agosto por encima del 80% de almacenamiento, pero la regulación no obliga a los Estados miembros a blindar los flujos de GNL si el tránsito por Ormuz se interrumpe. La política energética europea sigue diseñada para un escenario de normalidad geopolítica que ya no existe. El invierno 2026-2027 pondrá a prueba la resiliencia de ese diseño.

La próxima reunión del BCE, la semana que viene, será la primera señal concreta de cómo la autoridad monetaria asimila este repunte inflacionista. Si sube tipos, enfriará la demanda y descargará algo de tensión sobre los precios. Si opta por esperar, el mensaje será otro: la prioridad pasa a ser no dañar el crecimiento. Sea cual sea, la factura de la luz de invierno ya está decidida en los mercados de futuros. No hay margen para sorpresas optimistas.


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