He seguido esta mañana el acuerdo petrolero Venezuela-EE.UU.: 65.000 millones de barriles de reservas probadas. El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, viaja hoy a Caracas para cerrar una operación que la Asamblea Nacional venezolana ya ha aprobado. Washington busca dos objetivos inmediatos: abaratar la gasolina y frenar la influencia de China y Rusia en el sector energético venezolano.
El pacto fue anunciado por Donald Trump el 27 de agosto en Truth Social. El desplazamiento de Wright se produce el mismo martes en que el Legislativo, liderado por Jorge Rodríguez, dio luz verde al tratado energético binacional. La Casa Blanca confirmó el lunes su alianza con North American Blue Energy Partners (NABEP), la compañía del empresario venezolano Alejandro Betancourt que gestionará la extracción. El acuerdo contempla una concesión de 100 años sobre 17 grandes campos petroleros.
No obstante, parte de la oposición venezolana se abstuvo en la votación y denunció que los términos completos del pacto siguen sin publicarse. El diputado Luis Emilio Rondón exigió conocer «el texto íntegro y completo de lo acordado». Esa demanda resume la principal incógnita del anuncio: la letra pequeña, la fine print, no está encima de la mesa.
Los números del acuerdo: reservas, campos y estructura
Me detengo en los datos que sí han trascendido. Lo que Washington obtiene es acceso a una quinta parte de las reservas probadas venezolanas y un esquema de control poco habitual en la diplomacia energética estadounidense.
- 65.000 millones de barriles de reservas probadas, aproximadamente el 20% del total del país.
- Una concesión de 100 años para extraer crudo de 17 grandes campos.
- Una nueva sociedad con el Departamento de Defensa como propietario del 35% y el Departamento de Estado con derecho a comprar el 20% del petróleo producido a coste.
Fuentes oficiales describen el pacto como «una oportunidad geopolítica para asegurar campos que, en gran medida, habían estado bajo la influencia de compañías chinas y rusas». También se espera que Chevron firme este miércoles un acuerdo para ampliar sus operaciones en Venezuela, lo que confirma que la reapertura del sector no es un movimiento aislado.
«Support for the binational energy treaty between the Bolivarian Republic of Venezuela and the United States of America … is approved.» — Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, septiembre de 2026
Geopolítica y contradicciones: una lectura propia
Lo que veo aquí es un movimiento de realineamiento energético con consecuencias más amplias que el petróleo. La administración estadounidense está reconociendo, de facto, que prefiere operar con la estructura institucional que controla Delcy Rodríguez antes que esperar a una transición democrática. El argumento es funcional: admitir que no hay elecciones viables a corto plazo y que la transición exige trabajar con elementos de la estructura existente. Esa postura explica el respaldo al acuerdo, pero también su flanco más débil.
La operación carga con un socio incómodo. Alejandro Betancourt ha estado bajo investigación por presunto blanqueo de capitales en España y Suiza, aunque no enfrenta cargos penales en Estados Unidos. Un portavoz oficial lo defendió sin ambigüedad: no está nominando a nadie para la santidad. El mensaje es claro: este no es un pacto de cooperación tradicional; es una apuesta geopolítica de acceso a recurso.
La incógnita inmediata es la gobernanza del acuerdo. Sin el texto completo publicado, es imposible comprobar qué mecanismos de control financiero se aplican, cómo se reparten los ingresos o qué salvaguardas protegerán al Estado venezolano. Ese es el hito que seguiré de cerca: la publicación del articulado completo.
🌍 El impacto en España y Europa
Para España, el canal de transmisión no es directo, pero sí reconocible: una mayor disponibilidad de crudo venezolano y un acceso prioritario de Washington a coste pueden presionar a la baja los precios internacionales del Brent si la producción se recupera de forma creíble. Eso aliviaría parte de la factura energética europea y, con ella, la inflación de los carburantes en España. El Euríbor, en cambio, no reaccionará a este acuerdo por sí solo: su trayectoria seguirá condicionada por el BCE y por la inflación subyacente, no por un movimiento petrolero bilateral.
- Las gasolinas españolas podrían beneficiarse si el Brent cede por el aumento de oferta.
- Las empresas del IBEX con intereses energéticos en América Latina deberían vigilar la letra pequeña, sobre todo si el Gobierno venezolano revisa concesiones existentes.
- Para el BCE, el efecto es marginal a corto plazo; no altera su hoja de ruta sobre los tipos.




