La fotovoltaica ha batido récords en el mix eléctrico europeo durante las olas de calor de 2026 y ha cubierto el hueco dejado por la eólica y la térmica, según los datos recogidos por el think tank Ember y publicados por Grist.
El verano europeo encadenó olas de calor récord y dejó el junio más cálido del que se tiene registro. A la vez, la sequía redujo el caudal de los ríos a mínimos históricos, lo que golpeó al sistema eléctrico por dos frentes: la eólica perdió fuelle por la falta de viento y las centrales térmicas —nucleares, de gas y de carbón— tuvieron que recortar producción al perder agua de refrigeración.
La fotovoltaica marca el paso del sistema eléctrico
El dato principal del verano lo firma Ember: la generación solar en Europa produjo un 17% más de electricidad durante las olas de calor de lo habitual. No es un matiz. Mientras otras fuentes se atascaban, los paneles solares aprovecharon cielos despejados y radiación alta para sostener el sistema en las horas centrales del día, justo cuando la demanda de refrigeración se dispara.
El episodio de finales de junio fue el más revelador. La demanda eléctrica en Italia creció un 28% respecto a la semana anterior; en Francia, un 14%. Con los hogares conectando el aire acondicionado a pleno rendimiento, los precios de la electricidad y del gas natural se dispararon en las horas de la tarde, al coincidir la mayor demanda con el final de la generación solar.
Ahí está la letra pequeña que importa. El sol resuelve el pico de la tarde, pero no la noche. «El siguiente reto es el periodo nocturno», apunta Walburga Hemetsberger, consejera delegada de SolarPower Europe, la patronal europea del sector. «Las temperaturas a menudo siguen altas tras la puesta de sol y la demanda de aire acondicionado puede continuar elevada, incluso cuando la producción solar decae. Por eso el almacenamiento con baterías se está convirtiendo en una pieza tan importante de la transición energética.»
La fotovoltaica apagó el incendio del pico diurno; la pregunta crítica es quién sostiene la red cuando se pone el sol.
El hueco de la eólica, la térmica y la nuclear: la letra pequeña del verano
Mientras la solar rendía por encima de lo normal, otras tecnologías sufrieron el calor y la sequía. En Reino Unido, cinco plantas de gas recortaron 2,5 GW de potencia conjunta por la pérdida de eficacia de sus sistemas de refrigeración. La generación eólica británica cayó a la mitad en junio por la falta de viento asociada a las olas de calor.
El gas, la nuclear y la eólica fallaron a la vez. La solar respondió, pero solo con almacenamiento llega hasta la noche.
El agua también condicionó a la nuclear francesa. Francia perdió a mediados de julio el 18% de su capacidad nuclear por factores ambientales, según Ember, al tener que respetar el límite de temperatura del agua que las plantas devuelven a los ríos para proteger la fauna acuática. La hidroeléctrica europea firmó su peor julio en una década.
En paralelo, el Danubio alcanzó niveles mínimos en Europa central y oriental y dejó al descubierto restos de naufragios de la Segunda Guerra Mundial y reliquias prehistóricas. El mismo fenómeno redujo la disponibilidad de agua para refrigerar las centrales más antiguas.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Solar: produjo un 17% más de electricidad durante las olas de calor que en condiciones normales.
- Eólica: la generación británica cayó a la mitad en junio por la falta de viento.
- Nuclear: Francia perdió el 18% de su capacidad a mediados de julio por factores ambientales.
- Almacenamiento: Europa instaló 36 GWh de baterías en 2025, un 48% más que el año anterior.

La respuesta industrial ya está en marcha. Europa instaló 36 gigavatios-hora de almacenamiento en 2025, un 48% más que el ejercicio previo y su duodécimo año consecutivo de crecimiento, según SolarPower Europe. La combinación de solar y baterías permitió trasladar parte de la electricidad del mediodía a las horas de la noche, cuando el calor persistente seguía haciendo funcionar los aparatos de refrigeración.
«Los picos extremos de precios durante las olas de calor son una señal clamorosa para impulsar cambios regulatorios que aumenten la flexibilidad del sistema eléctrico», sostiene Beatrice Petrovich, analista sénior de energía de Ember para Europa. «Tratar este verano como un punto de inflexión para el almacenamiento energético sería una oportunidad para eliminar barreras existentes.»
El margen de crecimiento es enorme. Solo el 23% de los hogares europeos tiene acceso al aire acondicionado o lo utiliza, frente al 90% en Estados Unidos. En Italia y España la penetración ronda la mitad; en Francia, apenas un cuarto. A medida que la península se calienta y los veranos se vuelven más extremos, la demanda de refrigeración presionará aún más la red.
La lección para la próxima ola de calor
Este verano recuerda a la crisis de precios del gas de 2022 y 2023, cuando Europa descubrió que depender de una sola fuente —entonces el gas ruso, ahora la meteorología extrema— sale caro. La diferencia es que ahora la diversificación es tecnológica: solar más baterías. La lección de 2026 no es que el sol baste; es que sin almacenamiento y sin más flexibilidad regulatoria, el récord solar de la tarde se esfuma justo cuando la demanda nocturna de refrigeración sigue alta.
La Comisión Europea y los reguladores nacionales tienen ahora el incentivo para acelerar la integración de baterías, la agregación de demanda y los mercados de flexibilidad. No se trata de simpatía por lo verde. Se trata de evitar que los picos de precios de las tardes de calor se conviertan en la nueva normalidad de cada verano. La transición ya no solo es una cuestión de volumen renovable, sino de gestionar el sistema con más inteligencia.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: la solar produjo un 17% más durante las olas de calor y sostuvo el sistema en los picos de demanda de refrigeración.
- Modelo que cambia: la red eléctrica deja de depender solo de fuentes térmicas vulnerables al calor y avanza hacia solar más almacenamiento.
- Para las próximas generaciones: un sistema eléctrico más flexible y descarbonizado, capaz de soportar veranos extremos sin que el precio arruine a los hogares.




