Coste verano extremo España: 20.000 millones que ponen en jaque al crecimiento económico

Los informes de Allianz Research y Triodos Bank cifran el impacto del calor en hasta el 1,4% del PIB, con un turismo y una productividad ya resentidos. La AIReF eleva a 65.085 millones el coste de los eventos climáticos desde 2005.

El coste del verano extremo en España supera ya los 20.000 millones de euros. El calor de 2026 se ha convertido en un lastre macroeconómico de primer orden y amenaza la productividad, el turismo y el crecimiento.

El peaje económico del calor: entre 17.000 y 24.000 millones

Dos informes recientes de Allianz Research y Triodos Bank sitúan el impacto del calor de estas semanas entre el 1% y el 1,4% del PIB. En cifras absolutas, hablamos de entre 17.000 y 24.000 millones de euros en una sola estación.

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Los economistas de Triodos Bank detallan las vías del daño: subida del nivel del mar, reducción de cosechas, menor producción láctea, menos agua dulce, y aumento de la demanda energética. A escala europea, el perjuicio alcanza el 1,1% del PIB de los Veintisiete, unos 200.000 millones, según el mismo documento.

El efecto no se queda en España. El Bundesbank alemán advirtió la semana pasada de que el bajo caudal del Rin, una de las vías fundamentales del centro de Europa, va a condicionar la capacidad de crecer de la economía alemana. En Francia, el ministro de Economía, Roland Lescure, vinculó este viernes la revisión a la baja del PIB con el impacto «terrible» de las altas temperaturas.

Más de 2.500 euros por español. Esa es la factura acumulada por cuarenta años de catástrofes climáticas (1980-2024), según el think tank europeo Bruegel. España figura entre los países europeos más expuestos, junto a Italia y Suiza.

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha cifrado en 65.085 millones de euros el coste de los eventos meteorológicos vinculados a la emergencia climática entre 2005 y 2025. La dana de Valencia de 2024 por sí sola exigió 8.000 millones del Fondo de Contingencia y 4.200 millones en indemnizaciones del Consorcio de Compensación de Seguros.

El calor ya no es una anomalía: es un impuesto silencioso que descuenta décimos al PIB y resta competitividad a los motores tradicionales de la economía.

Turismo, productividad y consumo: los motores que ya se resienten

Uno de los tradicionales motores de la economía española, el turismo, ya nota el golpe. Un estudio de Caixabank Research que cruzó datos de pagos con tarjetas extranjeras e información climática de Copernicus muestra que un visitante expuesto a olas de calor extremas tiene una probabilidad de regresar a España un 15% inferior. «España tiene un sector turístico muy competitivo, pero el cambio climático es un riesgo real», explica David César Heymann, economista de la entidad.

Mantener el atractivo exigirá inversión en adaptar alojamientos, espacios públicos, horarios y actividades, detalla el estudio. El sector afronta este año el reto de superar los 100 millones de turistas, una barrera psicológica que el calor puede poner en cuestión.

No solo la productividad física se resiente. El calor extremo también deprime el consumo en la hostelería y el comercio, porque los desplazamientos en horas centrales caen y la demanda de servicios al aire libre se reduce.

La productividad también sufre. Una investigación del Banco Central Europeo con datos de Italia entre 1999 y 2013 apuntaba que un incremento de 2 °C de media al año suponía una caída del 1,7% en la productividad agregada, y que con un avance del 4% la pérdida se aceleraba hasta el 6,8%.

El Instituto Sindical Europeo (ETUI) va más allá: pronostica que en 2030 España será uno de los países más afectados por la pérdida de productividad debida a las altas temperaturas. En el sur de Europa las pérdidas pueden alcanzar el 20% durante el tercer trimestre, y en algunas zonas de la Península Ibérica, como Extremadura y el oeste de Andalucía, se acercarán al 8% también en primavera y otoño.

Sectores como el campo, la construcción, el transporte, la hostelería o el turismo se enfrentan a una transformación radical. BBVA Research apuntaba a principios de año que las transiciones bien gestionadas pueden convertirse en vientos de cola y generar crecimiento, aunque difícilmente compensarán del todo la brecha climática.

Adaptarse o asumir pérdidas estructurales

La proyección de Caja de Ingenieros es clara: en 2040 las pérdidas rozarán el 2% del PIB y en 2060, el 3%. Por cada grado que aumenta la temperatura, la economía española no se calienta, sino que hierve.

La AIReF recomienda una gestión activa de estos riesgos. Tiene sentido: los eventos extremos reducen la recaudación porque la actividad cae, mientras los gobiernos pagan más en prestaciones y deben redirigir partidas hacia las regiones afectadas. Un mayor coste de la deuda es particularmente problemático cuando los niveles ya son elevados, recuerda Bruegel.

Desde mi punto de vista, la adaptación ya no es una opción. Los datos de Caixabank sobre la menor propensión a regresar y las proyecciones de ETUI dibujan un escenario donde el crecimiento no se frena solo por el calor, sino por la falta de inversión para convivir con él. La factura de 20.000 millones de este verano debería leerse como un anticipo, no como un accidente aislado.

La cuestión no es si habrá más olas de calor, sino si los sectores productivos ajustarán horarios, infraestructuras y modelos de negocio antes de que el último trimestre del año confirme si el golpe térmico ha comido una parte del PIB que ya no se recupera.


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