Carburantes más caros en septiembre: llenar el depósito sube un 20% respecto al verano

La escalada no responde a la cotización del crudo, sino a los márgenes del refino, según coinciden varios medios. El sobrecoste frente a junio alcanza varias decenas de euros por repostaje completo.

Los carburantes son un 20% más caros en septiembre. Llenar el depósito cuesta decenas de euros más que en junio. El dato lo recogen esta semana varios medios económicos y anticipa una cuesta de septiembre especialmente empinada para las familias.

La subida de los carburantes llega con la cuesta de septiembre

El aviso parte de la prensa regional y económica. El Correo habla directamente de la ‘cuesta’ de septiembre con los carburantes un 20% más caros que antes de las vacaciones. La Voz de Galicia subraya la vuelta de las vacaciones más cara y cifra el incremento en el mismo porcentaje. Antena 3 añade una precisión incómoda: llenar el depósito cuesta un 20% más que en junio.

Publicidad

No se trata de un repunte pasajero del crudo. El Español lo plantea con claridad: tener petróleo no es suficiente, hay que poder transformarlo. La subida del precio del combustible tiene más que ver con lo que ocurre en las refinerías que con lo que marcan los mercados internacionales del barril. Los márgenes del refino, esa diferencia entre lo que cuesta el crudo y lo que se paga por el producto ya elaborado, se han disparado.

El margen de refino, principal motor del encarecimiento

Ese margen se ha convertido en el auténtico termómetro de los surtidores. Cuando la capacidad de refino se queda corta, la gasolina y el gasóleo se encarecen aunque el petróleo baje. Es un desajuste industrial, no geopolítico. Y España, que depende de las importaciones de productos refinados, lo nota en cada repostaje.

Los márgenes del refino en Europa se han instalado en niveles que hacía meses no se veían. La señal es clara: las refinerías no están produciendo al ritmo que exige la demanda y cobran por ello un peaje cada vez mayor. El cuello de botella no aparece en los yacimientos, sino en las torres de destilación.

El Comercio aporta el efecto en la calle. Las familias de Asturias afrontan una cuesta de septiembre más empinada con los precios al alza. El gasto extra no es menor: hablamos de decenas de euros más por depósito lleno en comparación con junio. Para un turismo medio de 50 litros, el sobrecoste se nota, y para un transportista que reposta cientos de litros cada semana, la factura mensual se dispara.

Los márgenes del refino explican la subida: el petróleo no es el problema, la capacidad de transformarlo sí.

El momento no podía ser peor. Septiembre concentra la vuelta al colegio, el final de las vacaciones, y la renovación de gastos fijos en muchos hogares. Los carburantes se suman a una lista en la que también pesan la electricidad y los alimentos. La subida del 20% no es una anécdota: es un golpe directo a la renta disponible de las familias que ya habían consumido el ahorro estival. El calendario escolar y laboral no concede tregua.

La factura silenciosa de la dependencia del refino

Conviene leer este repunte con perspectiva. España importa una parte relevante de los productos refinados que consume, y esa dependencia se pone de manifiesto cada vez que las refinerías europeas ajustan su producción. No es un fenómeno nuevo: en 2022, tras la crisis energética, los márgenes de refino alcanzaron niveles récord y lo pagaron los consumidores. La lección es incómoda.

Los analistas llevan meses advirtiendo de que la transición energética está reduciendo la inversión en capacidad de refino en Europa. Menos plantas y menos mantenimiento se traducen en menos flexibilidad cuando la demanda repunta en verano o en la operación retorno. El resultado es un mercado de carburantes más tenso, en el que cualquier parada técnica o pico de consumo se traslada de inmediato al precio del surtidor. Esa lección condiciona la política energética del país.

¿Qué puede pasar en las próximas semanas? Dependerá de los márgenes, no del barril. Si las refinerías mantienen la producción estable y la demanda se normaliza tras la vuelta al trabajo, el precio podría suavizarse. Aunque no conviene confiarse: el otoño suele traer paradas de mantenimiento programadas en varias plantas europeas. Ese calendario industrial, poco mediático, condiciona más el bolsillo que muchas cumbres de la OPEP.

Como economista de empresa, me parece más relevante mirar a los márgenes del refino que a la cotización del crudo. El que no lo entienda seguirá sorprendiéndose cada septiembre. La próxima prueba llegará con los datos de inflación de septiembre, que recogerán esta subida de los carburantes. Si se confirma, el IPC general volverá a pagar el pato de un cuello de botella industrial. El otoño pondrá a prueba esa resistencia.


Publicidad