El aviso de Foreign Affairs sobre el reequilibrio del comercio global: ¿quién pagará los costes?

El análisis sitúa a China como el actor más vulnerable y a Estados Unidos como quien más capacidad tiene para trasladar el ajuste. Para Europa, el riesgo es sufrir un encarecimiento del crédito sin controlar el reparto de costes.

El reequilibrio del comercio global ya no es una hipótesis: es la advertencia central que lanza Foreign Affairs. El análisis que he revisado sostiene que los desequilibrios comerciales actuales son insostenibles y que, cuando se corrijan, el coste no se repartirá de forma equilibrada entre China, Estados Unidos y Europa. La señal llega, además, en plena escalada arancelaria de Donald Trump contra sus principales socios comerciales.

El punto de partida es conocido: China y Alemania acumulan superávits comerciales persistentes; Estados Unidos absorbe buena parte de ellos con el mayor déficit comercial del mundo. Para Foreign Affairs, una economía avanzada y rica en capital no puede sostener de forma indefinida un desequilibrio de esa naturaleza. La alternativa es incómoda: si el déficit se mantiene, acabará traduciéndose en más desempleo o en más deuda. Ninguna de las dos vías es sostenible.

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El desequilibrio actual y sus tres actores

El diagnóstico más útil del análisis no es la magnitud del desequilibrio, sino la imposibilidad de coordinación. Pekín atribuye la brecha al consumo excesivo y los déficits fiscales de Estados Unidos. Washington culpa a las políticas industriales, comerciales y cambiarias de sus socios. Europa, por su parte, sigue sin articular un diagnóstico propio. Con remedios tan incompatibles, la probabilidad de una acción coordinada es baja.

De hecho, las posturas actuales recuerdan un pulso de atribución de culpas más que un programa de ajuste compartido. Pekín quiere que los países con déficit ahorren más, pero no desea alterar su modelo de crecimiento. Washington exige a los superavitarios que redistribuyan renta hacia sus hogares para reducir excedentes. Bruselas insiste en la cooperación multilateral y en el comercio basado en reglas de la OMC.

  • China aparece como el actor más vulnerable del reequilibrio por el avance de su deuda sin una capacidad productiva equivalente.
  • Estados Unidos conserva la mayor capacidad para reducir su exposición y trasladar parte del ajuste al exterior.
  • Europa posee poder latente, pero su habilidad para utilizarlo es dudosa.

“Si hay pocas perspectivas de acción preventiva, la segunda mejor opción es prepararse para una crisis.” — Martin Wolf, analista económico, en declaraciones recogidas por Foreign Affairs

Esa frase resume el tono del aviso: el reequilibrio del comercio global no depende de que todos se sienten a cooperar. Depende de qué actor consigue imponer su posición cuando la tensión financiera se intensifica.

De la Smoot-Hawley a la eurozona: la historia pide cautela

Foreign Affairs repasa un siglo de episodios para sostener que los grandes desequilibrios casi nunca terminan de forma benigna. En los años veinte, los superávits estadounidenses y el endeudamiento europeo precedieron al colapso del comercio global de la Gran Depresión. El ajuste posterior no fue simétrico: Estados Unidos absorbió una parte desproporcionada del coste.

Los episodios posteriores confirman el patrón. La crisis de deuda latinoamericana de los ochenta trasladó el coste a los países deficitarios. La experiencia japonesa a partir del Acuerdo del Plaza de 1985 terminó con estancamiento y deflación. La crisis asiática de 1997 y la crisis de deuda europea posterior a 2008 repitieron la lección: la fragilidad financiera determina dónde duele.

El análisis añade un matiz relevante. El proteccionismo no suele causar los conflictos comerciales; es un síntoma de desequilibrios que se han tolerado demasiado tiempo. Cuando las tarifas aparecen, ya pueden influir en quién paga el ajuste.

guerra comercial global

Lectura propia: una crisis que se desplaza, no se evita

Lo que me parece más relevante de este análisis es que descarta la idea de un reequilibrio sin fricción. La cuestión no es si habrá costes, sino qué país consigue trasladarlos al otro. China concentra la mayor vulnerabilidad: su deuda ha crecido con rapidez y parte de ella ha financiado inversión con rendimientos decrecientes. Estados Unidos, en cambio, dispone de herramientas comerciales, financieras y cambiarias para obligar a sus socios a absorber parte del ajuste.

El riesgo no resuelto es que una guerra arancelaria mal gestionada convierta una corrección gradual en un shock de liquidez global. Si Pekín responde con controles de capital o Bruselas eleva barreras, el reequilibrio podría acelerarse por la vía del crédito y no del comercio. Conviene seguir, por tanto, la próxima tanda de medidas arancelarias y las respuestas europeas y chinas como termómetro del reparto de costes.

🌍 El impacto en España y Europa

El impacto directo en España es indirecto, pero no irrelevante. Una desaceleración del comercio global golpearía primero a Alemania y, por arrastre, a la industria auxiliar española. Para las hipotecas variables, el canal es ambiguo: los aranceles pueden mantener las yields estadounidenses al alza, pero una eurozona débil limitaría la capacidad del BCE para endurecer su política.

  • Euríbor e hipotecas: el reequilibrio no baja el Euríbor por sí solo; si el crédito global se encarece, el alivio monetario del BCE puede retrasarse.
  • Exportadores españoles: la industria auxiliar y el agroalimentario, expuestos a cadenas globales, verían márgenes más estrechos.
  • IBEX y financiación: una repreciación del riesgo internacional ampliaría los diferenciales de las empresas cotizadas con más deuda externa.

En mi lectura, el aterrizaje para España es defensivo: no hay un golpe único, sino una combinación de comercio, crédito y expectativas que conviene vigilar sin pánico.


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