El doble alquiler de los autónomos: la vivienda y el local comercial suben a la vez, según Idealista

La organización de autónomos Uatae reclama medidas conjuntas para frenar el encarecimiento simultáneo de la vivienda y del local comercial en España. El aviso apunta al comercio de proximidad, los talleres y la hostelería como los sectores más expuestos.

La Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (Uatae) alerta del doble alquiler que asfixia a los autónomos. La organización considera ‘difícilmente sostenible’ el encarecimiento simultáneo de la vivienda y del local comercial, sobre todo en las grandes ciudades y en las zonas donde los precios han registrado mayores incrementos.

El aviso tiene una particularidad: invita a mirar de forma conjunta lo que casi siempre se analiza por separado. La vivienda y el local son dos mercados distintos para la estadística, pero para un autónomo con establecimiento físico son la misma factura mensual. El arrendamiento no termina en la puerta de casa, recuerda Uatae, porque cada mes incluye también el coste del espacio en el que se trabaja.

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Qué hay detrás del ‘doble alquiler’ que asfixia a los autónomos

‘Puedes vender más, trabajar más horas o intentar ajustar gastos, pero hay costes fijos que han alcanzado un nivel que un pequeño negocio sencillamente no puede compensar’, ha expuesto la secretaria general de Uatae, María José Landaburu. La frase describe el corazón del problema: no se trata de un ajuste coyuntural, sino de un desbordamiento estructural de los costes fijos frente a márgenes cada vez más estrechos.

La presión no golpea igual a todos los sectores. Comercio, hostelería, peluquerías, talleres y servicios de proximidad son los más expuestos porque necesitan ubicación física y no pueden trasladar su actividad a una vivienda ni operar exclusivamente por internet. Para ellos, el doble alquiler se convierte además en una barrera de entrada: a la inversión inicial se suman fianzas, garantías, reformas y el primer tramo de rentas antes de levantar la persiana.

El efecto de los precios de los locales va más allá de la cuenta de cada autónomo. Según Uatae, está modificando el tejido comercial de numerosos barrios, con una sustitución progresiva de pequeños negocios por operadores con mayor capacidad financiera, locales de cadenas o bajos que permanecen cerrados a la espera de arrendatarios capaces de pagar rentas más elevadas. La librería, la ferretería, la frutería o el bar de toda la vida desaparecen no solo como negocios, sino como anclas de la vida de barrio.

El doble alquiler no es un simple problema de precios: es un cambio silencioso del modelo de ciudad y del tejido productivo de proximidad.

Para evitar que la asfixia se consolide, Uatae ha pedido abrir el debate sobre el mercado de alquiler de locales y estudiar medidas concretas. Entre ellas figuran incentivos para sacar al mercado locales vacíos a precios razonables, mecanismos públicos o municipales de intermediación entre propietarios y autónomos, ayudas vinculadas a actividades esenciales para los barrios y un mayor aprovechamiento del parque de locales de titularidad pública. La organización reclama, además, que las políticas de vivienda contemplen la realidad de los autónomos: ingresos variables de un mes a otro y dificultad añadida para acreditar solvencia pese a tener actividades económicamente viables.

El aviso llega en un momento en el que el alquiler residencial sigue en máximos en las principales capitales, con Madrid y Barcelona marcando registros históricos en el precio por metro cuadrado. El cruce de ambas tensiones, la residencial y la comercial, dibuja un escenario complejo para el comercio de proximidad: sube el coste de vivir cerca del negocio y sube también el coste de mantener abierto el propio negocio. Para el autónomo, el margen de maniobra se estrecha por los dos lados a la vez.

El efecto silencioso: locales vacíos y barrios que cambian de piel

Lo que Uatae describe tiene precedentes en otros grandes mercados europeos. Ciudades como París o Londres llevan años debatiendo fórmulas para frenar la desaparición del comercio de proximidad, desde gravámenes sobre locales vacíos hasta limitaciones de determinados usos en ejes comerciales sensibles. La diferencia en España es que la conversación se ha centrado casi exclusivamente en el alquiler residencial, mientras el local comercial ha quedado fuera del foco regulatorio. Todos hablan de vivienda, casi nadie, habla del local.

Ese vacío favorece, según la lectura de Uatae, la consolidación de un modelo urbano más uniforme. La sustitución del comercio independiente por cadenas u operadores con más músculo financiero no es neutral: cambia la calle, los horarios, la oferta y los precios de los bienes y servicios de proximidad. Cuando el pequeño comercio se va, el barrio pierde algo más que una ferretería o una librería: pierde un nodo de actividad continua y de vigilancia informal del espacio público. A esto apunta la frase final de Landaburu: ‘Estamos hablando mucho de quién puede permitirse vivir en nuestras ciudades, pero tenemos que empezar a preguntarnos también quién puede permitirse trabajar en ellas’.

La Ficha del Inversor

Desde el punto de vista del inversor, el fenómeno del doble alquiler tiene una lectura paradójica. El alquiler residencial y el de locales por separado ofrecen rentabilidades que en muchas zonas siguen siendo atractivas: el yield bruto (la rentabilidad anual del alquiler antes de impuestos y gastos) ronda en varias capitales entre el 4% y el 5,5%, según la zona y el activo. Pero la rentabilidad del propietario es, al mismo tiempo, la presión del autónomo. La tensión la aguanta el que paga, no el que cobra.

A seis meses vista, la tendencia apunta a una estabilización de las rentas residenciales en niveles altos, sin correcciones bruscas, mientras que en locales la dispersión es mayor: los bajos comerciales en ejes consolidados aguantan, pero los de zonas secundarias atraviesan periodos de vacancia largos y negociaciones a la baja. Para un autónomo con local en una gran ciudad, el riesgo no es que el alquiler suba de golpe, sino que no baje lo suficiente cuando la actividad flojea.

El perfil más expuesto es, precisamente, el que mezcla ambas facturas: el pequeño empresario con vivienda y local en alquiler. Para él, la recomendación pasa por blindar los plazos contractuales, negociar escalados de renta vinculados a la actividad o acogerse a ayudas municipales cuando existan. Para el inversor patrimonial, en cambio, la transformación del comercio de proximidad es una señal de riesgo de vacancia a medio plazo en carteras muy concentradas en bajos comerciales: la sustitución del tejido independiente por cadenas reduce la base de inquilinos potenciales para el segmento medio.

El precedente de la crisis financiera de 2008 dejó una lección parecida: miles de bajos comerciales quedaron vacíos en barrios enteros y la recuperación posterior no devolvió el mismo tejido. Hoy la situación es distinta, con demanda de alquiler residencial en máximos y el turismo urbano tensionando algunas zonas, pero la pregunta de Uatae sigue abierta: si los autónomos se ven expulsados de las ciudades por la suma de alquileres, ¿quién sostiene los servicios de proximidad que hacen funcionar la vida urbana? El mercado no tiene respuesta para eso. Habrá que ver si las administraciones la asumen.


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