En apenas una semana de agosto Ucrania confirmó un avance de unos 700 kilómetros cuadrados, una cifra que VisualPolitik califica como el mayor salto territorial de los últimos tres años de guerra. Para ponerlo en perspectiva el canal apunta que los rusos avanzaron unos 35 kilómetros cuadrados durante todo el mes de julio. A ese ritmo, sostiene el presentador, Moscú tardaría casi dos años en conquistar lo que Ucrania afirmó haber tomado en siete días.
Pero el dato viene con trampa. Según explica VisualPolitik, una cosa es confirmar un avance y otra muy distinta tomar el terreno. Esos 700 kilómetros cuadrados no se conquistaron en siete días, sino a lo largo de todo 2026. Y lejos de restarle importancia, el matiz la multiplica: la clave no está en el frente sino en Moscú.
Los mandos rusos mienten a Putin sobre el frente
El canal cita al Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) para asegurar que el mando ruso está falseando los partes sobre los avances en las regiones de Yákov y Sumy. La lógica, explica VisualPolitik, es perversa: en el ejército ruso admitir que no has avanzado cuesta el puesto, así que cada comandante infla su parte, su superior lo infla a su vez, y la cadena escala hasta dibujar una guerra que aparentemente se está ganando.
El problema real no está arriba, advierte el canal, sino abajo. Con esos partes falsos se elaboran los mapas oficiales del ejército, y esos mapas bajan hasta la última trinchera. El comandante que decide por dónde atacar recibe un mapa que no tiene nada que ver con lo que tiene delante. En una guerra, subraya VisualPolitik, eso cuesta vidas.
La desconfianza es tan grave que algunos oficiales rusos habrían dejado de fiarse de los mapas de su propio ejército y empezaron a usar cartografía ucraniana de fuentes abiertas, como DeepState. Ante esa filtración de información, los ucranianos han optado por no firmar ninguna posición hasta estar del todo seguros. El resultado es un caos informativo que deja a las tropas rusas sin saber cómo está realmente el frente.
Mientras los mandos rusos se cuentan cuentos, Ucrania golpea objetivos por toda Rusia y avanza en el frente como no lo había hecho en tres años.
— VisualPolitik
El año en el que Ucrania ganó la superioridad aérea
Para entender este avance el canal retrocede hasta enero de 2026, cuando arrancó la campaña de Alexandrívka. Esa operación no es la causa de nada, sostiene VisualPolitik, sino la consecuencia de un cambio estructural: Ucrania ha logrado hacerse con la ansiada superioridad aérea. Eso le ha abierto dos puertas: moverse con más libertad por la franja de la muerte y golpear mucho más lejos dentro de Rusia.
El canal recuerda que la franja de la muerte es esa banda de unos treinta kilómetros pegada al frente donde los drones impiden acumular tropas o blindados. Dominarla se ha convertido en una posición de altísimo valor. Y a eso se suma la capacidad de atacar centros logísticos y refinerías por toda Rusia, una presión que VisualPolitik ilustra con las enormes colas en las gasolineras rusas. No hay combustible en uno de los mayores productores de crudo del mundo, ironiza el presentador.
Elon Musk cortó Starlink y dejó a Rusia sin ojos
Además de la superioridad aérea hay otras dos variables que, según VisualPolitik, dieron el golpe definitivo. La primera es la meteorología: durante enero, cuando empezó la ofensiva ucraniana, el mal tiempo redujo la capacidad de detección rusa. La segunda la trajo Elon Musk. El 1 de febrero, por sorpresa, se cortó el acceso a Starlink al ejército ruso, un servicio que las unidades rusas llevaban tiempo usando para comunicarse y operar sus drones.
El canal explica por qué esto es tan relevante. Un dron convencional se pilota por radio desde pocos kilómetros, un enlace local que los inhibidores pueden reventar. Los rusos colgaban al dron un terminal Starlink, con lo que el aparato pasaba a depender de un satélite: el operador podía estar mucho más lejos y los inhibidores ucranianos tenían mucho menos que hacer. Todo eso terminó de la noche a la mañana.
Con la logística ardiendo y sin ojos, grupos de infiltración ucranianos fueron tomando posiciones rusas hasta acumular esos cerca de 700 kilómetros cuadrados. Eso no significa que Rusia esté acabada, advierte VisualPolitik. Sigue siendo un ejército gigantesco y con capacidad de aprender. Esta guerra avanza por ciclos: uno inventa algo, el otro fabrica la contramedida y la ventaja cambia de manos.
Rusia responde con mallas, convoyes blindados y su propio Starlink
Los rusos no se han quedado quietos, insiste el canal. Ante los ataques a la logística han desplegado soluciones tan simples como efectivas: kilómetros de malla de nylon sobre las carreteras para detonar drones antes del impacto, chapas y rejas soldadas a los vehículos, convoyes protegidos con inhibidores y soldados apuntando al cielo. La idea de fondo es diluir la capacidad de golpeo ucraniana y reconstruir la logística del frente.
Y para recuperar los ojos, Rusia apuesta por Rasbed, un proyecto de constelación satelital respaldado por Roscosmos y valorado en unos 5.000 millones de dólares. VisualPolitik precisa que no es un anuncio vacío: en marzo Rusia puso en órbita los primeros 16 satélites, en julio otros 16, y ya acumula 32. Según el especialista ucraniano Vladimir Estepanets, citado por el canal, a finales de julio la constelación ya daba al menos dos ventanas diarias de comunicación sobre Ucrania, de más de una hora cada una.
El número dos de la inteligencia militar ucraniana, según cita VisualPolitik, afirma que el Kremlin espera tener 292 satélites en órbita a finales de 2027 y 924 para 2035. Los expertos ucranianos calculan que con unos 200 o 250 satélites Rusia tendría cobertura continua sobre Ucrania. La ventana abierta por el corte de Starlink, en definitiva, podría empezar a cerrarse.
Ucrania golpea la fábrica que ensambla el Starlink ruso
La respuesta ucraniana a esa contramedida rusa tiene nombre propio: el misil de crucero FP5 Flamenco, de producción ucraniana. Hasta hace poco Ucrania solo podía golpear a larga distancia objetivos que arden, como refinerías o depósitos, porque un dron de largo alcance apenas carga entre 20 y 75 kilos de explosivo. Un misil como el Flamenco, en cambio, ronda los 1.150 kilos, suficiente para tumbar un edificio entero.
El canal destaca un golpe especialmente simbólico: el ataque al centro espacial Progre de Samara, la única planta de toda Rusia que ensambla en serie los cohetes Soyuz, los mismos que deben poner en órbita los satélites de Rasbed. También menciona el reciente ataque al cosmódromo de Plesetsk, el principal centro de lanzamiento de satélites militares de Rusia. En otras palabras, Ucrania está golpeando directamente la infraestructura que sostiene la contramedida rusa.
Una carrera desigual: solo uno corre acompañado
Para VisualPolitik la guerra está al rojo vivo y ambos bandos la corren a toda máquina, pero esta vez la carrera no está igualada. Rusia está mucho más desgastada: su economía de guerra se agota, Putin ha subido impuestos y las grietas aparecen por todas partes. Ucrania tampoco está bien, reconoce el canal, pero cuenta con el apoyo y la cartera de Europa.
En el frente las bajas rusas son desproporcionadamente mayores, aunque VisualPolitik matiza que las cifras de ocho bajas rusas por cada ucraniana probablemente estén infladas. La ventaja demográfica rusa es evidente sobre el papel, 145 millones frente a poco más de 30, pero Ucrania lleva años en movilización general mientras Rusia sigue tirando de voluntarios pagados, y esos voluntarios se están acabando, explica el canal. El Reino Unido, además, ayudará a Ucrania a fabricar misiles de largo alcance compartiendo tecnología clasificada.
¿Negociar o escalar? Las cartas que le quedan a Putin
Si la guerra le va mal a Rusia, lo lógico sería empujar a Putin a negociar. Pero sentarse a la mesa no es lo único que puede hacer, advierte VisualPolitik. A Putin todavía le quedan cartas: decretar una movilización general, escalar el conflicto, implicar de lleno a aliados como los norcoreanos o los bielorrusos, incluso recurrir a armas tácticas nucleares. Todas tienen un precio que nadie sabe si Moscú está dispuesto a asumir.
La pregunta que deja el canal sobre la mesa es exactamente esa: ¿pagará Putin el alto precio de escalar o acabará sentándose a negociar? Ni el frente ni la economía rusa permiten respuestas fáciles. Lo único claro, concluye VisualPolitik, es que Ucrania todavía puede dar muchas sorpresas.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik en YouTube.






