La sequía y los piensos encarecen 5 céntimos el precio de la leche en Galicia

Las materias primas para piensos suben alrededor de un 15% en lo que va de año y la sequía reduce el pasto disponible. La tensión de costes amenaza con llegar al precio final de la leche en el súper.

Producir un litro de leche en Galicia cuesta ya hasta 5 céntimos más por la sequía y el encarecimiento de los piensos. La factura extra no se queda en la granja: amenaza con llegar al precio de la leche que paga el consumidor en el súper, según La Voz de Galicia.

El encarecimiento de los piensos castiga a las granjas gallegas

La alimentación del ganado se ha convertido en el principal foco de coste. Las materias primas para piensos han subido alrededor de un 15% en lo que va de año, un incremento que recoge Campo Galego y que sitúa la presión directamente sobre las cuentas de las explotaciones lecheras gallegas.

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Detrás de este repunte hay un desajuste entre la oferta de forraje y las necesidades del ganado. La sequía no solo reduce la hierba fresca; también encarece la paja y el heno, dos insumos básicos en la alimentación animal. Con ese cóctel de costes, el pienso compuesto deja de ser un complemento y se convierte en un recurso de urgencia para mantener la producción.

La sequía agrava el problema. Con menos pastos disponibles, las granjas deben comprar más forraje y pienso compuesto. Ese gasto adicional se traduce en el encarecimiento de hasta 5 céntimos por litro que señala La Opinión A Coruña.

La Lonja de Barcelona, referencia para las materias primas, ya ha lanzado una alerta por la subida de los cereales destinados a piensos. El aviso no es menor: Galicia concentra una parte relevante de la producción láctea española y trabaja con márgenes ajustados desde hace años.

Al mismo tiempo, la sequía reduce la disponibilidad de pasto y eleva la dependencia del pienso comprado. Cuanto más se prolongue, más difícil será absorber el alza sin tocar el precio de venta al público. La ecuación es sencilla: costes al alza y una cadena de distribución que no acepta con facilidad las revisiones al alza.

La sequía no solo encarece el pienso; estrecha el margen de una cadena láctea que ya opera con poco colchón.

Del coste de producción al lineal del súper

El encarecimiento del litro en origen no siempre se traslada de inmediato al etiquetado final. La distribución presiona a la baja y los contratos lácteos entre industria y ganaderos suelen recoger revisiones trimestrales o semestrales. Sin embargo, cuando la subida de costes se mantiene, el margen de la industria se estrecha y la subida termina por asomarse al consumidor.

La pregunta es si la gran distribución asumirá el sobrecoste o lo convertirá en un argumento comercial. En categorías básicas como la leche, el precio es un vector de tráfico: cualquier movimiento de céntimos cambia la percepción del ticket y la competencia entre cadenas. Por eso el sector prefiere hablar de ‘tensión de costes’ antes que de subida confirmada.

Aun así, una subida de cinco céntimos no es irrelevante. En un producto de rotación diaria, la diferencia se nota en la cesta mensual, especialmente en los hogares con niños. La leche no es un capricho de la compra, sino un básico que fija la imagen de precios de cada cadena.

El riesgo de contagio al precio final existe, pero no es automático. La industria láctea gallega y la distribución nacional mantienen contratos con cláusulas de indexación que no siempre recogen un repunte coyuntural de los cereales. Esa rigidez puede retrasar la subida, aunque también puede provocar un ajuste más brusco cuando venzan los compromisos.

Un sector acostumbrado a mirar los costes estructurales

La leche gallega ha vivido varias crisis de precios en la última década. La dependencia de insumos importados y de la climatología convierte cada repunte del cereal en un aviso estructural. El encarecimiento actual, si se consolida, devuelve al debate la sostenibilidad de las pequeñas explotaciones.

Hay un matiz relevante. La subida del 15% en materias primas no afecta a todas las granjas por igual: las que disponen de base territorial y producen parte de su forraje resisten mejor. Las explotaciones intensivas, en cambio, acusan antes el alza. Esa diferencia marca la negociación con la industria y explica por qué algunas voces reclaman un contrato lácteo que cubra costes reales, no solo cotizaciones de referencia.

Habrá que observar los datos de la Lonja de Barcelona y las revisiones de contratos de la industria en el último trimestre del año. Si la sequía no remite, la presión sobre el litro no se quedará en cinco céntimos. Yo no descartaría una subida discreta en el lineal a partir del otoño, sobre todo si la leche se convierte en un termómetro de la inflación de los alimentos.

Dejémoslo en un ‘ya veremos’.


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