El proyecto Lisk, que en 2016 llegó a ser la segunda mayor recaudación comunitaria de la historia cripto, apagará su blockchain el 31 de octubre. La DAO propone quemar 100 millones de tokens LSK y disolverse, un giro que confirma el final de una altcoin que en su pico llegó a capitalizar 4.000 millones de dólares. Para entender qué ha pasado, basta con mirar el gráfico: desde su máximo de 34,92 dólares en enero de 2018 hasta los 0,09 actuales, LSK ha perdido más del 99% de su valor. Una caída que es también una lección sobre los ciclos cripto.
El anuncio: cierre y quema de 100 millones de LSK
La propuesta de cierre, publicada en el foro de gobernanza de Lisk, plantea quemar 100 millones de LSK del tesoro de la DAO. El suministro total bajaría de 400 millones a 300 millones de tokens, una reducción del 25%. El staking (el mecanismo por el que se bloquean monedas a cambio de recompensas) también se volvería flexible: tras la aprobación, los holders podrían retirar sus tokens en cualquier momento tras un periodo de espera de tres días.
El gráfico del token explica la urgencia. LSK alcanzó un máximo de 34,92 dólares en enero de 2018 y ahora cotiza cerca de 0,09 dólares, más de un 99% por debajo de su máximo histórico. El 3 de agosto marcó un mínimo histórico de 0,07 dólares, apenas tres semanas antes de este anuncio. Binance, por su parte, ya había incluido a LSK en su Monitoring Tag el 24 de julio, una etiqueta que advierte del riesgo de deslistado.
Qué significa para holders, desarrolladores y empresas
Los holders que tienen LSK en Ethereum o en exchanges no necesitan hacer nada. El contrato y el ticker se mantienen igual. Sin embargo, quienes tengan o tengan tokens bloqueados en la cadena de Lisk deben migrarlos a Ethereum antes del 31 de octubre. El proceso de puente (bridging) toma al menos siete días, y el desbloqueo añade una espera de tres días una vez que se apruebe la votación.
Base, la red Capa 2 de Ethereum de Coinbase, se convertirá en el principal hogar de LSK junto con Ethereum. El token pasará a ser un activo de fidelidad: las empresas que usen la plataforma ganarán recompensas, que podrán recibir eventualmente en LSK y utilizar para pagar comisiones. Los desarrolladores tendrán una ruta de salida, ya que Lisk organizará un proceso de migración a Celo junto al equipo de Celo Core Co.
La cita del anuncio es clara: ‘Las dapps, desarrolladores y equipos que construyeron sobre la cadena de Lisk entregaron productos reales a usuarios reales. Nada de eso se pierde en esta transición’. Celo conoce bien ese proceso: completó su migración de una L1 independiente a una Capa 2 de Ethereum en marzo de 2025. Esa migración sirvió de plantilla para lo que ahora plantea Lisk, aunque en este caso el salto no es técnico sino corporativo.
El proyecto que rivalizó con Ethereum en 2016 acaba pidiendo a sus holders que crucen un puente y confíen en una empresa de software.
De ICO estrella a stablecoins empresariales: qué enseña el caso Lisk
Para poner en contexto: el crowdfunding de Lisk en 2016 recaudó más de 14.000 BTC, que en aquel momento valían alrededor de 5,7 millones de dólares. Solo la venta de Ethereum en 2014 había recaudado más. En diciembre de 2023, el equipo abandonó su Capa 1 original y reconstruyó Lisk como una Capa 2 de Ethereum. La blockchain que cerrará en octubre es ese reinicio, con apenas dos años de existencia.
La caída del 99% desde máximos no es solo un dato de mercado: es el reflejo de una generación de altcoins de la era ICO que no lograron sostener su valor a largo plazo. La propuesta de quema y disolución es, sin embargo, una salida ordenada. Reduce la oferta en circulación, elimina la presión del tesoro y libera a los desarrolladores hacia ecosistemas con más liquidez. El riesgo, claro, es que LSK pase de ser una blockchain a ser un simple token de fidelidad sin una demanda clara. La adopción empresarial de las stablecoins que promete el proyecto aún está por demostrarse. Si las empresas no adoptan la plataforma, LSK podría quedarse como un token sin caso de uso, un riesgo que los inversores deben tener presente.
La votación de la DAO es el próximo paso clave. Si se aprueba, LSK dejará de ser una blockchain y pasará a depender de una empresa de software. Los holders antiguos que apostaron por una red propia tendrán que decidir si aceptan ese giro o venden. El caso de Lisk es un recordatorio de que, en cripto, la narrativa tecnológica no pesa tanto como la utilidad real. Al menos, esta vez, nadie se queda sin salida.




