Las emisiones de dos datacentres de IA en el Reino Unido alcanzarán las 4,5 Mt de CO2 al año y superarán a ExxonMobil

El análisis de Foxglove calcula 4,577 millones de toneladas anuales si ambos centros operan a plena capacidad. El Gobierno británico cuestiona la cifra por asumir una utilización del 100%, pero los defensores ambientales la consideran una práctica sectorial válida.

Las emisiones de dos datacentres de IA en Reino Unido alcanzarán 4,5 millones de toneladas de CO2 al año y superarán a ExxonMobil en suelo británico, según el análisis de Foxglove recogido por The Guardian.

Los centros Wapseys Wood, en Buckinghamshire, y Quest Park, en Bedfordshire, suman 1,3 GW de potencia y, si operan al cien por cien, generarán 4,577 millones de toneladas de CO2 anuales. Esa cifra supera los 3,9 millones que ExxonMobil emitió en Reino Unido en 2023, según datos del think tank energético Ember.

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El sector de la inteligencia artificial protagoniza hoy la mayor demanda incremental de electricidad en las economías avanzadas. No es un fenómeno aislado: los mismos cuellos de botella aparecen en Irlanda, Virginia o Países Bajos, donde la expansión de datos choca con redes saturadas y presupuestos de carbono cada vez más ajustados.

Dos centros de datos con más huella que una petrolera

Hay 315 datacentres en cola para conectarse a la red eléctrica británica, con una demanda agregada de 73 GW. Eso equivale casi al doble del pico de demanda eléctrica invernal de todo el Reino Unido.

Ante la larga espera de conexión a la red, los promotores de Wapseys Wood y Quest Park buscan construir sus propias centrales de gas in situ. El Gobierno británico ha incluido ambos proyectos en el régimen de proyectos de infraestructura de importancia nacional (NSIP, por sus siglas en inglés), que permite saltarse la planificación local.

El régimen NSIP se diseñó para aeropuertos, autopistas y grandes plantas energéticas. Aplicarlo a dos centros de datos con autoconsumo de gas fósil amplía el perímetro de lo que se considera infraestructura crítica sin pasar por el escrutinio local ni el filtro de sostenibilidad. La letra pequeña manda.

La transición no puede convertirse en una coartada para replicar dependencia fósil dentro de la propia infraestructura digital.

Un portavoz del Gobierno británico tacha las cifras de ‘engañosas’ porque asumen que ambos proyectos operarán al 100% desde el primer día. Foxglove responde que asumir plena utilización es una práctica estándar del sector. Y es el dato sobre el que se toman las decisiones de inversión.

El propio Ejecutivo admite un alto nivel de incertidumbre sobre cómo encajará el rápido despliegue de datacentres en el séptimo presupuesto de carbono. Oliver Hayes recuerda que la única vía compatible pasa por imponer presupuestos mucho más estrictos al resto de la economía.

La letra pequeña: gas in situ, NSIP y la duda del 100% de utilización

Friends of the Earth considera válido mirar esas proyecciones de plena carga porque el objetivo de un datacentre es, precisamente, aumentar la carga y operar al máximo. La mayoría de los críticos consultados coincide en que la incertidumbre no puede servir de coartada.

Caroline Lucas, exdirigente de los Verdes británicos, calificó las proyecciones de absolutamente horripilantes y criticó que el régimen NSIP aísle a estos proyectos del escrutinio local. Pidió más información pública antes de decidir qué proyectos avanzan.

Toby Perkins, presidente del comité de auditoría ambiental del Parlamento británico, advierte de que sin las medidas adecuadas los centros de datos suponen una amenaza seria para el medio ambiente y para los objetivos climáticos legalmente vinculantes.

Oliver Hayes, de Global Action Plan, tacha los proyectos de catastróficos para los presupuestos de carbono. Sam Hunter-Jones, abogado de ClientEarth, lo resume con claridad: cada megavatio que alimenta un datacentre conectado a la red es un megavatio que no sustituye combustibles fósiles en otra parte.

Un portavoz del Departamento de Seguridad Energética y Cero Neto defiende que los datacentres son vitales para la economía y asegura que el Ejecutivo construirá cantidades sin precedentes de energía limpia para alimentarlos.

La alternativa de construir centrales de gas dentro de los propios centros evita la espera de conexión, pero convierte la congestión de la red en una ventaja competitiva para el gas. En lugar de acelerar la conexión a fuentes renovables, se premia la autogeneración fósil.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Emisiones proyectadas: 4,577 millones de toneladas de CO2 al año si ambos centros operan al 100%.
  • Potencia conjunta: 1,3 GW, con planes de autoconsumo mediante centrales de gas ante la saturación de la red.
  • Demanda en cola: 315 datacentres que suman 73 GW, casi el doble del pico de demanda eléctrica invernal del Reino Unido.
  • Comparativa fósil: supera los 3,9 millones de toneladas que emitió ExxonMobil en Reino Unido en 2023.

Por qué el auge de la IA no puede desmarcarse del Net Zero

El choque va más allá de Reino Unido. En la lógica de la Taxonomía Verde europea, un proyecto que depende de autoconsumo de gas fósil para esquivar la congestión de la red difícilmente superaría el filtro de no causar daño significativo al clima. La Comisión Europea exige a las inversiones verdes demostrar que no comprometen los objetivos medioambientales.

La pregunta de fondo es quién paga la factura de la expansión digital. Si el rápido despliegue de datacentres encaja en los presupuestos de carbono, será a costa de recortes más estrictos en otros sectores de la economía, como advierte Hayes. La transición no es solo renovar la generación: es decidir qué demanda puede crecer sin reventar el sistema.

Los grandes operadores de la nube se enfrentan a una presión creciente de inversores institucionales que exigen transparencia en las emisiones de Alcance 3 y objetivos verificados de descarbonización. La IA no escapa a esa lógica por mucho que su demanda crezca.

El auge de la IA no está sujeto a la misma disciplina de descarbonización que la industria, el transporte o la generación eléctrica. Y sin esa disciplina, la digitalización deja de ser aliada del Net Zero para convertirse en su principal contradicción. La infraestructura digital imita hoy al modelo fósil en lugar de superarlo.

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La transición energética no consiste solo en instalar más renovables, sino en impedir que nuevas infraestructuras digitales se conecten al sistema mediante combustibles fósiles. Cada megavatio de gas nuevo compromete la senda de descarbonización.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: 4,5 millones de toneladas de CO2 proyectadas que deberían incorporarse de inmediato a los presupuestos de carbono y no quedar fuera del perímetro climático.
  • Modelo que cambia: El régimen NSIP y las centrales de gas in situ demuestran que la infraestructura digital aún imita al modelo fósil en lugar de superarlo con energía limpia.
  • Para las próximas generaciones: Si la IA no se conecta a fuentes renovables adicionales, la factura en emisiones recaerá sobre los mismos presupuestos que deben garantizar un futuro habitable.

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