1Mirador de los Batanes (La Palma)
En un eclipse lunar, la mitad del espectáculo depende del lugar desde el que se mira, y La Palma guarda aquí una de sus mejores cartas. La isla es Reserva Starlight desde 2012 y cuenta con una red de 16 miradores astronómicos; el de Los Batanes se asoma en el norte, la zona más agreste y despoblada, donde la tierra se corta en acantilados sobre el Atlántico. Lejos de cualquier núcleo urbano, la contaminación lumínica es casi inexistente y el horizonte marino queda despejado, algo decisivo para seguir a la Luna durante la totalidad, cuando se tiñe de un rojo cobrizo. Esa atmósfera estable y seca es la misma que ha convertido al Roque de los Muchachos en uno de los observatorios más relevantes del hemisferio norte: quien se asome aquí lo hará bajo uno de los cielos mejor protegidos del planeta.
Lo que convierte a este mirador en un escenario de cuento es lo que lo rodea. El norte de La Palma es la comarca más remota de la isla: caseríos diseminados, barrancos profundos y acantilados que caen verticales sobre un océano poderoso. El acceso, por carreteras estrechas que serpentean entre montañas, ya forma parte del ritual: cada curva aleja un poco más del ruido y acerca a un silencio casi absoluto. Durante la noche del eclipse, el resplandor rojizo de la Luna envolverá el paisaje y teñirá de cobre el mar y la roca volcánica, un espectáculo que apenas se comparte y que convierte la espera en algo íntimo. Sin carteles luminosos, sin tráfico y sin prisa, solo el viento alisio y el sonido lejano de las olas acompañan al observador en una estampa que bien podría haber salido de un libro de aventuras.


