Dcoop planta cara a Coricelli y defiende su puja por Deoleo: es ‘más que razonable’

La cooperativa andaluza considera que su oferta garantiza la españolidad del mayor grupo aceitero del mundo. La posible venta al grupo italiano aflora dudas sobre el escudo antiopas y el papel del Ministerio de Agricultura.

Dcoop defiende su puja por Deoleo frente a Coricelli y avisa de que su oferta es ‘más que razonable’.

Antonio Luque, presidente de la cooperativa andaluza, ha salido al paso de los movimientos del grupo italiano Coricelli y ha defendido que la propuesta de Dcoop para tomar el control de la mayor aceitera del mundo es ‘más que razonable para la empresa’.

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La puja por Deoleo entra en la recta final

En juego está el control de Deoleo, propietaria de marcas como Carbonell, Hojiblanca o Koipe. La compañía española, con sede en Córdoba, no ha confirmado oficialmente los contactos, pero las informaciones publicadas este agosto apuntan a una puja con ramificaciones industriales y políticas.

La incertidumbre ya ha pasado factura en el parqué: Deoleo, llegó a desplomarse más de un 7% en bolsa en plena negociación de la venta, según recogen medios financieros nacionales. No es un detalle menor para una empresa cuya capitalización ha sufrido una erosión considerable durante la última década.

El llamado escudo antiopas aflora en segundo plano. Cinco Días recuerda que una potencial venta a un grupo italiano deja poco margen a la aplicación de ese mecanismo, diseñado para proteger empresas estratégicas españolas. Fuentes financieras lo resumen con claridad: la operación se mueve en terreno pantanoso.

El silencio del ministro de Agricultura, Luis Planas, tampoco pasa desapercibido. En plena batalla por una de las joyas del sector agroalimentario, su ausencia de mensajes públicos añade un punto de tensión al desenlace. España no puede regalar el negocio del aceite a su principal competidor comunitario.

El control de Deoleo no es una cuestión de banderas, sino de quién decide qué aceite se envasa y dónde se queda el margen.

El escudo antiopas y la batalla política

El mecanismo de blindaje para sectores estratégicos ha vuelto al debate. Un accionariado italiano no es, por sí mismo, un problema de seguridad nacional, pero la dependencia agroalimentaria española introduce matices que conviene no despachar. Las declaraciones de Coricelli, que se reivindica como ‘más española que italiana’, no disuelven la duda de fondo.

El Economista recoge la posición del grupo transalpino: ‘Somos más españoles que italianos y sería una pena que la empresa se troceara’. La afirmación busca calmar a los operadores y al Gobierno, aunque deja abierta la pregunta de qué arquitectura societaria y qué centro de decisión quedaría tras la operación.

El peligro no es el comprador, es perder el centro de decisión

La cuestión de fondo no es si el capital lleva bandera italiana o española. Es si Deoleo conserva en Córdoba la capacidad de fijar precios, de negociar con la distribución y de invertir en innovación. Los precedentes de concentraciones en el sector agroalimentario europeo muestran que, cuando la matriz se aleja, los centros de producción se vuelven subsidiarios y la marca pierde peso relativo.

La paradoja es que España es primer productor mundial de aceite de oliva y, al mismo tiempo, ha dejado escapar parte del valor añadido hacia distribuidores y marcas blancas. Deoleo es el buque insignia de lo poco que queda de una industria con marca consolidada fuera del país. Por eso cada movimiento en su capital genera tanta fricción.

Dcoop no es un actor financiero. Es una cooperativa que agrupa a decenas de miles de agricultores y que ya ha integrado verticalmente parte de la cadena del aceite. Su oferta sobre Deoleo, por tanto, responde a una lógica industrial: asegurar el destino de sus cosechas y recuperar el control de marcas con décadas de historia. Eso no la convierte automáticamente en la mejor opción, pero explica por qué Luque habla de precio ‘más que razonable’.

La alternativa de Coricelli no es descartable. El grupo italiano conoce el mercado español, tiene capacidad financiera y su apuesta por no trocear la empresa es realista en lo industrial. El matiz está en la soberanía del margen. Si la decisión de envasar, promocionar o exportar se traslada a Milán, el tejido cooperativo andaluz perderá músculo con los años. No se notará de inmediato. Se notará cuando ya sea tarde.

Sigo con la tesis: la operación no se decidirá solo por precio. Se decidirá por la credibilidad del comprador para mantener actividad industrial y por el posicionamiento del Gobierno ante un sector que toca fibra electoral en Andalucía. Eso obliga a mirar más allá de la oferta y a preguntar qué pasará con las plantas, con los contratos con cooperativas y con la marca Carbonell dentro de diez años. De momento, la pelota sigue en el aire.


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