La NASA fracasa en el rescate del telescopio Swift, su cazador de explosiones cósmicas con 20 años en órbita

La nave de salvamento de la start-up Katalyst Space no logró controlar sus maniobras de aproximación. El observatorio, operativo desde 2004, reingresará en la atmósfera previsiblemente este año.

La NASA declara fracasado el rescate del telescopio Swift. El cazador de estallidos de rayos gamma, lanzado en 2004, se acerca a su fin orbital tras más de 20 años de servicio. La operación de salvamento, encargada a una start-up por 30 millones de euros, se ha torcido por problemas de control de la nave robótica.

Según el comunicado de la agencia estadounidense, difundido el 22 de agosto, la nave no tripulada de la start-up Katalyst Space no pudo ejecutar las maniobras de aproximación previstas. Aun así, los controladores mantienen el plan de acercar el vehículo al satélite con fines de investigación antes de que la misión concluya.

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El intento de rescate que se torció en órbita

La idea original brillaba por su ambición y por su bajo coste. La NASA adjudicó el salvamento del telescopio a Katalyst Space por 30 millones de euros, una cifra sorprendentemente modesta para una operación orbital de este tipo. El vehículo rescatador, de unos 400 kilogramos de masa, debía acercarse al Swift, capturarlo con sus tres brazos robóticos y, durante varios meses, elevarlo de nuevo a su órbita original.

La nave despegó en julio desde un atolón de las islas Marshall, en el Pacífico Sur, equipada con tres propulsores principales y numerosos instrumentos adicionales. Sin embargo, los problemas de control mencionados por la NASA hicieron inviable la fase de captura. En lugar de un remolcador espacial, la misión se convierte ahora en una aproximación técnica, un ensayo para futuras operaciones de servicio en órbita.

Una nave barata, tres brazos robóticos y un satélite en apuros

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Swift fue lanzado en 2004 desde Cabo Cañaveral con un objetivo único: detectar y localizar los estallidos de rayos gamma, los eventos más violentos que conocemos en el cosmos. Se trata de fogonazos de radiación de altísima energía que se producen cuando una estrella masiva colapsa o cuando chocan objetos compactos, como estrellas de neutrones. Swift podía girar y apuntar sus instrumentos en cuestión de minutos, una rapidez que marcó una época.

Pese a su edad, el satélite sigue en buen estado. El problema no es el instrumento, sino la mecánica orbital. Las fuertes tormentas geomagnéticas provocadas por erupciones solares han acelerado el deterioro de su órbita, según la NASA. Una órbita baja no perdona : la resistencia atmosférica residual y la actividad solar empujan al ingenio hacia una reentrada inevitable. El sol, con sus ciclos de actividad, ha sido un actor inesperado en este desenlace.

El satélite sigue funcional, pero la mecánica orbital dicta la última palabra: toda órbita baja termina cayendo.

La pérdida no es solo simbólica. Desde su órbita, el observatorio ha ayudado a trazar el mapa de las explosiones de rayos gamma y ha servido de faro para otros telescopios terrestres y espaciales. Cada alerta de Swift ha permitido apuntar a tiempo otros instrumentos para estudiar las contrapartidas de esos estallidos.

La pérdida de Swift no se limita a las explosiones de rayos gamma. Sus observaciones multibanda también han permitido estudiar supernovas y otros transitorios en el cielo profundo. Cada alerta era una semilla para que otros observatorios, en tierra y en el espacio, siguieran el evento en longitudes de onda diferentes.

Qué pierde la astronomía si Swift se quema en la atmósfera

Honestamente, el fracaso de la misión Katalyst duele menos por Swift que por lo que este tipo de operaciones representan. La NASA apostó por una start-up con un presupuesto de apenas 30 millones de euros; un experimento de servicio orbital de bajo coste que, de haber funcionado, habría abierto la puerta a reparaciones y salvamentos más baratos para satélites envejecidos. La apuesta ha fallado, pero la lógica no desaparece: si queremos mantener una flota espacial sostenible, hay que aprender a tocar, elevar y reparar satélites en órbita.

Por otro lado, el registro científico de Swift es sólido. Su longevidad, superando los veinte años, permite ahora una lectura más serena: los instrumentos envejecen, las órbitas se degradan, pero los archivos de datos permanecen. Gran parte de los hallazgos sobre estallidos de rayos gamma seguirán analizándose durante años con los datos ya archivados. La comunidad astronómica no parte de cero; pierde un vigía, no su memoria. Ese archivo permanecerá accesible para la comunidad y permitirá comparar eventos futuros con décadas de observaciones.

La NASA ha confirmado que, en los próximos días, la nave de Katalyst se aproximará lo más posible al telescopio para recoger información sobre su estado. La reentrada de Swift en la atmósfera está prevista para este año, sin ventana exacta. Quienes quieran seguir la última órbita de este cazador de explosiones cósmicas no tendrán un lanzamiento que esperar, sino un final que observar.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: El fracaso de la misión de rescate del telescopio Swift y su próxima reentrada atmosférica.
  • Dónde: Órbita terrestre baja; el telescopio se aproxima a la atmósfera después de 22 años de operación.
  • Institución responsable: NASA, en colaboración con la start-up Katalyst Space.
  • Cuándo: Anuncio emitido el 22 de agosto de 2026; la reentrada se espera para finales de 2026.
  • Impacto a futuro: El programa de salvamento orbital de bajo coste pierde su primer gran ensayo, aunque los datos de Swift siguen siendo útiles para la astronomía de estallidos de rayos gamma.

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