Satélites de Starlink ocultan asteroides peligrosos al telescopio ATLAS de Tenerife

El equipo del Instituto de Astrofísica de Canarias alerta de que cada satélite deja una traza capaz de arruinar un cálculo de alerta. Un estudio aceptado en Astronomy & Astrophysics fija en 100.000 el tope de satélites con brillo débil para no cegar los observatorios.

Los satélites Starlink ya interfieren en la detección de asteroides peligrosos desde el telescopio ATLAS de Tenerife. La advertencia llega de la astrónoma Olga Zamora, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), y conecta dos carreras que hasta ahora discurrían por separado: la defensa planetaria y la ocupación comercial de la órbita baja terrestre.

El problema no existía hace una década. Hoy, cada traza luminosa que un satélite deja en una imagen puede cruzarse con la línea que identifica a un asteroide. ‘Atlas ve los asteroides como líneas, y los satélites también. Si una línea se cruza con otra, ya te ha fastidiado el cálculo que podría dar lugar a una alerta’, explica Zamora. En Canarias, algunos experimentos registran un Starlink cada cinco minutos.

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Una traza cada cinco minutos: el problema que ya sufren los telescopios canarios

El despliegue de la constelación de SpaceX ha cambiado la aritmética del cielo. Desde 2019, cuando comenzaron los lanzamientos masivos, el número de satélites en órbita se ha disparado. Los Starlink representan en la actualidad alrededor del 60% del total, con unos 14.000 dispositivos operativos. No es una cifra abstracta: para un telescopio que vigila el cielo en busca de rocas capaces de impactar contra la Tierra, cada satélite es una posible interferencia.

La astrónoma del IAC detalla el mecanismo con precisión. Un asteroide aparece como una línea en las imágenes de exploración; un satélite también. Si ambas líneas se cruzan, el cálculo que podría generar una alerta queda comprometido. Lo inquietante es que el fallo puede estar en el dato, no en la fotografía.

El problema se concentra sobre todo al atardecer y al amanecer, cuando los satélites en órbitas bajas se vuelven más brillantes. Los telescopios con un campo de observación acotado pueden mitigar el daño recortando el tiempo de exposición. Para Zamora, la situación es comparable a sufrir un fallo técnico cada noche. No un evento extraordinario: una avería ordinaria convertida en rutina.

Cada satélite que cruza el encuadre deja una traza capaz de arruinar en un segundo una observación que llevaba horas prepararse.

Un estudio fija el tope: 100.000 satélites si el cielo quiere seguir siendo oscuro

La preocupación no es una exageración local. Un estudio aceptado para su publicación en la revista Astronomy & Astrophysics y firmado por el astrónomo Olivier Hainaut, del Observatorio Europeo Austral (ESO), dibuja un escenario mucho más amplio. Si se lanzaran los cerca de 1,7 millones de satélites que empresas y estados tienen planificados, los efectos para la observación astronómica serían, en palabras del trabajo, devastadores.

El estudio propone un límite operativo: no más de 100.000 satélites, siempre que su brillo sea tan débil que resulten invisibles a simple vista desde un lugar oscuro. Superar esa frontera no solo degradaría la fotografía del cosmos. Cambiaría la experiencia misma del cielo nocturno, transformado durante buena parte de la noche en una capa grisácea donde las constelaciones quedarían ocultas.

El caso de Reflect Orbital agrava las previsiones. La empresa estadounidense recibió permiso para ensayar un prototipo de satélite espejo capaz de generar luz de día bajo demanda. Si prosperara, se uniría a una flota prevista de 50.000 unidades. Cada uno de estos espejos produciría un haz unas cuatro veces más luminoso que la Luna llena. El mismo estudio calcula que la luz difundida por una constelación así aumentaría el brillo del fondo del cielo en un 300 %.

Para quien observe fuera del haz directo, el satélite seguiría brillando con intensidad. ‘Tendríamos centenares de puntos más brillantes que Venus en un cielo con luz difusa’, explica Hainaut. ‘Sería desastroso.’ La frase no es hipérbole. Es el cálculo de un astrónomo que gestiona telescopios en el desierto de Atacama.

Starlink telescopios

Los telescopios espaciales ya no son la escapatoria

La solución no consiste en enviar todos los observatorios al espacio. Esa idea, que durante años funcionó como argumento tranquilizador, empieza a desmontarse con datos. El investigador de la NASA Alejandro Borlaff ha demostrado que el 73 % de las imágenes del telescopio espacial SPHEREx están contaminadas por trazas de satélites artificiales. ‘Sus trazas cancelan toda la información sobre las galaxias situadas en su camino’, concluye.

El matiz es relevante. Un telescopio en órbita sigue teniendo satélites alrededor, y un campo de visión amplio multiplica la probabilidad de que alguno cruce por delante. El resultado es una paradoja: la era de la exploración espacial comercial está iluminando justo aquello que sus cohetes prometieron despejar.

En el caso de los centros de datos orbitales propuestos por Elon Musk, las dudas ni siquiera son astronómicas. Un millón de satélites dedicados a la inteligencia artificial tendrían que disipar calor sin atmósfera, necesitarían enormes placas solares y probablemente se situarían en órbitas altas para no caer. Cuanto más alta la órbita, más visible el satélite. La contaminación no sería un accidente: sería el diseño.

Los astrónomos no piden detener la industria espacial. Piden un estándar de brillo, un límite de ocupación y una conversación que no llegue tarde. Marcel Agüeros, presidente de la Sociedad Astronómica de Estados Unidos, lo resume con una crudeza inusual: ‘Tirar de esta forma todo el dinero que se ha invertido en observatorios sería una vergüenza’.

La defensa planetaria depende de telescopios como ATLAS, diseñados para encontrar asteroides con margen suficiente para reaccionar. Si cada satélite que se suma al cielo reduce ese margen, el coste no se mide solo en datos perdidos. Se mide en tiempo de alerta.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Las megaconstelaciones de satélites, con Starlink como principal actor, están degradando la detección de asteroides peligrosos al cruzar sus trazas con las líneas de los objetos buscados.
  • Dónde: Telescopio ATLAS del Observatorio del Teide, en Tenerife, y cielos oscuros de Canarias.
  • Institución responsable: Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Estudio aceptado en Astronomy & Astrophysics, liderado por Olivier Hainaut (ESO).
  • Cuándo: Fenómeno documentado durante 2026, con estudio aceptado para publicación en agosto de 2026.
  • Impacto a futuro: Obliga a fijar un límite de satélites y de brillo para preservar la búsqueda de asteroides y la visibilidad del cielo nocturno.

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