Los bonos del Tesoro de EEUU han borrado las ganancias posteriores a la recompra anunciada por Scott Bessent.
El mercado de deuda soberana de 32 billones de dólares sigue sin fiarse del movimiento del Tesoro estadounidense. Según recoge El Economista, la intervención de Bessent no logró calmar a los inversores y el bono a largo plazo devolvió todo lo que había subido tras el anuncio oficial.
La recompra estaba diseñada como un gesto de estabilidad. En la práctica, el mercado la ha leído como una confirmación de que los tipos largos están descontrolados. La curva de rendimientos no solo no se ha normalizado, sino que ha entrado en una dinámica circular que muchos analistas ya llaman ‘bucle maldito’.
Tressis, firma de referencia en el asesoramiento de deuda español, analiza la situación con cautela. Su lectura apunta a un problema de credibilidad: el Tesoro puede recomprar papel, pero no puede recomprar la confianza de un mercado que exige prima por el riesgo fiscal creciente.
Lo que está en juego no es menor. La deuda estadounidense es el activo libre de riesgo global por excelencia. Si el bono a 30 años no es capaz de sostener una recompra sin devolver las ganancias en la misma sesión, el fallo es de fondo, no de forma.
El detalle técnico no se ha traducido en sentimiento alcista. Más bien lo contrario: los operadores han utilizado el rebote inicial para vender con mayor comodidad.
El Tesoro puede comprar bonos, pero no puede comprar la credibilidad que el mercado le está retirando.
La recompra del Tesoro y la reacción del bono a largo plazo
La operación se presentó con la intención de aliviar la presión sobre los vencimientos más largos. Desde Tressis, la firma de análisis de deuda, lo resumen sin adornos: el mercado no reacciona a la oferta, reacciona a la trayectoria fiscal. Mientras la deuda siga creciendo sin un techo creíble, cada compra del Tesoro es una tirita sobre una avería estructural.
El bono a 10 años y el bono a 30 años han vuelto a los niveles previos al anuncio. El rebote duró horas, no días. Ese es el principal dato: la intervención no ha tenido recorrido.
El Economista describe el escenario con una expresión que ya circula en las mesas de renta fija: ‘bucle maldito’. La recompra sube los precios, los precios bajan al día siguiente, el Tesoro ve rendimientos incómodos y se ve tentado a anunciar otra intervención. Cada vuelta erosiona un poco más la confianza.
La reacción es una advertencia para cualquier inversor con cartera de bonos soberanos.
El ‘bucle maldito’ que preocupa a los analistas
El término no es retórico. Describe un fenómeno circular: las recompras reducen temporalmente la oferta en el tramo largo, el mercado celebra la medida, y al cabo de unas horas emergen las dudas sobre el coste fiscal de la operación.
En medio de ese ciclo, los rendimientos no encuentran suelo. Para el Tesoro y para Bessent, el riesgo es quedarse sin herramientas narrativas antes de que el mercado recupere la calma por sí solo.
La intervención ha tenido un efecto colateral incómodo: ha evidenciado que el problema no es de liquidez, sino de solvencia percibida. Y eso no se arregla con una recompra.
Lectura de fondo: por qué la intervención no basta
Desde mi punto de vista, la secuencia confirma un cambio de régimen en la deuda soberana. El Tesoro de EEUU ya no puede dar por hecho que su papel funciona como refugio. En episodios anteriores, una recompra anunciada era suficiente para estabilizar la curva. Ahora se ha convertido en un catalizador de ventas.
La contradicción es evidente: el emisor más poderoso del mundo interviene su propio mercado y los operadores utilizan la oportunidad para deshacer posiciones. La explicación hay que buscarla en la trayectoria fiscal y en la pérdida de anclaje de las expectativas de inflación.
Hay un riesgo adicional que conviene nombrar. Si el Tesoro se acostumbra a intervenir para contener los rendimientos, puede acabar monetizando deuda de forma encubierta. Ese es el camino corto hacia una pérdida de confianza más profunda.
Para el inversor español y europeo, el mensaje es claro: la correlación entre los bonos soberanos sigue siendo alta. Si el Tesoro de EEUU no estabiliza su curva, las carteras conservadoras sufrirán en ambos lados del Atlántico. La diversificación geográfica deja de ser un refugio automático cuando el activo libre de riesgo global tiembla.
La próxima cita relevante será la publicación de los datos de financiación trimestral del Tesoro. Si esa cifra sorprende al alza, el ‘bucle maldito’ dejará de ser una metáfora y se convertirá en una restricción operativa para toda la economía global. Habrá que estar atentos.




